Anti-Progreso, 2 (la Circulación de la Sangre, parte A)

Alfredo Rodríguez Tébar

De alguna forma, la historia de cómo llegó a conocerse la circulación de la sangre en humanos es una especie de retrato o reflejo del progreso y anti-progreso de la Humanidad a los largo de los casi dos milenios que llevó dilucidarla. A toro pasado, uno se pregunta por qué duró tanto llegar a las conclusiones de William Harvey, el descubridor oficial de la circulación global porque, realmente, no es tan difícil describir esa circulación. Al final, ofreceré algunas explicaciones personales del porqué de esa tardanza y cómo llegó Harvey a sus conclusiones, no sin antes señalar que hay historiadores que ponen el descubrimiento del médico inglés a la altura del heliocentrismo de N. Copérnico, de las leyes del tránsito planetario de J. Kepler o de las leyes de la gravedad de I. Newton. Pero las cosas no fueron tan sencillas, ni el problema de la circulación quedó zanjado hasta entrado el s. XX.

Sin dudar de vuestra memoria, voy a recordar cómo es la circulación de la sangre en el hombre y vertebrados superiores (mamíferos y aves; en peces y en la mayoría de reptiles es algo diferente), que se ilustra en la Figura 1D (Esquema de Harvey de circulación cerrada).

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Figura 1

Así, la sangre es bombeada por el ventrículo izquierdo del corazón vía arteria aorta. De la arteria aorta salen el resto de las arterias que llevarán la sangre, primero a la cabeza y miembros superiores y luego al resto del cuerpo. Acaba esta sangre en una tupida red de arteriolas y capilares, que luego retorna de forma inversa, ingresando primero en capilares venosos, vénulas y después en venas cada vez más grandes hasta llegar a la aurícula derecha (Figura 2). A través de esta red capilar la sangre entrega el oxígeno y los nutrientes a las células cercanas; esta es la llamada circulación mayor o sistémica. De la aurícula derecha la sangre pasa al ventrículo derecho y de ahí a la arteria pulmonar que lleva la sangre al pulmón para que se oxigene en un sistema capilar que rodea y abraza como una enmarañada cesta de mimbre a los alveolos pulmonares (Figura 3). Una vez oxigenada, la sangre vuelve al corazón, a la aurícula izquierda, por la vena pulmonar (esta última parte es la circulación menor o pulmonar).

Figura 2

Figura 3

[Tanto la Figura 1 como parte de lo escrito aquí está tomado y adaptado de W.C. Aird en https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/j.1538-7836.2011.04312.x].

Para ser breve, el mérito del pensamiento griego fue explicar (o tratar de explicar, casi siempre sin éxito) los hechos naturales fuera de una causalidad divina. Las teorías griegas (principalmente de Aristóteles) sobre la función de la sangre y el funcionamiento del corazón fueron recogidos por Erasístrato de Alejandría (s. III a.C.) en el esquema expuesto en la Figura 1A. Según estos, la sangre se forma en el hígado por la comida absorbida en el intestino por medio de la vena porta. La sangre neoformada se distribuye por todas la partes del cuerpo y solo una pequeña parte va al corazón y de allí al pulmón para “nutrirlo”. Esa sangre que se producía en el hígado se “gastaba” en los diversos tejidos del cuerpo, pero no importaba porque con los alimentos se “creaba” nueva sangre. De forma paralela, pero independiente, las arterias no portaban sangre sino aire (pneuma) que venía de los pulmones y que era conducido a todos los tejidos para “airearlos” (hay que señalar que Erasístrato estableció la distinción entre venas y arterias; podría haber ligado una arteria en dos puntos y haber comprobado que allí había sangre y no aire).

Y por fin llegó Galeno, quien “perfeccionó” el modelo anterior de la circulación de la sangre (Figura 1B). Lo primero que dijo es que las arterias conducían sangre, pero sangre “aireada”. Según él, la mayor parte de la sangre generada en el hígado se dirigía directamente a los tejidos para nutrirlos (lo mismo que decía Erasístrato); una pequeña parte iba al corazón y una parte de esa pequeña parte se dirigía a los pulmones para “nutrirlos”, aunque la mayoría de la sangre en el ventrículo derecho se “filtraba” al ventrículo izquierdo mediante unos “poros” tan pequeños que no se podían ver. La cosa no acababa aquí porque en el corazón izquierdo la sangre filtrada era aireada por el pneuma que venía de los pulmones conducido por la vena pulmonar.

