Anti-Progreso, 3 (Las Causas, 1)

Alfredo Rodríguez Tébar

En el escrito anterior de esta serie, iniciamos una revista a las causas del Anti-Progreso y expuse como la primera de ellas una significativa falta de comunicación entre pueblos y culturas. Continuando ahora, revisaré cuatro causas adicionales que considero importantes para el Anti-Progreso; las dos siguientes que expongo en este escrito son, primero, la inercia de las sociedades para aceptar cambios; y segundo, el peso excesivo de grandes genios que no admitían contestación. Las dos causas restantes las contaré en la siguiente y última entrega.

  1. Negativa a aceptar cambios y defender la pervivencia de patrones establecidos por parte de la sociedad.

No me refiero solamente a la relativa incapacidad del pueblo llano, en tiempos pasados, para aceptar y asimilar cambios, sino a la actitud de los santones de la ciencia para aceptar cualquier novedad que les rompiera sus escleróticos esquemas mentales. Aunque detesto elevar la anécdota a categoría, voy a contar las peripecias y el rechazo que sufrieron, después de reportar sus descubrimientos, dos personajes, verdaderos benefactores de la Humanidad, de los que hemos hablado en estos escritos: William Harvey y Edward Jenner. Creo que reflejarán las actitudes de la intelligentsia europea del momento, prisionera de un conservadurismo miope que no admitía la revisión y el cuestionamiento de conceptos y prácticas tradicionales generalmente aceptados.

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