Epidimia, y 2

¿Por qué aparecen las epidemias? Como fenómenos complejos, la eclosión de una epidemia es condicionada por una conjunción de factores que, naturalmente, no son los mismos para las diferentes clases de epidemias. Veamos algunos de esos factores.

Factores socio-ambientales entre los que está el clima; algunas epidemias, concretamente la Peste de Justiniano y la Muerte Negra medieval, estuvieron precedidas de un enfriamiento del clima a nivel global. Estudios dendrológicos (grosor de los anillos de crecimiento de los árboles) en alerces del Altai siberiano y en diversos árboles de los Alpes mostraron una caída de las temperaturas, probablemente asociadas a vulcanismo o a disminución del brillo solar, alrededor del 536, cinco años antes de la aparición de la peste de Justiniano. Hacia el año 1300 empezó lo que llaman Pequeña Era Glacial, precedida por lo que también llaman Óptimo Climático Medieval, que fueron cuatro siglos (X-XIII) de elevada temperatura en Europa, durante el cual la población se cuadriplicó en algunas áreas de Europa. La bajada de las temperaturas produjo la pérdida de cosechas, la hambruna y la emigración de los campesinos a las ciudades.

La bajada de las temperaturas aumentó el número de pulgas infectadas: Cuando la pulga chupa la sangre de un infectado, ingiere una cantidad de bacterias yersinia. Normalmente, la bacteria de la peste es digerida por los jugos intestinales de la pulga, pero cuando la temperatura es baja, sus enzimas digestivas se desactivan. La bacteria se reproduce en su intestino y su abdomen se abulta (ver en Figura las imágenes  oscuras en el abdomen). La pulga pasa hambre y tiende a picar con gran avidez para chupar sangre del huésped. Al picar, la pulga regurgita su contenido gastrointestinal y así las bacterias pasan al torrente sanguíneo del parasitado que resulta infectado. Cuando Guy de Chauliac rodeó al papa con antorchas ardientes, sin duda elevó la temperatura que permitió a las pulgas digerir su contenido intestinal de yersinia, lo que las tornó inofensivas.

Algunas epidemias de origen vírico (nos han robado la palabra viral) tienen carácter estacional. La gripe común se presenta al final de otoño y principio del invierno y remite con la llegada del buen tiempo. Las dos epidemias de coronavirus empezaron (en China) también a final del otoño (SARS en 2002 y la actual, en noviembre de 2019, un mes antes que el gobierno chino lo anunciara). Sería estupendo que la actual también remitiera con la llegada del calor; de hecho, muchos virus no resisten en el ambiente condiciones de sequedad y alta temperatura.

Otros factores causales son el hacinamiento, el hambre y la ausencia de higiene: Durante los s. XII y XIII la población de las grandes ciudades creció vertiginosamente porque, entre otras razones, los campesinos abandonaban el campo, en parte, para huir del poder feudal. Vivían en ciudades amuralladas con muy poco espacio, conviviendo con animales domésticos y ratas. La alimentación era muy deficiente e incidía negativamente en las defensas inmunitarias de la gente.

Es lógico que una enfermedad contagiosa se transmita mejor cuando las personas están más cerca unas de otras. En la baja Edad Media, las ciudades europeas crecieron mucho; ciudades como París y Milán superaron los 200.000 hab. Varias ciudades del norte de Italia tenían más de 100.000.

