¿CUÁNDO Y CÓMO ACABARÁ ESTA PANDEMIA? 1

Alfredo Rodríguez Tébar

Es la pregunta de los cinco euros; la respuesta es que nadie lo sabe. No obstante, si vais a Google y buscáis When will Covid-19 pandemic end, os saldrán muchas decenas, cientos de artículos, reportajes y crónicas que hablarán sobre el tema, pese que ninguno ofrecerá una respuesta clara que, por lo demás, es imposible dar. De hecho, en este escrito haré una particular (quizá sesgada) síntesis de mis lecturas y reflexiones sobre el tema. Debo antes advertir que no he sido virólogo ni epidemiólogo; tan solo he usado ocasionalmente algunos virus como instrumentos para introducir material genético en las células nerviosas. Me curo así en salud, admitiendo que puedo cometer algunos errores.

La actual pandemia es la primera causada por un coronavirus (otras epidemias debidas a otras especies de coronavirus como SARS-CoV-1de 2002-03 y MERS de 2012 no llegaron a los niveles de pandemia) y, por lo tanto, no tiene por qué ser un calco de otras pandemias causadas por micro-organismos patógenos diferentes. No obstante, si exceptuamos los casos de la viruela y del SIDA, los brotes más álgidos de otras pandemias a lo largo de la Historia no han durado más de dos o tres años en una determinada, aunque amplia, área geográfica, y para ninguna había vacunas que neutralizaran el mal. Quisiera pensar que, aún sin vacuna, la actual epidemia desaparecería en un año a partir de ahora sin prejuzgar que el virus, una forma distinta, pero derivada de él, pueda volver al cabo de unos años y causar otro desastre, mayor o menor.

Otras pandemias y su duración

Así, la peste bubónica tuvo brotes pandémicos en 541-543 (peste de Justiniano) y 1348-1350 (Muerte Negra). En siglos posteriores hubo brotes de corta duración (1-2 años) e intermitentes a lo largo y ancho de Europa Occidental, de localización geográfica más restringida, pero causando grandes mortandades.

Sevilla, 1649. Apestados en la explanada del Hospital de la Sangre (actual parlamento de Andalucía)

Por vivir aquí, cito solamente el caso de Sevilla en 1649, donde el bacilo de la peste mató a unas 60.000 personas, el 45% de la población, iniciando así un declive de la ciudad que ¡ay! dura hasta nuestros días (Figura 1 y ver https://www.abc.es/historia/abci-gran-peste-devasto-ciudad-sevilla-nueva-york-siglo-xvii-201801150135_noticia.html). Por su parte, las epidemias de cólera tuvieron brotes pandémicos de 1-2 años de duración en 1833-35, 1855, 1865 y 1885. Y ya, tratándose de virus como agentes causales, el de la gripe ha sido el más relevante que ha causado varias pandemias a lo largo del último siglo: 1918-19, 1957, 1968 y 2009. Como epidemias víricas que son, la de sarampión y polio también vinieron en serios brotes de características menos pandémicas, al menos en Europa.

La madre de todas las pandemias (gripe de 1918)

Conocer las causas por las que cesaron las pandemias ayuda a conjeturar cuándo y cómo va a marcharse la que nos aflige actualmente. Por esta razón, vamos a hablar de las características que tuvo la gran pandemia de gripe de 1918 porque el análisis molecular del virus causal nos puede decir dónde reside su letalidad y sirve para compararlo con nuevas cepas de virus gripales para prever su peligro potencial.

La pandemia de gripe “española” de 1918 ha sido la más devastadora de toda la Historia de la Humanidad; se presentó a principios del año en algunas granjas aviares y luego suinas de los EEUU; parece que el virus era de origen aviar, pero pasó por cerdos, donde se modificó para hacerse muy contagioso y letal en humanos. La gripe fue traída a Europa por los soldados norteamericanos que luchaban en los frentes de la primera Guerra Mundial. Esta fue la primera ola que vino desde Francia a España, donde se le conoció como gripe francesa [!].

