El lenguaje de las manos, 3

Dentro de la descripción que vengo haciendo sobre la importancia de las manos y la manualidad en la evolución humana y en el progreso de las sociedades, toca hoy apuntar su papel en el desarrollo de la comunicación humana de por sí ‒mediante el lenguaje gestual‒ y en la aparición del lenguaje vocal, más distintivo de nuestra especie.

Los humanos tenemos unas manos o, si se quiere, una parte distal de los miembros anteriores/ superiores, con una complejidad anatómica y una capacidad de movimiento que requiere amplias zonas de la corteza cerebral para su control y modulación, como ya describimos en una entrega anterior.

Los homínidos más primitivos, así como los primates actuales no humanos, utilizaron y utilizan las manos como principal instrumento de comunicación; así se creó un lenguaje gestual de complejidad creciente, aunque sin llegar a la de los lenguajes de signos actuales usados actualmente por las personas sordas. Sin embargo, no son solamente las manos las que participan en este tipo de lenguaje; los brazos, la expresión de la cara (posición de la boca y labios, arqueamiento de  las cejas…) y, en menor medida, el resto del cuerpo eran, y son, utilizados en el lenguaje gestual que acompaña a las manos.

Este lenguaje permite a un humano establecer un cierto nivel de comunicación con, por ejemplo, un chimpancé o un bonobo, a quien se le ha enseñado un lenguaje de signos. Aún sin entrenamiento, un simio muestra ciertos signos gestuales compartidos con los humanos, v.g. una mano en supinación (la palma hacia arriba) indica que un chimpancé o un humano está pidiendo algo. No obstante, los intentos por enseñar a un chimpancé algunos elementos de lenguaje vocal con los que comunicarse han resultado infructuosos.

De este primer lenguaje, el gestual, hasta la adquisición del lenguaje vocal tuvo que transcurrir un largo tiempo; quizá millones de años. La literatura científica está llena de artículos con hipótesis sobre cómo se pasó  de la comunicación gestual a la vocal (una revisión de este tema se puede ver en https://www.researchgate.net/publication/315334354_Gestural_Theory_of_Language_Evolution). Se discute si fue una transición gradual o, por el contrario, fue una transición abrupta (saltatoria), en la que el lenguaje apareció de forma súbita y fue transmitido a los descendientes, habladores, que se impusieron a los áfonos por simple selección natural. Esta última teoría fue postulada por el reconocido lingüista Noam Chomsky, quien aventuró una aparición súbita del lenguaje en humanos producto de la mutación de uno a más genes, ahora conocidos por estar implicados en el habla. Curiosamente, algunos, varias decenas, son homólogos a los genes responsables del canto de las aves canoras, entre los que se encuentra el muy estudiado fox2A.

[Inciso: los perros cantores de Nueva Guinea ‒Canis lupus halstromi‒, subespecie del Canis lupus, del lobo, como el perro común, Canis lupus familiaris, emite unos sonidos modulados, mucho más complejos que el ladrido de un perro o el aullido de un lobo, a veces armónicos, otras veces inquietantes. Un estudio diferencial de expresión génica de estos perros con la del perro común podrá en un futuro próximo desvelar cuáles genes son responsables del canto.  A quien pueda interesarle le dejo el siguiente enlace para que disfrute de los gorgoritos de un perro cantor; es interesante

https://www.youtube.com/watch?v=5nSTylvP5DE   ]

Si Chomsky llevara razón en su teoría saltatoria, las manos tendrían poco que ver con la aparición del lenguaje vocal, pero la teoría de Chomsky tiene hoy día muy pocos seguidores. El paso del lenguaje gestual al vocal tuvo que hacerse de forma gradual, quizá multimodal, a lo largo de muchos milenios, incluso millones de años, los que requirió que unos gruñidos más o menos desagradables llegaran a declamar un poema de san Juan de la Cruz.

Es lógico predecir que con el bipedalismo, las manos de nuestros antepasados homínidos quedaron libres no solamente para asir y portar objetos o tallar bifaces, por ejemplo, sino también para expresar un lenguaje gestual de mayor complejidad en elementos de comunicación que los que podía expresar el resto del cuerpo. Aunque no hay que confundir la Filogenia con la Ontogenia, se puede intuir que el desarrollo del lenguaje de un bebé (Ontogenia) puede mimetizar el desarrollo del lenguaje en los homínidos (Filogenia). El bebé comienza su comunicación con los demás con movimientos de su cuerpo y sobre todo de sus manos, que son acompañadas con sonidos, los cuales poco a poco adquieren una entonación antes de aprender a hablar. Un bebé señalará, con sus manos y dedos, a un gato cuando quiera expresar algo relacionado con este animal antes de aprender la palabra ‘gato’. O le llamará «miau» pues la onomatopeya sí pudo tener un papel en el inicio del lenguaje vocal (lenguas como el inglés contienen un componente onomatopéyico extenso, grasp, crispy…).

Que las manos indujeron los cambios cerebrales que llevaron a la adquisición del lenguaje vocal no está demostrado, aunque las hipótesis a favor son numerosas. No obstante, hay hechos que sugieren un vínculo. Por ejemplo, tanto el lenguaje como el control preciso de los movimientos de las manos están sujetos a una lateralidad. Alrededor del 90% de los seres humanos son diestros, y zurdos el resto. No hace mucho aprendí que los chimpancés en estado salvaje carecen de lateralidad (cogen indistintamente con una u otra mano lo que se les ofrece o sacan con una u otra mano los alimentos que se les dan metidos en una bolsa). En cautividad, estos primates adquieren un pequeño nivel de lateralidad, sin duda por imitar a sus cuidadores humanos. Por el contrario, el cerebro humano sí tiene lateralidad, que hace un hemisferio dominante sobre el otro. En la gran mayoría de los individuos diestros su hemisferio cerebral dominante es el izquierdo.

Todos sabemos, a veces por haber vivido una desgracia cercana, que los individuos que sufren un ictus afectando el hemisferio izquierdo del cerebro pierden los movimientos del lado derecho del cuerpo y muy frecuentemente el habla, mientras los que padecen la afectación en el hemisferio derecho pierden la motilidad en el lado izquierdo del cuerpo, pero no el habla. En un individuo diestro los movimientos precisos y modulados de su mano derecha están relacionados con su capacidad de usar lenguaje vocal, cuyos centros fásicos están en el hemisferio izquierdo cerca de los centros que modulan el movimiento de las manos.

No se sabe cuándo apareció en la evolución el lenguaje vocal. Algunos lo ponen como una adquisición reciente, de los últimos 50.000 años y lo hacen exclusivo del Homo sapiens, que apareció hace unos 200.000 años. La Paleoantropología es con frecuencia una ciencia demasiado especulativa al no disponer de sistemas experimentales que demuestren una hipótesis dada. Además, muchas de sus conclusiones se basan en hallazgos de un solo individuo fósil. Así por ejemplo, se excluyó que el Homo neanderthalensis pudiera hablar simplemente porque en un fósil encontraron el hueso hioides demasiado alto en la laringe (este hueso es el que se rompe en caso de estrangulamiento, tal y como siempre demuestra el listo forense de los CSI y otros telefilmes similares). Con la posición alzada del hioides que encontraron ni se podía hablar ni se podía tragar y, por lo tanto, no se podía sobrevivir; todo había sido un artefacto de la fosilización. El hombre de Neanderthal expresó en sus pinturas (casi todas en la Península Ibérica, antes que apareciera por aquí el H. sapiens) un pensamiento simbólico que probablemente necesitara un lenguaje vocal para su transmisión.

En la evolución está siempre involucrado el azar que a veces es ayudado por sucesos de apariencia banal. A mí se me ocurrió una explicación de la transición del lenguaje gestual al vocal, de la que me sentí muy contento… hasta que leí que se le había ocurrido a mucha gente con anterioridad. Como se dijo en otra entrega anterior, fabricar un bifaz requiere mucha destreza manual, muchas horas de práctica y mucha tolerancia a la frustración. Es más fácil aprender a tallar si alguien te enseña y, como quien te enseña tiene las manos ocupadas agarrando el pedrusco, no puede utilizarlas para expresarse y va a necesitar de los sonidos. El aprendiz no solamente aprende el movimiento de las manos de su maestro, sino también los sonidos, de una cada vez mayor complejidad sintáctica, que emite para explicar al aprendiz cómo se va tallando un hacha. Los sonidos son muy convenientes en el lenguaje; permiten la comunicación en la oscuridad o dentro de una selva espesa cuando la comunicación visual no es posible.

El humano tiene una gran capacidad para la imitación y, por ende, para el aprendizaje. Sin querer meterme en el tema un tanto confuso de las neuronas espejo (mirror neurons), el hombre posee neuronas distribuidas por todo el cerebro que no solo se disparan (eléctricamente) cuando hace algo concreto, sino también cuando ve a alguien hacer lo mismo. Dicen que esto es el principio no solo del aprendizaje sino de la empatía o capacidad de las personas de ponerse en el lugar del otro. No sé…, me siento algo escéptico al respecto, aunque habría que explicar por qué las mujeres tienen más neuronas espejo que los hombres. Quizá tengan una mayor capacidad de aprendizaje y, desde luego que sí, una mayor empatía hacia los demás.

Ni que decir tiene que el lenguaje gestual, protagonizado en gran parte por las manos, no nos ha abandonado en estos millones de años transcurridos y acompaña al lenguaje vocal. Unos más y otros menos, todos movemos las manos cuando hablamos, como también movemos los músculos de la cara. Y es que con un exceso de lenguaje gestual, los españoles quizá mostremos atávicamente nuestro primitivismo. Usamos el lenguaje gestual para reforzar nuestra argumentación vocal quizá porque no estamos muy seguros de lo que estamos hablando.

En una próxima entrega pasaremos a considerar la manualidad y producción manual como base del desarrollo intelectual de la gente y del progreso social y material de los pueblos.

 

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