En el mapamundi actual se puede ver cuáles son las zonas más pobladas del planeta y la China oriental es una de ellas, donde se concentra más del 90% de los 1.350 millones de chinos (https://elordenmundial.com/mapas/densidad-de-poblacion-china/). Si a la densidad de población se suma la falta de higiene en mercados atiborrados donde se comercia con animales vivos, la epidemia está servida. La mayoría de las epidemias se han originado en China: La peste de 1346-51, la peste de Hong Kong en 1894, la gripe asiática de 1957 (provincia de Guizou), gripe de Hong Kong de 1968, gripe aviar en Hong Kong en 1997, SARS (severe acute respiratory syndrom) de 2002-2003. El SARS no está causado por un virus de la gripe, sino por un virus corona, como la epidemia actual originada en Wuhan en 2019 (una ampliación de parte de lo escrito arriba se puede ver en https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2020/01/24/5e2abeb2fdddfff74d8b45b1.html). Estos datos son incontrovertibles por mucho que alguien, incluido el gobierno chino, venga amenazante a acusarnos de racistas, como ya han hecho. Pero es bueno conocer el origen de las epidemias y sus causas; serían más fáciles de evitar si el gobierno chino prohibiera animales vivos en los mercados y extremara la higiene pública. Una dictadura social-capitalista como la china tiene medios más que suficientes y contundentes para prohibir esas prácticas anti-higiénicas de consecuencias devastadoras.

Por último, las epidemias no ocurren en partes del mundo con baja densidad de población. No es extraño, es mi opinión personal, que los indios americanos no conocieran las enfermedades que luego les transmitirían los españoles, en particular la viruela, debido al relativo aislamiento por la bajísima densidad de población y la lejanía entre ellas de las zonas más pobladas. Ahora, por el contrario, nos encontramos con grandes densidades de población en cada vez más partes del mundo. La población mundial se ha multiplicado por tres en los últimos setenta años y de ahí vienen los males que nos afligen en todos los aspectos. Y claro, ya nadie habla del control de la natalidad, un tema recurrente de discusión en los años 80-90 del pasado siglo, ¿por qué será?

 

Otra causa imprescindible para la presentación de una epidemia es el aumento o adquisición de la patogenicidad (virulencia) de un micro-organismo que excede la capacidad de defensa (inmunitaria) del huésped (nosotros).  Hay bacterias que nunca dejan de ser patógenas aunque no causen una epidemia en una época dada. Bacterias como la Yersinia pestis o la causante del cólera (Vibrium choleræ) siguen existiendo e infectando, si bien confinadas en reservorios de zonas endémicas. De vez en cuando hay un pequeño brote que se refleja en la prensa (la peste y el cólera son enfermedades de declaración obligatoria universal). El último brote de peste del que he tenido noticia sucedió en noviembre pasado en la provincia china de Mongolia Interior (un matrimonio se comió crudos los riñones de una marmota y pasó lo que pasó). Hay focos de peste de vez en cuando en diversos países, incluyendo los EEUU.

Los mecanismos por los que un micro-organismo se torna patógeno son variados, pero en casi todos se opera una modificación del genoma (el conjunto del DNA con sus genes), que implica la adquisición de genes codificantes de proteínas patógenas que el micro-organismo no tenía previamente. Los mecanismos de transferencia génica entre bacterias (conjugación bacteriana y transducción mediada por bacteriófago, que son virus de bacterias) se conocen muy bien. Recordemos el asunto de los “pepinos españoles” que infectaron a miles de personas en el norte de Alemania en 2011. Resultó luego que no eran los pepinos, sino una cepa de Escherichia coli (una bacteria saprofita que tenemos en nuestro intestino sin causar molestias) que venía en brotes de soja y alfalfa importados de Egipto. La cepa de E. coli causante había adquirido (mediante un bacteriófago) un gen de otra bacteria mucho más peligrosa, una Shigella, codificante de la toxina shiga que causa disentería.