[Hago un breve inciso para decir que la gente siempre le ha echado la culpa de sus males al vecino. Cuando eclosionó la sífilis en Europa, finales del s. XV‒principios del s. XVI, la enfermedad se nombró con distintas apelaciones a cual más xenófoba; en España se llamó mal francés (morbus gallicus); en Holanda, Marruecos y Portugal, mal español o castellano; en Francia, mal italiano, etc. (más apelativos ‘cariñosos’ se pueden ver en la Wikipedia; no tienen desperdicio: https://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%ADfilis]

En las celebraciones de San Isidro, mayo de 1918, la pandemia estalló en Madrid y desde allí se extendió a toda España. Remitió durante el verano, durante el cual el virus mutó a una forma muchísimo más letal que causó una segunda ola en otoño de 1918, durante la cual murieron el 75-80% de los fallecidos en toda la pandemia. Amainó al final de ese año, pero al acabar el invierno de 1919 apareció la tercera ola que se extendió por la primavera, tras la cual desapareció como pandemia (en algunas áreas del mundo hubo brotes más pequeños ya entrado 1920). En conjunto, en España la pandemia duró un año o poco más, pero fue espantosa; murieron unas 200.000 personas de una población total de 20 millones. Se dice que en el mundo fueron contagiados unos 500 millones de personas lo que supondría un 30% de la población mundial, de cualquier forma, muy lejos de ese 70% de la inmunidad de “rebaño” que nos cuentan como necesaria para la neutralización y el control de una pandemia. Aun así, su incidencia en algunas zonas fue superior; parece que afectó a dos tercios de los soldados franceses y a la mitad de los soldados ingleses que luchaban en la guerra de trincheras del Marne y aledaños.

La gripe de 1918 causó probablemente 50 millones de muertos en el mundo; la letalidad pudo ser de un 10%; un auténtico desastre. Como ya conté en Epidimia 1 y 2 (21 y 24 marzo, 2020), el virus se cebó especialmente en personas jóvenes y fuertes y di la explicación aceptada para ello: el virus inducía en los chicos más saludables la llamada tormenta de citoquinas, una hiperreacción del sistema inmunitario que produce un suicidio en las defensas e inflamación de diversos tejidos, incluyendo las mucosas pulmonares.

Aquella cepa de virus de 1918 producía grandes destrozos (inflamaciones y efracciones) en la mucosa bronquial y bronquiolar, lo que facilitaba las sobre-infecciones bacterianas (principalmente por diplococos), que fueron las principales artífices de la mortandad. Si hubiera habido antibióticos, la letalidad en la pandemia de 1918 habría sido muchísimo más baja, pero no los había; la penicilina, extraordinariamente eficaz contra los cocos y otras bacterias Gram‒positivas, podría haber salvado a muchas personas, pero no estuvo disponible hasta treinta años más tarde.

¿Por qué era tan agresivo el virus de la gripe de 1918 y cómo se desvaneció?

Hace 103 años nadie sabía que la gripe estaba causada por un virus; no se sabía lo que era un virus. El virus de la gripe (técnicamente virus de la influenza tipo A; IAV en sus siglas en inglés) no se identificó como el agente causante de la pandemia de 1918 hasta 15 años más tarde. Por el contrario, en la pandemia actual, conocimos desde el principio el coronavirus causante, su secuencia genómica (es un virus de ARN, ácido ribonucleico, como el de la gripe), su estructura y ahora se van conociendo sus variantes (inglesa, brasileña, sudafricana…).

En los años noventa pasados se elaboró un plan para “resucitar” el virus de la gripe de 1918 con el fin de conocer su estructura y las razones moleculares por las cuales fue tan patógeno y dejó de serlo a partir de 1920. Para ello, se extrajeron fragmentos degradados del ARN del virus en muestras preservadas de personas que habían muerto de gripe, que fueron amplificados por PCR (reacción en cadena de la polimerasa, disponible desde finales de los ochenta). Fragmentos menos degradados se extrajeron del cadáver de un inuit que llevaba setenta y tantos años enterrado, y congelado, en el permafrost del norte de Canadá. Gracias a la información obtenida, el virus se pudo reconstruir por síntesis en el laboratorio bajo estrictas medidas de seguridad y confinamiento, y examinar la secuencia genómica. Una vez reconstituido, se inyectó a ratones y resultó cien veces más letal que las formas de virus de la gripe estacional que nos visitan todos los otoños.

