¡Preocupaciones, que no falten…!

Ya me lo decía de pequeño mi abuelo Antonio: «Fernando, las preocupaciones…que no te falten nunca». Y, por entonces, yo no lo llegaba a entender, puesto que lo que quiere uno -desde que llega a este mundo- es no tener ningún problema ni dificultad para vivir tranquilamente y sin tropiezos de ningún tipo, como los anuncios del veraneo eterno en las Bahamas o el Caribe…


Pero como la vida es tan sabia, cuando uno se va haciendo mayor va entendiendo, una por una, todas esas verdades ocultas que las generaciones que nos precedieron alambicaron en sus mentes (y libros), a lo largo de su complicada existencia, para que nosotros, simples humanos mortales, las entendamos y pongamos en práctica; pero claro, como “Nadie aprende en cabeza ajena”, cada ser humano ha de hacer su recorrido vital de vicisitudes personales para llegar a sus propias conclusiones y, poder comprobar, quizás un poco tarde, cuánta razón llevaba mi abuelo, en este y en otros muchos asuntos.
Sabemos que “Más sabe el demonio por viejo que por diablo” y es que la vejez es un grado de veteranía que solo se adquiere viviendo mucho, tropezando bastante y aprendiendo de todos y de todo en cualquier momento.
Si no tienes preocupaciones (mejor las cotidianas: trabajo, familia, salud, amistades… que otras extemporáneas o anodinas), tu mente buscará otras más complicadas o vanas y serás capaz de caer en cualquier tipo de depresión, manía u otra enfermedad mental o psíquica; con tal de tener algo que te sirva de motor cotidiano para vivir y saborear la vida, es muy posible, que tu inteligencia se obnubile y no sepas ver más allá, elevando a la enésima potencia las mínimas preocupaciones cotidianas, maximizándolas en grado sumo, lo que te provocará amargura existencial continuada.
Por eso, hoy y siempre, estaré con mi abuelo materno: las preocupaciones no deben faltar en una persona sana; es ley de vida…
Con esta filosofía y la dichosa pandemia que nos azota, tenemos múltiples motivos para seguir agarrados a la vida; ¿o no…?
Sevilla, 20 de septiembre de 2020.
Fernando Sánchez Resa

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