Todos los seres vivos somos objetivos de virus más o menos específicos, patógenos o no. De hecho, el primer virus fue descubierto en las hojas infectadas del tabaco. Los animales tenemos muchos virus dentro, con lo que convivimos asintomáticamente. En ocasiones, un virus se vuelve patógeno y produce una enfermedad, incluso una epidemia. Su patogenicidad se puede reforzar cuando pasa de especie a especie. En el caso del SIDA, el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) se deriva del VIS (virus de la inmunodeficiencia de simios), que en los monos resulta asintomático en la mayoría de los casos. Algún carnicero se cortó despiezando un simio (en ciertas regiones africanas se come carne de mono) y se contaminó pasando el VIS a su sangre donde mutó para convertirse en VIH. Todo apunta a que la mutación de un solo gen del VIS produjo una proteína diferente en el VIH que no protegía a los linfocitos T de una sobreactivación perniciosa por el mismo virus, capaz de liquidar buena parte del sistema inmunitario. Se ve una vez más, aunque ahora con argumentos moleculares, los efectos nocivos que puede traer el contacto demasiado estrecho con animales, salvajes o no, o alimentarse de ellos sin un control veterinario (ver http://www.sidastudi.org/resources/inmagic-img/dd7302.pdf). Sin embargo, no todo es biología; parece que el VIH ya infectaba humanos africanos por los años 30 del s. XX. Con la independencia de las naciones africanas en los sesenta, estas experimentaron cierto auge económico y muchos ciudadanos africanos viajaron y emigraron a sus antiguas metrópolis. El SIDA no se hizo evidente hasta 1981 en los EEUU, sin duda porque en ese país tenían más medios técnicos para identificarlo. En la actualidad hay países subsaharianos con más de un 25% de adultos seropositivos al VIH.

Cuando un virus pasa de especie a especie, recoge a veces trozos de la secuencia de DNA del huésped anterior de tal forma, que a veces se puede identificar y así reconstruir la historia saltatoria, de especie a especie, del virus. El COVID-19 parece que infectaba murciélagos y de ahí pasó a los pangolines, un pequeño y precioso animal acorazado que los chinos aprovechan para comerse su carne (ellos dicen que es una verdadera ambrosía) y moler sus escamas epidérmicas de uso en su tradicional medicina para, dicen, curar el asma y el reumatismo. Los pangolines con sus escamas, como los rinocerontes con sus cuernos, los osos con su bilis o los tigres con sus huesos están en serio peligro de extinción ante la predatoria demanda de ese curanderismo sin sentido.

La secuencia de cambios en el genoma del coronavirus, que lo han hecho tan virulento, aún no se ha dilucidado, pero hay muchos laboratorios dedicados a ello.

Como conclusión: somos muchos para un planeta que se nos ha quedado pequeño, viajamos sin cesar, estamos en estrecho contactos con animales… Si las cosas siguen así, mucho me temo que tendremos nuevas epidemias con una frecuencia cada vez mayor.

¿Por qué y cómo se termina una epidemia? Una conjunción de factores colabora para que se acabe una epidemia. Uno de ellos, el más drástico, es que la enfermedad mate a los susceptibles y deje vivos a los resistentes; una selección natural a las bravas. La resistencia al yersinia de la peste pudo ser. La inmunidad genética debió jugar un papel importante; hubo familias donde no enfermó o no murió nadie, mientras que en otras vecinas sucumbieron todos sus miembros.

De cualquier forma, la muerte de un 30-50% de la población europea “clareó” las ciudades (Florencia, por ejemplo, perdió el 80% de la población). Entre los que murieron y los que huyeron disminuyó el hacinamiento y las posibilidades de contagio. También murieron muchas ratas y la baja temperatura disminuyó las pulgas en su estadio adulto. Los reservorios de yersinia bajaron hasta niveles mucho menos infectivos.

Respecto al COVID-19, no se conocen los mecanismos de inducción de inmunidad. Está claro que quien se infecte se inmunizará contra el virus y esto puede salvarle la vida (no parece cierto que hayan recaído personas que habían sufrido la enfermedad). El problema será cuánto durará la inmunidad. Hay infecciones víricas como la viruela, rubeola o sarampión que producen inmunidad de por vida, pero no es este el caso con el coronavirus ni con el virus de la gripe.