Conocer la secuencia genómica del virus de 1918 sirvió para clasificarlo y comprobar que nunca ha desaparecido del todo. Su genotipo H1N1 (una tipificación por expresar una par de proteínas de su cubierta, H por hemaglutinina y N por neuranimidasa) pervivió mutando y/o recombinándose y tomando material genético de otras formas de virus que le disminuyeron la letalidad. Avanzo que esta es la principal explicación de cómo puede acabar una pandemia. El virus, como digo, no desapareció; se convirtió en formas menos infectivas que estuvieron zascandileando por ahí y por allá entre las sociedades occidentales, produciendo episodios de gripe estacional, similares a los que padecemos ahora y por los que nos vacunamos los viejos cada otoño.

Este virus H1N1 se recombinó en ocasiones con otros virus animales reactivándose en formas más patógenas que la simple gripe estacional. La primera pandemia con virus derivados del 1918 fue la de 1957, cuya morbilidad fue muy alta, pero la letalidad, no, aunque mató a un millón de personas en el mundo. Atacó preferentemente a niños y embarazadas. Otra forma recombinante causó la gripe de Hong-Kong de 1968 (otro millón de muertos). En 2009 sonó la alarma; en una granja de cerdos, creo que mejicana, surgió un virus que se genotipó como H1N1, ¡parecido al de la gripe de 1918! Hubo una alarma general y se empezaron a producir vacunas. El gobierno del presidente Zapatero con su ministra Trinidad Jiménez adquirió gran cantidad de vacunas que, supongo, acabarían tirando a la basura porque la epidemia no fue demasiado peligrosa (aun así, hubo 300.000 muertos en el mundo).

Para concretar, un virus puede cambiar de dos modos generales: 1) sufrir mutaciones en su genoma que le hace más o menos infectivo; fue lo que pasó entre la primera y segunda ola de la gripe de 1918, que hizo esta última más letal; o 2) Un par de virus diferentes puede infectar a un mismo individuo; las dos formas pueden recombinarse y generar una tercera forma de virus que puede ser más infectiva o menos.

¿Qué se puede esperar del SARS-CoV-2?

Teniendo en cuenta los perfiles de infectados, hospitalizados y muertos esta pandemia, se observa cierto parecido con la de la gripe de 1918. La tercera ola de esta última fue al final del invierno de 1919, mientras que la actual empezó con el invierno. Quizá en 1918 la gente era menos “social” que ahora, no celebraban el puente de la Inmaculada ni la Navidad con tanto fervor ni había tantos bares y terrazas. Es posible que la actual pandemia desapareciera como tal (la pandemia, no el virus) aun sin vacunas.

Los medios informativos nos hablan constantemente de vacunas, tres de las cuales están ya en España disponibles para gente de prosapia: consejeros autonómicos, concejales, obispos y otros miembros de la clerecía. Hasta donde sé, estas y otras vacunas que nos puedan llegar usan todas como antígeno un fragmento de proteína S de la espícula del virus. La espícula es la parte del virus que se liga a un receptor de la membrana de nuestras células, abre un poro y por allí nos inyecta su material génico. Los inmunólogos saben bien qué partes de una proteína son más antigénicas (tienen más capacidad de inducir la formación de anticuerpos). Se usa un vector que exprese esa parte más antigénica de la proteína S y se inyecta para que nuestro organismo produzca ese antígeno y forme anticuerpos contra él (al reconocerlo como algo extraño) y subsecuentemente, contra el virus si llegara a infectarnos.

