Recuerdos de la SAFA – 21: El cine de los domingos

Recuerdos de la SAFA – 21: El cine de los domingos

Nosotros tuvimos prácticamente cine casi todos los domingos, pues la máquina de proyección, conseguida de segunda mano de un cine de Córdoba, no se averiaba mucho aunque no era raro que cortase la película, con lo que teníamos que estar varios minutos esperando que Pepe el Viejo empalmase el celuloide como pudiera. A veces las prisas le jugaban una mala pasada, y pegaba la película cabeza abajo, con gran jolgorio del respetable.

Las películas que veíamos eran de todo tipo, siempre con el nihil obstat de la censura, mayoritariamente españolas, algunas muy antiguas y otras no tanto. Vimos “Raza”  cuya presentación hizo el P. Ciganda, y otra sobre la Legión, que fue presentada por el P. Nieto (nos dijeron los mayores que insistió en hacerlo porque había sido legionario) que se enrolló bastante. Nos proyectaron bastantes de tipo histórico, como “Locura de amor” (sobre Juana la Loca, que nos sorprendió pues no conocíamos nada del personaje) o “Los guerrilleros” (en la que salía Manolo Escobar y Rocío Jurado, que se pasan más tiempo cantando que actuando).

Una que nos gustó fue “Bienvenido Mister Marshall”, presentada por el P. Sobrino, un hombre cultísimo y que alguna otra vez nos deleitó con sus anécdotas sobre su estancia en los Estados Unidos. Ese día el salón de actos (así llamábamos a la primera nave de talleres, situada la primera a la derecha tras la entrada del portón de hierro) estaba a tope: los pequeños, de Preaprendizaje, en la parte delantera derecha, con nuestros Inspectores, el Hermano P. y Don J.  Detrás de nosotros, la Segunda División de los de Oficialía, con el P. Baena y D. Antonio. Delante, en la primera fila de la izquierda, los curas, con el P. Rector sentado en el centro, flanqueado por el Prefecto, el P. Mendoza, el P. Natera, el P. Ciganda y varios más. Detrás de ellos, algunos profesores seglares, con D. Lisardo comandando a los de Magisterio y D. Bernardo a los de Maestría. El salón estaba a rebosar, y tras la brillante introducción del P. Sobrino, que se alargó un poco pero no nos importó por su amenidad, empezó la proyección… ¡sin sonido! Empezamos bien… Vuelta a encender las luces y a mirar para atrás al pobre Pepe el Viejo. A la segunda todo salió bien, y la vimos de un tirón.

Vimos varias de Toni Leblanc y Conchita Velasco (creo recordar “Las chicas de la Cruz Roja”, “El día de los enamorados” y alguna otra), e incluso con gran éxito una de Marisol (recuerdo que era “Un rayo de luz”, porque otra la vimos en el Ideal) y otra de Rocío Dúrcal (que jugaba con el título de “Rocío de la Mancha”), donde se pasaban media película cantando sus canciones. Pero también nos endosaron algún panegírico de santos y mártires, como una de Santa Teresa que se cortó tres veces, y otra sobre “Fray escoba”, aunque la que más nos gustó fue la de “Marcelino, pan y vino” que nos presentó el P. Mendoza con gran interés.

No faltaban algunas del Oeste, como las de la serie del “Jinete Enmascarado” que llegaron a repetirlas en alguna ocasión, pues era una trilogía y creo que vimos cinco o seis. Ya en Oficialía, con los tiempos cambiando y la indudable influencia del Padre Diego O. y del Padre Julio A. nos pasaron películas de más enjundia, incluso alguna que excedía los estrechos límites morales del Padre B. (recuerdo la discusión con “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” que luego nos enteramos que dio lugar a ásperos debates en la clerecía).

De Ingmar Bergman vimos “El séptimo sello” y “El manantial de la doncella”, que nos fueron anunciadas como obras maestras por lo que despertaron gran expectación entre nosotros. Al terminar, división de opiniones: los pequeños decían que habían sido muy aburridas, y los mayores que eran geniales. Nosotros, los de Oficialía, decíamos lo mismo que los mayores, para que nadie se pensase que éramos unos ignorantes.

Alguna que otra vez nos ponían alguna de temática andaluza, con señoritos, capataces de cortijo, jornaleros de porte gallardo que enamoran a la hija del dueño, un guardia civil hosco y bigotudo, un cura bonachón, un muletilla que se convierte en estrella del toreo y algún graciosillo que otro. Y tampoco faltaban las de folclóricas, con cantes y bailes en decorados de cartón piedra.

Mientras, los mayores podían ir al cine en Úbeda. No era raro verlos en la puerta del  Ideal, con su entrada recién comprada y su programa impreso en la mano.

Pasábamos ante ellos, en nuestro paseo Real abajo, y los mirábamos con indisimulada envidia. Cuando años después llegamos a Maestría o Magisterio no perdíamos ocasión de ver la última de 007, sobre todo la de Goldfinger, con una señorita desnuda pintada de oro, o las de Charlton Heston mostrando pectorales y abrazando a la chica guapa de turno. De él ya habíamos visto en el colegio “Los diez mandamientos” en dos tardes, por lo larga que era, y ahora vimos “Ben Hur”.

