Anti-Progreso, 3 (Las Causas, 1)

Alfredo Rodríguez Tébar

En el escrito anterior de esta serie, iniciamos una revista a las causas del Anti-Progreso y expuse como la primera de ellas una significativa falta de comunicación entre pueblos y culturas. Continuando ahora, revisaré cuatro causas adicionales que considero importantes para el Anti-Progreso; las dos siguientes que expongo en este escrito son, primero, la inercia de las sociedades para aceptar cambios; y segundo, el peso excesivo de grandes genios que no admitían contestación. Las dos causas restantes las contaré en la siguiente y última entrega.

  1. Negativa a aceptar cambios y defender la pervivencia de patrones establecidos por parte de la sociedad.

No me refiero solamente a la relativa incapacidad del pueblo llano, en tiempos pasados, para aceptar y asimilar cambios, sino a la actitud de los santones de la ciencia para aceptar cualquier novedad que les rompiera sus escleróticos esquemas mentales. Aunque detesto elevar la anécdota a categoría, voy a contar las peripecias y el rechazo que sufrieron, después de reportar sus descubrimientos, dos personajes, verdaderos benefactores de la Humanidad, de los que hemos hablado en estos escritos: William Harvey y Edward Jenner. Creo que reflejarán las actitudes de la intelligentsia europea del momento, prisionera de un conservadurismo miope que no admitía la revisión y el cuestionamiento de conceptos y prácticas tradicionales generalmente aceptados.

Antes de la publicación en 1628 de su De Motu Cordis, Harvey temió el rechazo de la clase médica británica a su modelo sobre la circulación de la sangre (conocía bien cómo respiraban sus colegas; él mismo trabajaba como médico en el St. Bartholomew ­Hospital de Londres). Ese temor quizá le impulsó a imprimir su libro fuera de Inglaterra, en Francfort del Meno. Una vez publicado y conocido el libro, padeció los ataques que temía no solamente en su propia tierra, sino también en algunos estamentos científicos europeos, entre ellos el de la Universidad de París, cuyo rechazo se mantuvo durante cincuenta años.

En cualquier estamento la gente tiende a ser conservadora. A cierta edad es difícil admitir que convicciones que se habían tenido por ciertas toda la vida, y que quizá nos condicionaron o perfilaron la personalidad que tenemos, resultan ser falsas. Sin embargo, no todos los descubrimientos científicos rompedores han sido hechos por personas revolucionarias o de mentalidad progresista. Recuerdo el caso de Max Planck, un hombre muy conservador, quien tuvo que recurrir a soluciones fuera de la Mecánica clásica para explicar la radiación del cuerpo negro (así nació la Mecánica Cuántica; describí este hecho hará unos 10-11 años en esta web). Igualmente William Harvey, quien llegó a temer por su vida después de la publicación de De Motu Cordis, era un hombre muy conservador, pero también gran observador y experimentador que usó el método científico en su trabajo. Algunos historiadores afirman que el médico estaba imbuido en la tradición empírica filosófica británica, con su utilización de la experimentación y de métodos inductivos que venían desde Robert de Grosseteste, de Roger Bacon y, más cerca en el tiempo, de Francis Bacon (no era así el caso; me extiendo algo en este tema más adelante).

A sus dotes de observador y experimentador se unía una gran honestidad personal y una visión más global del progreso. Así, escribió Harvey en el prefacio de su De Motu Cordis:

“Los verdaderos científicos […] nunca creen saberlo todo; más bien son permeables a cualquier información nueva que les pueda llegar. No son tan cerrados como para aceptar que la ciencia transmitida por los antiguos está completa y no deja nada para la ingenuidad e industria de otros por venir. Por el contrario, muchos mantienen que todo lo que conocemos es infinitamente menor que lo que queda por conocer…”  (Traducido libremente de https://www.ahajournals.org/doi/10.1161/CIRCRESAHA.119.314978). Las palabras de Harvey nos resultan hoy obvias e ingenuas, pero en su tiempo contenían una gran carga revolucionaria. El prestigio de Harvey tardó en afirmarse, pero acabó reconocido en todo el mundo hasta el día de hoy.

El caso de Jenner es todavía más ridículo por cuanto lo que voy a contar sucedió en 1813, ciento ochenta y cinco años después de la publicación del De Motu Cordis de Harvey. Como se dijo en una entrega anterior (Anti-Progreso 1 (La Vacuna)), Jenner no tenía el título de médico, pese a que ejercía como médico en su pueblo y poseía grandes conocimientos médicos adquiridos con John Hunter, un famoso cirujano inglés, padre de la Cirugía moderna, de quien fue colaborador y un buen amigo alrededor de 1790. Desde el momento que dio a conocer su vacuna (1796), Jenner obtuvo un reconocimiento rápido en toda Europa. Era tal su prestigio que, unos años más tarde, un grupo de madres le pidieron que intercediera por sus hijos, prisioneros de Napoleón. Al leer la carta de Jenner, Napoleón liberó de inmediato a sus prisioneros ingleses diciendo que a tal benefactor de la Humanidad no podía negarle nada (las tropas de Napoleón habían sido inmunizadas con la vacuna).