En descargo de los griegos (incluyendo a Galeno que era un griego de Pérgamo) hay que decir que no tenían medios para ver el sistema capilar que conecta las arterias con las venas y que, de hecho, convierten la circulación en un sistema cerrado, como Harvey estableció en su modelo. Sin embargo, no solamente el modelo de circulación de Galeno, sino toda su medicina se enseñoreó de medio mundo durante un milenio y medio (como el geocentrismo de Ptolomeo). Difícilmente, las ideas de una persona (en su mayoría erradas) se han impuesto durante tanto tiempo y sobre tanta gente ¿Por qué fue así?

Galeno, nacido en el 129 d.C., estuvo grandemente influido por dos filósofos. El primero fue Aristóteles, cuya lógica deductiva empleó constantemente para sacar conclusiones sobre Fisiología, Anatomía y Medicina, en general falsas. Como suele ocurrir, un silogismo puede ser lógicamente impecable, aunque con una conclusión aberrante si una premisa, o las dos, son falsas. Pondré un ejemplo de silogismo galénico recogido por W.C. Aird:

1)Si el corazón está más caliente que otros órganos, el corazón es la fuente del calor innato./ 2) Pero el corazón está más caliente que otros órganos,/ 3) Ergo, el corazón es la fuente del calor innato (de todo el organismo).

W.C. Aird dice que la segunda premisa es incorrecta porque entonces no había termómetros para medir la temperatura y verificar que el corazón esté más caliente. Yo creo, sin embargo, que las dos premisas son incorrectas: aunque el corazón estuviera más caliente no tendría por qué ser la fuente de “calor innato”.

Quizá el mayor error de Galeno fue dejarse influir por la filosofía de Empédocles de Acragas (ahora Agrigento). Don Isaac Melgosa nos la explicó en Historia de la Filosofía de 6º de Magisterio allá por el curso 1963-64 y confieso que me sentí fascinado por ella (ya se sabe; ¡cuando se es joven…!). Según Empédocles, el mundo está compuesto de cuatro elementos: la tierra, el aire, el fuego y el agua, y de la combinación de estos elementos condicionados por el amor y el odio, da lugar a todo. [De pasada me permito decir que contemporáneos de Empédocles fueron los atomistas de Mileto con una ciencia filosófica mucho más coherente y avanzada, que la escuela de Atenas se enfrascó en desacreditar y enterrar, cometiendo así uno de los mayores crímenes intelectuales de la Historia; pero eso será otra historia que alguna vez escribiré si hubiera tiempo y lugar]. Empédocles tuvo mucha influencia posterior en religión y misticismo, en filosofía y también en medicina vía Galeno (https://plato.stanford.edu/entries/empedocles/), pese a que su filosofía sea hoy una simple curiosidad sin más valor que el histórico.

Acordemente, Galeno se cuajó su teoría de los cuatro humores que, según él, se encuentran en la comida: la sangre, la bilis amarilla, la bilis negra y la phlegma (flema). La enfermedad se origina por un desequilibrio o desbalance de estos cuatro humores. Galeno consideraba la enfermedad como una alteración general, aunque tuviera manifestaciones locales, y ni él ni sus seguidores entendieron el origen local de la mayoría de las enfermedades (del hígado, riñón, etc.). Fue un hombre que escribió sobre todo lo que se le ocurrió. Se dice que produjo varios centenares de tratados y que tenía un par de amanuenses que le seguían a todas partes, copiando todo lo que él decía al dictado, pero aquí debemos ceñirnos al tema propuesto: la circulación de la sangre.

