¡Cuidado con el resentido!

Todo el mundo sabe que todas las personas tenemos momentos puntuales de resentimiento, pero que lo mejor es dejarlos pasar y no insistir machaconamente en ellos, pues nos va nuestra propia limpieza y tranquilidad mental en el intento.
No obstante, hay seres humanos cuya fijación mental es portentosa, pues en cuanto sale a relucir un determinado tema -al que andan siempre apegados y traumatizados, por diversas razones-, seguramente porque en su infancia o en cualquier otro momento evolutivo de su vida lo pasaron mal; y del que no se pueden despegar, aunque quisieran, porque se les ha quedado perennemente impresa esa pegatina mental.


Por eso, es corriente que la gente les dé de lado frecuentemente, pues saben que, en saliendo el monotema (que cuadricula y martiriza sus mentes), les van a poner la cabeza como un bombo y lo van a verbalizar (o escribir…) exactamente lo mismo que han dicho (o escrito) ya, cientos de veces, en anteriores ocasiones.
Mas el problema del resentido auténtico es que no sale de ese enroque en el que se encuentra metido, pues sus conversaciones y pensamientos giran mayoritariamente ante ese monotema que no le deja vivir y que hace que los que le rodean sepan de antemano lo que va a decir por su continuado mensaje archirrepetido, monótono y aburrido.
Al resentido lo encontramos en cualquier medio social y es que harta a todo aquél que lo soporta estoicamente o porque no tiene más remedio, pero que -si pudiera- lo mandaría bien lejos, al quinto pino, por no decir un palabrote…
Lo peor de este personaje es que se cree que tiene o está en posesión de la verdad y por eso insiste -una y otra vez- sobre el tema que tanto le escuece, creyendo que los demás están en su honda y logrará convencerlos, antes o después, cuando la auténtica realidad es que están más que hartos de su repetitiva insistencia; que es -por demás- aburrida y monocorde. Aburre hasta a las ovejas con ese canto lamentable de sirena varada en su problema y que no sabe pasar página con el consiguiente ensimismamiento mental de por vida.
Por eso, el resentido necesita la urgente ayuda de un tratamiento psicológico, bien llevado, en el que le enseñen a tener piedad de sí mismo (y de los demás, por añadidura); y que no debería castigarse ni dejarse arrastrar por ese sentimiento de maltrato (supuesto o real) que le ha dado la vida, la gente o la sociedad; y así consiga aprender a pasar de ese continuo pesar o enojo, real o figurado, para alcanzar otro estadio vital más benévolo.
Nos dicen los expertos que es difícil su mejoramiento o curación total, si no es primeramente consciente de ello y, además, de que quiera o pretenda poner remedio real a su mal; aunque, por otro lado, si no lo intenta, irremisiblemente se va a quedar sin apoyos humanos que lo soporten o sustenten, pues los suele hundir en el aburrimiento repetitivo más absoluto.
Me permito sugerirte un consejo de amigo: no le hagas demasiado caso y marca la distancia social suficiente para que no te contamine; aunque sea una actuación poco cristiana (como ahora nos piden hacer con la COVID-19); pero es que tu propia autodefensa mental te lo pide para poder sobrevivir en este mundo tan raro en el que nos encontramos actualmente.
Ya los psicólogos o maestros de terapia nos advierten y aconsejan no permanecer mucho tiempo en su órbita, pues es muy posible que pase como con las manzanas sanas que son corrompidas -muy pronto- por las enfermas o podridas, si permanecen en su nefasta compañía.
Es como si fuese un virus mental que anida en ciertas personas y puede transmitir esa manía a cualquiera que ande en su órbita personal o social más próxima. Por ello, lo mejor es huir de él (o de ella) y no dejarse contaminar por su maniática forma de ser y pensar. Ya que tratar de convencerlo es tarea prácticamente imposible.
¿Te suena ese personaje? ¿Es posible que tengas que soportarlo a menudo? ¿Está la política, en general, y los diferentes partidos españoles, en particular, impregnada de este individuo que, hasta, a veces, se encuentra bien ubicado y considerado, porque repite clichés del pasado sin ton ni son?
Sevilla, 4 de agosto de 2020.
Fernando Sánchez Resa

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