Mi primera (y última) autopsia

Alfredo Rodríguez Tébar

Escribir sobre las autopsias que realizaba Mondino de Liuzzi en su Teatro Anatómico, s. XIV, me ha traído a la memoria experiencias personales mucho más cutres y totalmente desprovistas del glamour de las disecciones anatómicas medievales que se practicaban en Bolonia, según relaté en mi escrito anterior (Anti-Progreso 2. La Circulación de la Sangre, Parte B).

En un pueblo de la Penibética que no quiero identificar (para mí la Penibética es la cordillera que bordea el Mediterráneo Sur y va desde la sierra de los Filabres en Almería, hasta la sierra de los Alcornocales, en Cádiz), donde ejercí de médico rural, un día recibí en mi consulta la visita del sargento de la Guardia Civil acompañado por un auxiliar del ayuntamiento, quienes me entregaron un oficio del juez de distrito ordenándome que tenía que hacer ipso facto, ese mismo día, el levantamiento del cadáver de un ahorcado y practicarle la autopsia al día siguiente. Se me cayeron los palos del sombrajo.

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