No he leído ni conozco las razones por las que diecisiete años después de su vacuna Jenner quiso obtener el título de médico. Para ello tenía que pasar, él, Jenner, un examen de latín y griego, así como probar sus conocimientos sobre la medicina de Hipócrates y Galeno. Jenner se negó a examinarse de esas materias y se quedó sin título (fue parcialmente compensado con un doctorado honorario en Medicina por la Universidad de Oxford). En 1813, Inglaterra estaba en plena Revolución Industrial (y también en guerra contra Francia) y aun así, su medicina de sus médicos tenía 1.700-2.000 años de antigüedad (más bien de atraso) y seguía estrechamente las artes médicas de Hipócrates y Galeno. Todo un despropósito.

Inglaterra ha sido el país más determinante en el desarrollo de la Ciencia y las ideas. Su filosofía tuvo un carácter distinto a la del continente. Desde la Edad Media, con Robert de Grosseteste y Roger Bacon, se desarrolló un empirismo filosófico que contrastaba con el racionalismo del continente representado por una escolástica empeñada en amigar a Platón y Aristóteles con el Dios de la Biblia. El empirismo inglés tuvo continuidad en filósofos ingleses a partir del siglo XVI con Francis Bacon y más tarde con Locke, Berkeley y Hume [Inciso: Esta Filosofía nos fue muy bien explicada por don Isaac Melgosa en 6º de Magisterio (1963-1964); pero creo que de Grosseteste, el iniciador de esta Filosofía, no “venía en mi (nuestro) libro”. Supe acerca de Grosseteste ya de adulto cuando leí su famoso opúsculo De Luce; espero vuestra corrección si la memoria me hace errar]. Si los menciono a todos es porque hay quien explica el experimentalismo de Harvey como heredero del empirismo de F. Bacon, quien era contemporáneo suyo, 19 años más viejo que el médico. Nada menos cierto, como explicaré en un próximo escrito, pero estos hechos me llevarán a tratar un tema que considero importante: ¿hasta qué punto la Filosofía ha influido en el desarrollo de la Ciencia de forma positiva?, porque negativamente sí ha influido, como mostraré el mes que viene.

  1. El peso excesivo de los grandes genios o “genios” de la ciencia.

Debo confesar que, por lo que he leído, yo debo estar en la minoría que pone a parir a Galeno, lo cual no es decir mucho por cuanto un servidor carece de peso intelectual y no es un creador de opinión (creo que ahora los minibrains llaman a eso influencer). Realmente, la Historia reserva a Galeno un papel predominante. El mismo W.C. Aird, cuyo artículo (mencionado varias veces con anterioridad, que me ha servido de guía en algunos puntos de estos escritos) alaba la sistematización del conocimiento médico que Galeno llevó a cabo, “comprende” los errores de Galeno y viene a justificarlo en razón de que “eran otros tiempos”. En mi opinión, con la explicación de “otros tiempos” o que “hay que poner las cosas en su contexto histórico” se han justificado muchas barbaridades, incluso crímenes como “relajar” a los relictos al poder civil para que los achicharrara en un hoguera- espectáculo, con el Aymerich o Torquemada de turno presidiendo la sermo generalis o el auto da fe.

El primero que se atrevió a desmentir los errores anatómicos de Galeno fue Andrea Vesalio, el fundador de la Anatomía moderna (Figura 1)

Figura 1. Andreas Vesalius diseccionando un brazo en un grabado de Jan van Calcar

En el prefacio de su monumental De Humani Corporis Fabrica (Figura 2), repetidamente disculpa a Galeno de sus errores porque a este no le estaba permitida la disección de cuerpos humanos, al tiempo que ataca a aquellos que malinterpretaron al médico de Pérgamo  (http://www.dendramedica.es/revista/v3n1/Traduccion_al_espanol_del_Prefacio_de_De_Humani_Corporis_Fabrica.pdf). Aun así,  Vesalio contradice a Galeno en algunos puntos, como por ejemplo:

“Y tanto se confiaba en él [Galeno], que nunca se podría imaginar que algún médico hubiera descubierto  jamás  el  más  ligero  error  en  los  volúmenes  anatómicos  de  Galeno […] desde el renacido arte de la disección y desde la lectura diligente de sus libros, […], que Galeno nunca diseccionó específicamente el propio cuerpo humano. De hecho, inducido a error por sus monos […] frecuentemente refutó sin razón a los médicos antiguos entrenados en disecciones humanas.”

“Pero, por el momento he decidido no censurar de ninguna manera los preceptos falsos de Galeno, sin duda uno de los principales maestros de disección; y mucho menos aún quisiera ser tenido en adelante por desleal al propio autor de tantas cosas buenas, o por poco respetuoso  hacia  su  autoridad.”

Figura 2. Portada del Libro VII de De Humani Corpore Fabrica. Creo que el disector tenía más audiencia que la que yo tuve.

(Las excusas de Vesalio hacia Galeno no son del todo ciertas; el médico de Pérgamo pudo haber establecido un esquema mínimo y veraz de la circulación de la sangre con solo diseccionar cerdos. Y tampoco es cierto que diseccionara más de dos o tres monos).

Hay en la Historia muchos casos como los descritos aquí, que muestran lo difícil que es contradecir a un gran jefe e ir en contra de las tendencias, usos y creencias establecidas, pero basten los ejemplos descritos por el momento.

En una próxima entrega, hablaremos del gobierno… de la Iglesia y pasaremos revista a otra causa del anti-progreso, cual fue la incapacidad de la sociedad de percatarse y aprovechar un descubrimiento trascendental, y tomaré como ejemplos la invención de la rueda y la máquina de vapor.

(Continuará)

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