Vientos americanos

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VIENTOS AMERICANOS
Mariano Valcárcel González
Lo que nos viene de USA de vez en cuando se convierte entre nosotros en modas o modelos imitables. Unas veces se acierta y otras no al tomarlos como referentes, por muy respetables y justas que sean las causas que los motivaron.
De ahí surgieron recientemente el movimiento “Me too” sobre las agresiones y abusos sexuales contra las mujeres o el “All Lives Matter” actualizado tras la muerte violenta del negro Geroge Ployd a manos de la policía.


Ya antes venían sucediéndose tonterías tales como el negacionismo variado, ya fuese contra las vacunas o la evolución, y muchos más absurdos. Los veganismos extremos, el supremacismo racialreligioso, etc.
No es un problema que en esa sociedad abunden los iluminados surgidos como hongos, o que sean tan obtusos y analfabetos funcionales, no debería ser un problema sino para ellos mismos… El problema estriba cuando sus teorías o prácticas son adoptadas entre nosotros, se nos supone europeos más instruidos tanto en saberes como en el uso del pensamiento crítico y analítico. Pero a veces no es así y nos encontramos con personajes de la farándula y personajillos que de inmediato reproducen y aumentan las idioteces de allá.
Negacionistas de la esfericidad del planeta, algo que el sabio griego Erastótenes ya confirmó en el siglo tercero antes de Cristo (¡ayudándose de un palito, sin gps ni satélite que lo apoyase!). Negacionistas de la evolución de la vida y las especies que todavía tienen como referente el relato literal creacionista o la epopeya del armatoste flotante donde cabían ¡todas las especies animales del planeta, y por parejas! (¿qué tipo de contenedor hubiese hecho falta para albergar tal zoológico flotante?).
Negacionistas de la eficacia de las vacunas en el cuidado de la salud en general que por algún caso de reacciones a las mismas graves (en tipos muy concretos) o su no eficaz eficiencia en alto grado (y acepto que las farmacéuticas no juegan limpio siempre) han fallado, pero eso no desdice su contribución en la mejora de la vida humana en el mundo.
Inventores de sectas diversas a cual más imaginativa (creo que será el país en el que hay más sectas religiosas del mundo), gurús que llevan y traen carretas de dinero a sus bolsillos a cuenta de las aportaciones de sus seguidores y que en sus alucinaciones y desvaríos pueden inducir a la muerte o al crimen a sus incondicionales. Esos telepredicadores en general estafadores e hipócritas que se enriquecen sembrando miserias. Ya se ve el mal que hacen en su expansión e influencia política sectores evangélicos ultraconservadores llevando al poder a elementos indeseables solo para extender ese conservadurismo fanático a ultranza (tanto en USA como en otros países americanos).
Demenciales son sus dos ideas básicas, pilares inconmovibles del ideario conservador: el derecho indiscriminado a portar armas y el de procurarse cada cual la sanidad que requiera y pueda costearse; casos en los que el derecho a la vida (tan inviolable ante posibles abortos) salta hecho pedazos cuando se juega con las vidas de los ciudadanos, siempre en riesgo de ser asesinados por cualquier demente armado hasta los dientes, y siempre en riesgo de morir por carencia de atención sanitaria al no poder costeársela. Estas vidas no valen, pues, nada ni han de ser protegidas.
Uno de los inventos doctrinarios más extendidos (y adoptado sin rechistar por acá) es el de la llamada “corrección política”, que partiendo de cierta buena intención como evitar insultos o ataques indebidos llega a convertirse en una verdadera dictadura ideológica, fuente inagotable de censura (o generadora de autocensura) que inhibe la libre expresión, tan fundamental en democracia. Se pretende censurar, prohibir, por ejemplo la edición de ciertos libros o se les reedita alterándolos y mutilándolos, cambiando radicalmente su orientación o ideario; y no se tiene en cuenta ni la antigüedad, ni la calidad de esos escritos. Ahora, tras el tema del racismo, se intentan mutilar películas o incluso retirarlas de la circulación, prohibirlas pues, con la justificación de que son impropias o totalmente racistas. Que fueron y son piezas fundamentales en la historia del cine les tiene sin cuidado.
Iconoclastia siempre la hubo. Censura también. Intento de manejar las conciencias, fundamental para ser gobernados.
De la mano y como consecuencia de lo anterior, o su fuente, se nutre la intransigencia del feminismo desaforado, que ya no admite contradicción alguna a sus argumentarios y que genera el enfrentamiento drástico de los sexos, uno en detrimento del otro.
También allí mana el revisionismo histórico que hace una interpretación del pasado no ya a la luz ideológica de quien lo ilumina (cosa frecuente entre historiadores) sino que trata de acomodar la Historia según y cómo DEBERÍAN haberse desarrollado los acontecimientos para que cuadren a nuestra conveniencia (positiva o negativamente). Por lo tanto en estos días no se discute tanto la existencia del esclavismo o el racismo como persistentes sino que se va contra todo símbolo de antaño, de los siglos del descubrimiento, conquista y colonización ya fuesen racistas o no en su origen o práctica; y la toman con el pobre Colón.
Por cierto denuncio que lo anterior no es ni más ni menos que una muy estudiada maniobra de distracción para desviar la atención de los problemas racistas existentes y muy concretos. Y los manifestantes, bien dirigidos sin saberlo, se tragan el anzuelo.
Así que la clarísima y cada vez más radical división de clases, poderosos multimillonarios a un lado y por el otro perdedores del sistema (claro, más negros o latinos) a los que se les evaporan día a día las posibilidades de redención, clarísima evidencia bien tapada por el mantra aquel del “sueño americano” muestra una sociedad podrida en realidad hasta la médula. No hay más que calcular cuántos de entre los millones de estadounidenses han llegado a engrosar el número de los poderosos… Cuento, ilusión mantenida para que a su vez se mantenga el equilibrio (desequilibrado) base de esa sociedad.
La mayor democracia del mundo, ese título que llevan a gala porque en su momento lucharon (y murieron) para erradicar los estados fascistas europeos (menos el de Franco) o machacar el imperialismo nipón, se fundamenta en un fragilísimo remedo de libertades llamativas y en un todavía más frágil tejido social y, claro, en la insustituible capacidad del capitalismo sin corsé para controlarlo todo.
Y sin embargo amamos América por lo mucho y bueno que nos ha aportado.




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