Se dice que Galeno hizo alguna autopsia durante su estancia en Alejandría, donde aún existía la escuela de Medicina que Erasístrato y Herófilo habían fundado cuatro siglos antes, y que después en Roma hizo alguna necropsia en algún mono (para aclararnos, llamo autopsia a la practicada en humanos y necropsia en animales). Me parece increíble que las hubiera hecho por la cantidad de errores que cometió en su descripción de la circulación de la sangre. Sí parece que diseccionó algunos cerdos hasta permitirle describir estructuras vasculares cerebrales que extrapoló a los humanos sin motivo ni razón, como la rete mirabile (red admirable, Wikipedia), sede de lo que él llamó pneuma psychikon (espíritu del alma, donde reside el alma), verdaderamente presente en el cerdo, pero no en el humano.

¿Por qué la medicina (no la escribo con eme mayúscula) de Galeno estuvo vigente durante más de un milenio y con ella su modelo de circulación de la sangre? Hubo muchas razones para explicar este hecho. La primera es que las personalidades tan poderosas, aunque hayan producido un gran avance científico (lo que no era el caso de Galeno), suponen también un freno para futuros desarrollos. En particular, hay que tener muchas agallas para desvelar y corregir los errores de un gran maestro, demostrar su error y ofrecer una alternativa.

Uno de los errores más gruesos de Galeno fue proponer que la sangre se filtraba del ventrículo derecho al izquierdo por poros que atraviesan el septo (tabique) interventricular (Figura 1B). Él no pudo verlos porque no existen. En ningún vertebrado superior existen, tampoco en los cerdos que él diseccionaba. Realmente, extraer el corazón de un animal, comprobar si algún líquido puede trasvasarse de ventrículo a ventrículo y, por último, observar el septo interventricular con una lupa de agua son tareas relativamente sencillas que nadie se atrevió a realizar, o si lo hicieron no lo dijeron por no cuestionar al gran maestro. Fue necesario esperar mil trescientos años para que el gran anatomista del Renacimiento Andreas Vesalius, un flamenco, el autor de la seminal obra De humani corporis fabrica descubriera y osara anunciar, aunque con gran humildad, la ausencia de poros interventriculares (y otros errores de Galeno), lo que suponía la necesidad de establecer un nuevo modelo para la circulación de la sangre, que tardaría aún más de un siglo en venir.

Muchos de los errores de Galeno fueron consecuencia de la imposibilidad de hacer autopsias. En el mundo grecolatino no estaban permitidas. Tampoco en Roma (Galeno fue médico personal de Marco Aurelio, de su hijo Cómodo y no sé si también de la serie de tres o cuatro emperadores que sucedieron a Cómodo en breves reinados hasta Septimio Severo). La Iglesia Católica tampoco permitió las autopsias; no es una crítica particular; al día de hoy, tampoco el Islam las permite. Las autopsias empezaron a practicarse de forma semioculta y discreta en la Escuela Médica de Salerno y luego en la de Montpellier durante los s. XIII-XIV. Ya en el s. XIV, las autopsias se realizaban en Bolonia de forma abierta y pública, aduciendo el derecho que la familia tenía de conocer las causas de la muerte de su deudo. En la universidad de Bolonia se construyó el primer teatro anatómico (Figura 4) del que tengo noticia. Ya sabéis cómo es, una sala con gradas escalonadas en semicírculo, círculo o rectángulo, donde los estudiantes observaban desde arriba la scena con una mesa de mármol en la que yacía el fiambre presto a ser autopsiado por el prosector, dirigido a distancia por el maestro que presidía la sesión.

Todo un espectáculo bastante fatuo y nada científico, que describiré en la siguiente entrega, en la que continuaré la historia de la circulación de la sangre, que será aún más interesante a partir de ahora. No os la perdáis.

4 opiniones en “Anti-Progreso, 2 (la Circulación de la Sangre, parte A)”

  1. Me ha interesado mucho. No conocía tu habilidad divulgativa. Enhorabuena, te seguiré en las próximas entregas. ¡Qué lejano y qué entrañable el recuerdo de las clases de Filosofía con D. Isaac!

    1. Gracias, Juan. Te recuerdo muy bien y me encantó verte y hablar contigo en Moral de la Reina (2006). Hablamos de conocidos comunes y de El Centenillo, tu pueblo, un lugar que aún me queda por visitar. Un muy afectuoso saludo.

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