La solución por el momento está en aguantar, protegerse, limitar al máximo los contactos y esperar hasta que haya una vacuna. Personalmente, confío en que un verano tórrido disminuya los reservorios del virus, junto con su capacidad infectiva. Y quiero pensar que será así porque tal vez la temperatura más alta explique que en Andalucía y Murcia las tasas actuales de morbilidad y mortalidad sean las más bajas de España, al menos de momento. La gripe de 1918 amainó en la primavera/verano de 1919; resurgió en el otoño, pero con menos fuerza.

 

Paisaje después de una epidemia

Se puede esperar el peor panorama que dejará tras sí esta epidemia: Un panorama de devastación humana y empobrecimiento. De niño, alcancé a hablar con personas mayores que habían vivido, y algunos, superado, la epidemia de gripe “española” de 1918-19 (la mortalidad fue de un 10% de los infectados). En España, el virus mató a 250.000 personas y en todo el mundo, entre 40 y 50 millones. En mi pueblo, la Puerta de Segura (Jaén), murieron muchos; en la aldea donde vivían mi padre y su familia dejaron de coger la aceituna por falta de aceituneros y por falta de animales de carga que se necesitaban para transportar los ataúdes (dos por mula) al cementerio de La Puerta; esta gripe mató preferentemente a los jóvenes porque el virus engañaba a su sistema inmunitario, más fuerte, produciendo la llamada “tormenta de citoquinas” que era la que realmente mataba al infectado (en resumen: un exceso de respuesta inmunitaria que se volvía en contra). De mis conversaciones, lo que más me impactó fue escucharles que, cuando remitió la gripe, nadie hablaba de ella; habían quedado todos en un estado de estrés post-epidémico que duró años.

La gripe de 1918 promovió que los poderes públicos en Europa cuidaran de organizar una sanidad pública más eficiente. Lo hizo aquí en España el régimen de Primo de Rivera en alguna medida.

La peste bubónica comenzó a remitir en Europa a partir de 1352. Se dice que la epidemia se comportaba democráticamente matando a todos por igual. Es la idea que divulgaban las representaciones de La Danza de la Muerte, que segaba las vidas de todos por igual (https://www.diariodelviajero.com/espana/la-dansa-de-la-mort-o-danza-de-la-muerte-de-verges). Es cierto que personajes de la realeza europea murieron por la peste, incluyendo a nuestro Alfonso XI el del Salado en 1350 durante el sitio de Gibraltar. No obstante, tuvieron que ser los más pobres, desnutridos y hacinados, los que la sufrieran en mayor grado; siempre pasa igual.

La epidemia provocó profundos cambios sociales en Europa. Los nobles terratenientes no encontraban apenas labriegos y tuvieron que pagar altos sueldos para laborar sus tierras. Supuso la destrucción del estado feudal y el reforzamiento de la burguesía. La falta de personal promovió la construcción de nuevas herramientas, por ejemplo arados, palancas y poleas, lo que produjo cierta tecnificación de la sociedad. En su obra Las Vidas de los más excelentes arquitectos… Giorgio Vasari (Ediciones Cátedra, Madrid, 2002) describe las nuevas máquinas concebidas por Brunelleschi para la construcción de la cúpula de Santa María di Fiore.

Es verdad que Europa tardó un siglo en recomponerse, pero no todo fue tiempo perdido. El hombre común adquirió una idea más justa de sí mismo, se separó del dios que le habían enseñado, dejó de ver la muerte como una dulce puerta a mejor vida y trató de gozar en lo posible la vida que aquí tenía; limitó sus deberes religiosos a la misa semanal y perdió su sumisión al clero, que, por otra parte bajó de calidad en razón a los muchos monjes y clérigos que murieron, reemplazados con prisa por otros con poca preparación. En retrospectiva, estaba claro que esta situación, donde predominaba el reconocimiento de la individualidad, anticipaba el Renacimiento.

En particular, la Muerte Negra causó una permanente y dolorosa impresión en John Wycliffe, entonces un joven clérigo estudiante en Oxford, que le condicionó su vida entera y su producción teológica. Rechazó al clero por ignorante, a la Iglesia por elitista y ajena a las desgracias del pueblo y al papa por intromisión en el libre albedrío personal. Tradujo la Biblia al inglés y preconizó el libre examen. Fue, con Jan Hus el precursor del protestantismo, como así les acreditó Lutero siglo y medio después. Ambos fueron declarados herejes en el concilio de Constanza (a Hus lo quemaron vivo in situ; a Wycliffe, no porque ya había muerto; no obstante, desenterraron su cuerpo, lo trajeron a Constanza, lo quemaron y aventaron sus cenizas sobre el lago).

Os deseo a todos que la vida nos coja despiertos cuando pase de nuevo, que pasará.

 

Nota final

Solo para mencionar y pagar tributo a cuatro grandes médicos españoles, todos del s. XIV, que fueron los primeros en el mundo en estudiar y escribir opúsculos sobre la Muerte Negra.

El primero es Jacme d’Agramunt, profesor de Medicina en el Estudi General de Lérida. Su obra en catalán Regiment de preservació a epidímia e pestilència e mortaldats describe la peste y da medidas higiénicas para protegerse. Murió unos meses después de acabar su obra, víctima él también de la peste.

Lisan al-Din ibn al-Jatib, visir del sultanato Granada durante los dos reinados de Muhammed V al Ghani; el hombre de las dos vidas (no dormía y se pasaba las noches trabajando). Era un verdadero polígrafo (ahora se dice polímata, del inglés polymath, porque ‘polígrafo’ ha quedado para el aparato). Escribió Muqni’at o Manfa’at al-sa’il ‘al.marad al-ha’il o El tratado sobre la Peste y La salud en las estaciones del año.

Muhammed aš‒Šaqûrî, médico de Jaén , que trabajó en Granada, discípulo del anterior y oriundo de mi tierra, el hisn de Šaqura (Segura de la Sierra). Escribió Tahqiq al naba’ an amr al‒waba o Información exacta sobre la epidemia. Fue profesor en la medersa granadina (felizmente restaurada después de décadas cerrada) y organizó el maristán del Darro (cuyas penosas ruinas se pueden ver asomándose por encima de la tapia).

Ahmad ibn Jatima, el médico filósofo de Almería. Amigo de los dos anteriores, a quienes visitaba en Granada con frecuencia. Escribió Tahsil garad al-qasid fi‒tafsil al‒marad al‒wafid o Logro del objetivo propuesto en la aclaración de la enfermedad de la peste (Arvide Cambra, L.M. El tratado de la peste de Ibn Jatima (I). Cuestiones I-VI. Logos Verlag Berlin, Berlín, 2014). Abenjátima es una de las grandes glorias que ha producido este país. Tuvo la genial intuición de postular que la infección no se contagiaba mediante efluvios, miasmas o aires, sino por auténticos seres diminutos que tenían vida propia y se multiplicaban. Gran enamorado de su tierra, escribió también Maziyya al-Mariyya ‘alà-gayriha min-al-bilad al-andalusiyya (Ventajas de Almería respecto a los otros territorios de España) hoy perdido, desgraciadamente.

2 opiniones en “Epidimia, y 2”

  1. Gracias Alfredo por compartir esta información, donde se hace evidente una vez más que los eventos mundiales se gestan por muchos factores. De esta nueva experiencia veo retos a resolver como sociedad: manejo sanitario de centros de alimentos en China, la prioridad de aplicación de los recursos públicos, el comportamiento social, los cambios en la forma de laborar y educar.

  2. ATINADO Y DOCUMENTADO. NO DEFRAUDAS, ALFREDO.
    A CUIDARNOS, QUE ESTE VIRUS PARECE QUE NOS CONOCE A LOS DE CIERTA EDAD.

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