Las manos en la educación y en el progreso de los pueblos, 4

 

Alfredo Rodríguez Tébar

  1. i) La Educación por las manos.

No tengo la menor idea de cómo es la educación preescolar, primaria y secundaria en España. No he tenido hijos y me he dedicado a cosas abstrusas, aunque de importancia menor. No sé por lo tanto lo que se enseña y cómo se enseña y entrena a los niños para la vida. Tampoco sé si, en el sistema educativo español, se cuida que los niños adquieran destreza manual, que practiquen juegos en los que se estimule el uso de las manos y, en particular, de los dedos. La destreza manual, la motricidad fina, es muy importante para el desarrollo cerebral y del lenguaje del niño  y así lo confirman cientos de estudios publicados en las mejores revistas (https://www.researchgate.net/publication/329443319_Development_of_manual_dexterity_in_preschool_children;  https://onlinelibrary.wiley.com/doi/pdf/10.1111/jpr.12041). La adquisición de destreza manual tiene también un efecto terapéutico sobre cerebros dañados o malformados en los niños. El contar con los dedos contribuye a crear una mente numérica. Sé por familiares que los métodos Waldorf y Montessori prestan mucha atención al entrenamiento manual de los alumnos (de todo esto, vosotros sabéis mucho más que yo y apreciaría que alguien escribiera en esta web algo sobre la enseñanza y práctica de la destreza manual en la escuela).

  1. ii) De la artesanía a la proto-industria

Con destreza manual se pueden ejecutar trabajos de trascendencia o sin trascendencia. Una persona mañosa puede fabricar artefactos (literalmente, hechos con arte) que alegren la vida de los demás aunque no contribuyan demasiado al progreso material. Por ejemplo, un artesano puede producir piezas maestras en alfarería, joyería, herrería, curtidos… de gran belleza, aunque de dudosa utilidad, pese a que puedan deleitar al turista guiri que compra una pieza. Un botijo de barro cocido cumple igual o mejor función que un botijo bellamente ilustrado si el que lo compra quiere dedicarlo a beber agua fresquita.

No puede existir una artesanía de calidad sin un control psicomotor preciso de las manos, pero lo que puede servir para elevar el nivel motriz, intelectual y verbal del individuo no tiene por qué traducirse en un progreso de la sociedad si en su práctica artesana no se introduce la innovación. Me referiré a un caso extremo de desaprovechamiento de la habilidad manual e intelectual de la mitad de la gente del planeta (las mujeres), quienes teniendo una gran capacidad para la artesanía, esta no se tradujo ni se prolongó en proto-industria.

iii) Las manos de la mujer

Un filósofo musulmán y cordobés del s. XII, Averroes, escribió en su obra Exposición de la República de Platón (Estudio, traducción y notas de Miguel Cruz Hernández. Editorial Tecnos. Madrid, 1998) lo siguiente: «Sin embargo, en estas sociedades nuestras se desconocen las habilidades de las mujeres, porque en ellas sólo se utilizan para la procreación, estando por tanto destinadas al servicio de sus maridos y relegadas al cuidado de la procreación, educación y crianza».

Averroes se quedó sin conocer a fondo las potencialidades de las mujeres pero en nuestra España, hasta los años sesenta del siglo XX, tampoco las conocíamos. Si, como creo, uno de los males históricos de la nación española viene por un déficit de manualización, que dificultó el desarrollo industrial, tenemos la paradoja que el sexo de más habilidad manual es el femenino, aunque, desgraciadamente, esta habilidad manual ha sido en gran medida desaprovechada y casi exclusivamente utilizada en un entorno importante pero restringido, que apenas trascendía los confines de su hogar.

Así, continúa Averroes: «Si la naturaleza del varón y de la mujer es la misma y toda constitución que es de un mismo tipo debe dirigirse a una concreta actividad social, resulta evidente que en dicha sociedad la mujer debe realizar las mismas labores que el varón […]. Sin embargo, la mayor parte de las mujeres son más hábiles que los varones en actividades como el tejer, el coser, y otras artes […].

Siempre ha sido así. La mujer, recluida en casa al servicio de su hombre y de sus hijos, necesitó aprender el uso del telar desde niña, a coser y confeccionar las vestimentas de la familia y, para esos menesteres se necesitaba una mayor destreza manual que los que usaban sus cónyuges, normalmente agricultores dedicados a tareas más repetitivas que el tejer, y mucho más primarias, como arar o talar árboles, para las cuales no se necesitaba una habilidad manual importante.