No sé hasta dónde está claro el párrafo anterior, pero lo que quiero transmitir es que la fabricación de una vacuna ha salido del campo de la ciencia para entrar en la tecnología y la logística. El reto ya no está en hacer una buena vacuna (eso está dominado), sino en fabricar millones de dosis y distribuirlas para que lleguen a todo el mundo. Tal y como van las cosas dudo que entremos en una “nueva” normalidad este año, aunque podría ocurrir que, aun sin vacuna, después de esta tercera ola, la pandemia se aplacara en verano y no volviera a aparecer en otoño.

La percepción de la gravedad del Covid-19

En la “temporada” 2017-2018 cerca de 800.000 personas padecieron la gripe estacional en España; de ellas, 52.000 tuvieron que ser hospitalizadas y cerca de 15.000 fallecieron (https://www.redaccionmedica.com/secciones/sanidad-hoy/gripe-en-espana-casi-800-000-casos-52-000-ingresados-y-15-000-muertos-5427). En un país como Alemania la gripe produce 35.000 muertes anuales, más de la mitad de los fallecidos por Covid 19 en esa nación. Las cifras han sido parecidas año tras año y parece que hemos asimilado este desastre y dado por descontado.

La actual pandemia ha ocasionado 60.000 muertos oficialmente en España u 80.000 si se considera el exceso estadístico en un año. Muchos más que una gripe, pero dentro de la misma magnitud. La diferencia está en que mientras que de una gripe te curas o te mueres en cuestión de días, el Covid-19 puede ser más largo y producir unas secuelas a veces duraderas y/o irreversibles.

No es por tanto para quitarle importancia, en modo alguno; pero sí parece que la pandemia vírica actual ha estado acompañada de una pandemia mediática. Los medios de comunicación tienden al sensacionalismo. La consecuencia mayor es que la gente está harta de la pandemia y, según muestra la Historia, hasta cierto punto ha sido su actitud la que ha acabado con las epidemias. Para mostrar mejor lo que digo, transcribo unas frases que encontré en un artículo de The New York Times, cuya lectura aconsejo: https://www.nytimes.com/es/2020/05/12/espanol/coronavirus-historia-pandemia.html].

«¿Cuándo y cómo terminará la pandemia de la COVID-19?

Según los historiadores, las pandemias tienen dos tipos de final: el médico, que ocurre cuando las tasas de incidencia y muerte caen en picada, y el social, cuando disminuye la epidemia de miedo a la enfermedad.

“Cuando las personas preguntan: ‘¿Cuándo se acabará esto?’, preguntan sobre el final social”, dice Jeremy Greene, historiador de medicina en Johns Hopkins.

En otras palabras, un final puede ocurrir no porque la enfermedad ha sido vencida sino porque las personas se cansan de estar en modo pánico y aprenden a vivir con ella. Allan Brandt, historiador de Harvard, dijo que algo similar está ocurriendo con la COVID-19: “Como hemos visto en el debate sobre la apertura de la economía, muchas preguntas sobre lo que se llama el final están determinadas no por los datos médicos y de salud pública, sino por procesos sociopolíticos”.»

(Continuará)

 

 

3 opiniones en “¿CUÁNDO Y CÓMO ACABARÁ ESTA PANDEMIA? 1”

  1. Muy, muy interesante artículo, Alfredo. Gracias por ilustrarnos en un tema tan en boga y tan susceptible de generar bulos y alarmas.

    1. Gracias Alfredo. Leyendo tu artículo y lo que observo del comportamiento, intuyo una mezcla de final médico y social. Con el avance de la vacunación en las poblaciones más vulnerables, me imagino que el resto de población menos suceptible de agravarse ya tomarán más riesgos.

  2. Gracias, José Luis. Realmente, todas las pandemias han tenido un componente psico-sociológico importante. Parece como si en ocasiones la gente ante una epidemia que se dilata dijera: «hasta aquí hemos llegado y esto tiene que acabar». Dentro de esa actitud están los bulos que, a su vez, son una continuación de la escatología milenarista que viene desde tiempos antiguos (desde la tradición judía y el apocalipsis de san Juan). A ver si me siento inspirado para escribir en unos días algo sobre los bulos sembrados por la hermandad del santo espíritu, el joaquinismo, los flagelantes, etc. ante las epidemias medievales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *