1962, una rondalla en la SAFA

 

Noté que una sombra grande y alargada venía a mi encuentro.

—¡Alfredo! ¡Enséñame ahora mismo tu púa!

—¿Qué púa, padre? —pregunté con voz bajita, casi inaudible, de lo acoquinado que estaba.

—¿Qué púa va a ser? ¡Con la que tocas la guitarra!

—Yo no toco la guitarra; y, además, la guitarra no se toca con púa; solo con los dedos.

—¡Tú siempre pasándote de listo! —estalló el prefecto— ¿No estás en la rondalla?

—Sí, pero yo toco el laúd.

—Bueno, pues enséñame la púa de una vez y no me hagas perder el tiempo.

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