En el Teatro Ideal Cinema (que ése era su nombre correcto, aunque todos le llamábamos “el Ideal”) siendo ya de la Primera División, a veces quedábamos con chicas de la ciudad, a las que algunos más pudientes se podían permitir el pagarles la entrada.

En el ambigú, mientras esperábamos el comienzo de la proyección, fumábamos un cigarrillo con aires de galán de Hollywood, comprábamos un enorme cartucho de pipas y nos tomábamos un chato para aparentar lo sobrados que íbamos.

La proyección empezaba con el NO-DO, el noticiario en blanco y negro que siempre recogía a Franco inaugurando un pantano, visitando una fábrica o cazando un bicho en un coto, siempre con una fanfarria de fondo que te taladraba los tímpanos por lo repetitiva, para seguir con noticias de eventos folclóricos o recogiendo la visita a España de alguna personalidad o famosillo de la época. Recuerdo que dedicaron algunos reportajes a las andanzas de Ava Gardner en España, especialmente asistiendo a una corrida de toros mientras Luis Miguel Dominguín le brindaba un morlaco. Luego seguían los “tráiler” de las películas que se proyectarían en breve, y la película, que si era de más de una hora de duración, tenía un descanso en que nos invitaban cordialmente a pasar al ambigú y degustar sus bebidas y  aperitivos… Los más osados se colocaban con sus parejas femeninas en la “fila de los mancos”, soportando a veces el choteo guasón de los compañeros o la impertinente linterna del acomodador, que ejercía de censor de las buenas costumbres y te amenazaba con echarte del cine.

Casi terminando mi estancia en la SAFA vi en el Teatro Principal “El tormento y el éxtasis” que narra la vida de Miguel Ángel y que despertó en mí gran interés por tan genial artista. Este teatro, al que fui muchas veces gracias a que salía con la hija del encargado de proyección y me colaba de gorra todos los fines de semana, lo asocio a mis tardes de paseo, y me significó un desconsuelo ver cómo año tras año se iba viniendo abajo, por abandono, hasta su demolición total.

El cine era una de las principales válvulas de escape a la claustrofobia del internado, y sabiendo la película que proyectaban en cada uno de los dos teatros gracias a los compañeros externos, salíamos directos a sacar la entrada de gallinero, comprar un cucurucho de pipas y hacer cola hasta el momento que abrían las puertas para coger los mejores sitios, dado que en el paraíso (así ponía en la escalera que llevaba a la planta alta) o anfiteatro (como figuraba en las entradas que comprábamos) no estaban numerados los sitios, como sí lo estaban en el patio de butacas. Nos agrupábamos en la parte central, a ser posible en las filas delanteras, aunque no nos importaba colocarnos en las más altas, para echar un cigarrillo.

En verano íbamos al teatro al aire libre de la calle Cava, junto al mirador del Alférez Rojas, que era más barato e incluso a veces ponían sesión doble.

No era raro que la sesión se alargase más de la cuenta, por lo que teníamos que salir con la película sin terminar y enfilar a toda prisa la calle hacia el Colegio para llegar antes de la cena. Había quien pasaba de la cena y se quedaba hasta terminar la sesión. La hora máxima de entrada al colegio dependía de la división a la que perteneciéramos: los pequeños, sin excusa, a las 7:30. En Oficialía, hasta la hora de la cena, las 9. En Magisterio y Maestría podías quedarte sin cenar y volvías más tarde, aunque sin superar la hora de irse a dormir (el toque de queda, diríamos hoy). Ya en mis dos últimos años y gracias a la complicidad de Tito, el portero, algunos llegábamos rozando la medianoche. Si no había moros en la cosa, nos abría la puerta. Si andaba algún cura con sus rezos peripatéticos, nos hacía una señal desde su ventana, y entonces nos íbamos a la trasera de la iglesia, delante del patio del bloque de pisos de los maestros, para saltar la verja y acceder al internado por la puerta de la pista de deportes. Incluso había quien tenía enchufe y subía a la enfermería, donde la siempre caritativa Dolores guardaba algo de la cena y un vaso de leche.

(Continuará…)

NB: La explicación de las fotografías se muestra pasando el cursor sobre la foto.

 

3 opiniones en “Recuerdos de la SAFA – 21: El cine de los domingos”

  1. Sí, la película de «Los tres jinetes del Apocalipsis» tuvo problemas censorios. Tales que a media proyección se nos mandó desalojar la sala a los más pequeños.

  2. Caramba, qué buena memoria tienes. leyendo tu narración, he ido recordando las historias que describes, las personas y los tiempos y momentos. Yo he dedicado también un capítulo de mi novela a aquellos tiempos, pero mirando otros aspectos. Debimos coincidir allí en el tiempo, pero me perdonarás que, por más esfuerzo que hago no consigo recordarte, aunque no es extraño ya que mi memoria tiene ya lagunas importantes, no obstante, como conservo los cuadernillos anuales con la relación de alumnos, buscaré a ver si por ahí consigo localizarte. En todo caso, enhorabuena, gracias por los recuerdos y un abrazo!

    1. De nada, Ramón, un placer. Seguiremos narrando recuerdos. Por cierto, si tienes imágenes de esa época, del tipo que sea (fotografías, cuadernillos, documentos, etc.) te rogaría me los envies para sucesivos artículos o los cuelgues en la web para disfrute de los demás colegas.
      ¿Eres miembro de la Asociación?
      Un abrazo safista

Responder a Ramón Padilla López Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *