La mentira


¡Qué desazón y desolación siento al oír la radio, ver la televisión, leer los medios de prensa escrita, entrar en las redes sociales… pues todo es deslumbramiento, edulcoramiento, falsa justificación… para decir demasiadas veces mentiras o falsedades; como la canción que aprendí de pequeño, siendo entonces un juego: “Vamos a contar mentiras”!
Hoy en día, en nuestro país, es preciso hacer un trabajo de investigación exhaustivo para averiguar la VERDAD (que, por cierto, no está al alcance de la mano de cualquier ciudadano, si es que lo consigue), puesto que todo el mundo se pone de acuerdo para marear la perdiz y arrimar el ascua a su sardina o modo de pensar, haciendo que se dude de todo y de que no se llegue nunca a saber la auténtica verdad del asunto en cuestión, sobre todo si es importante.


Diremos -y no nos equivocaremos- que son nuestros políticos quienes principalmente tienen la culpa con el mal ejemplo que dan continuamente en el Congreso o Senado y/o en los 17 parlamentos autonómicos e incluso en muchos ayuntamientos, abusando de su bronca política continuada y bien jaleada y divulgada; pero, por desgracia, hay también otros muchos ámbitos, sectores y personas que tienen a la falsedad por montera y como moneda de curso legal en sus vidas, pues viven de ella en desequilibrada simbiosis (y en flagrante parasitismo) con la verdad (pura y cruda), a la que nadie da un duro por su victoria.
Durante mis cuarenta y un años de docencia, seguramente que una de las frases que más he repetido en el aula ha sido «Siempre debemos decir la verdad, pese a quien pese».
Pero se ve que eso se ha quedado obsoleto y desfasado en nuestra España pandémica de 2020, pues lo raro es oír o leer la verdad en algún medio o red social, ya que lo que más abunda son las mentiras desnudas o disfrazadas de verdades puesto que son, casi siempre, hasta más creíbles y atrayentes que las verdaderamente ciertas.
Y ya, con el tema de la pandemia, apaga y vámonos: la mentira se ha hecho virus indestructible en nuestra piel de toro y sin posible remedio, ni siquiera con su imposible confinamiento, pues los políticos con su bronca continuada y sarta de mentiras, con tal de arrimar el ascua a su sardina, han inoculado el mal del engaño, las fake news y la falsedad a esta sociedad civil que ya de por sí no sabe a lo que atenerse y que pululan por los medios de comunicación y redes sociales cual Pedro por su casa, constituyendo -por desgracia- nuestro auténtico corpus informativo, cual patrimonio nacional (made in Spain); y, aunque también se dé en otros países del mundo, no debería servir de excusa ni justificación para que el ciudadano español sea enterado debidamente de la verdad, puesto que es un derecho inalienable que no se debería marchitar ni pisotear (como se suele hacer), para saber a lo que atenerse.
Por eso, ando tan indignado (como otros muchos ciudadanos de nuestro país), pues me gustaría que nuestro patrimonio nacional fuese la verdad y no el engaño y la mentira.
Sevilla, 2 de noviembre de 2020.
Fernando Sánchez Resa

4 opiniones en “La mentira”

  1. Estoy al cien por cien contigo, Fernando. Qué manera más burda y rastrera de defender sólo sus intereses políticos, mantenernos desinformados y meternos todos los miedos posibles.

  2. Muchas gracias, Manoli.
    A «alguien» le interesa que estemos desinformados. Sus pingües beneficios son infinitos…
    Y, además, disfrutan con ello…
    Un abrazo

  3. Querido Fernando. Los humanos disponemos de esa magnífica herramienta que es la mentira y siempre la hemos utilizado para abrirnos paso, para defendernos; pero una cosa es que un débil se defienda con ella y otra muy distinta es la utilización masiva que de la mentira hace el poder para amedrentarnos: hoy resulta asfixiante.
    Un abrazo

    1. Muy agudo y acertado tu inteligente comentario, querido amigo Pedro. Muchas gracias.
      Personas como tú harían falta (y muchas) para revertir el estado de mentira en el que nos encontramos inmersos…
      Un abrazo.

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