Además de tejer, coser y bordar la mujer siempre estuvo entre fogones. Un recetario de cocina de los tiempos de Averroes está parcialmente recogido en Claudio Sánchez Albornoz, La España Musulmana vol. II, pág. 338 y sig. Editorial Espasa Calpe, 1982. En este recetario se describe platos de gran complejidad para los que era necesario poseer un control manual importante. Hoy la web está llena de recetarios de la cocina de Al-andalus; no todos son genuinos, sino más bien simplificados y adaptados a nuestras posibilidades; me fío más del recetario sacado a la luz por la Diputación de Almería, la mayoría de cuyas recetas no son demasiado complicadas (https://www.dipalme.org/Servicios/Informacion/Informacion.nsf/BCCEF70DA4DF90E6C12582C5003E6D06/%24file/RECETARIO.pdf).

Yo me he atrevido a cocinar alguna receta andalusí y he sacado dos conclusiones; una, que son, en general, difíciles de ejecutar; la otra, que un musulmán de posibles necesitaba que una de sus mujeres estuviera confinada en la cocina la mayor parte del tiempo. Probad por ejemplo a cocinar una pastela marroquí, un plato realmente exquisito, y veréis la cantidad de maniobras que requiere preparar el relleno y doblar adecuadamente la pasta filo, que ahora se puede adquirir fácilmente en un supermercado, pero entonces, no; y qué decir de cocinar una harira, cuyos garbanzos hay que pelarlos grano a grano.

Quizá las mujeres habrían hecho mucho más por el mundo si, cuando se liberaron de las pesadas cargas familiares, se hubieran desarrollado a partir de sus propias potencialidades en vez de imitar a y competir con los hombres, aunque nuestra cultura patriarcal no les haya ofrecido más alternativas. Pero, claro, ésta es sólo una opinión.

  1. iv) España al final de la edad media

En la artesanía está el germen de la proto-industria que eventualmente puede devenir en industria. Los países más desarrollados y de mayor bienestar son los que han tenido y tienen una industria más floreciente; aquellos que se beneficiaron de la Revolución Industrial de finales del s. XVIII y principios del XIX. Antes de esas fechas, todavía en la Edad Media, uno de los que se industrializaron más temprano en Europa fue Flandes y regiones adyacentes. La situación social y material de esa zona fue magistralmente descrita por J. Huizinga en su seminal obra El Otoño de la Edad Media.

Desde el s. XI la industria textil, sobre todo de lana, implicó miles de telares y produjo el crecimiento de una burguesía de las ciudades flamencas. Sus paños fueron reconocidos y apreciados y se exportaban a muchas partes de Europa. En la edad media y antes, Castilla tenía la oveja merina, sin duda la que daba la mejor y más abundante lana. Sigue siendo así; de hecho toda la lana tipo Shetland que se produce en Inglaterra, Australia y Nueva Zelanda viene de las doce parejas de ovejas merinas que se pasaron fraudulentamente a Gibraltar (otros dicen que fue a través de Portugal).

Con la mejor lana, los castellanos no aprendieron a fabricar los mejores paños, quizá porque el esfuerzo bélico de la Reconquista no favorecía la creatividad y capacidad innovativa del pueblo. Exportaban la lana en bruto a Flandes, donde sí hacían los mejores paños, que luego exportaban a media Europa, incluyendo Castilla. No tenían en Castilla los telares ni la habilidad (manual) de los tejedores para producir los tejidos de la calidad que se fabricaban en Flandes (en su descargo, y por eso del mal de muchos, hay que decir que en Inglaterra ocurría lo mismo; los ingleses exportaban su lana, de mucha menos calidad que la española -aún no nos había robado nuestra oveja-, a Flandes y luego compraban los tejidos a los flamencos.

El atraso castellano se debía a las particularidades históricas de España, un conjunto de reinos que dedicó sus esfuerzos y gran parte de su potencial a expulsar a los invasores musulmanes. En la España medieval cristiana buena parte de los oficios manuales eran ejercidos mayormente por judíos, quienes no solo eran ricos prestamistas y joyeros, sino también humildes zapateros.

No obstante, en la España bajo‒medieval sí surgieron algunas, pocas, proto-industrias o industrias de importancia, como la del aceite del Aljarafe, el Jabón de Castilla (Sapo castiliensis) de las almonas de Sevilla y Sanlúcar y el hierro de las ferrerías del País Vasco y Navarra (todos estos productos se exportaban a Europa). Pero esto requerirá futuros escritos en los que expondré mi particular visión de la Historia de España, con la intención de mostrar las causas de nuestro secular atraso, así como el origen, a veces por serendipia (de serendipity = hallazgo afortunado y casual), del progreso de los pueblos, originado a partir de la cultura manual de las gentes.

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