Cataluña

Los ciudadanos llevamos demasiados años secuestrados por esta región o comunidad de España; mejor dicho: por sus políticos y dirigentes independentistas… Lo digo como lo siento. Muchos ya estamos muy hartos por ello. No hay telediario, prensa escrita, noticiario radiofónico o tertulia del canal o colorido político del tipo que sea en el que el tema de Cataluña no acapare toda la atención de las noticias u opiniones que en ellos se vierten. Y llevamos así demasiados años…

Muchos españoles -entre los que me incluyo- andamos hartos de este manido tema catalán y parece que nadie le pone freno al asunto, empezando por los gobiernos acaecidos en los cuarenta años de democracia que llevamos en España, puesto que no han hecho más que mirar a otro lado y dejar en manos de los independentistas todos los asuntos mollares de un estado democrático del siglo XXI, especialmente la educación que anda secuestrada en Cataluña a favor de las tesis “España nos roba”, cuando precisamente -y posiblemente- sea todo lo contrario, impartiendo el catalán por narices o decreto ley, cual si fuese el esperanto más beneficioso para toda la población que allí habita o migra (le llaman pomposamente “inmersión lingüística”) y sacando siempre buena tajada económica para apoyar al gobierno de turno -de uno u otro signo político- a escala nacional.

¿Es que en nuestro país no hay otras 16 comunidades en las que vive gente española que, por encima de sus características personales y peculiaridades regionales, tiene algo o mucho que decirnos al resto de los conciudadanos de su respectiva región, pueblo o comunidad?

 

Por mi experiencia en dinámica de grupos compruebo que se repite lo que en todos ellos ocurre: que hacen más ruido y daño uno o pocos díscolos del grupo que el resto de componentes que acatan pacíficamente la convivencia con sus diferencias políticas, religiosas, comportamentales… (que las hay y habrá siempre), por encima de todo y no plantean -como la recalcitrante minoría- que la mayoría ha de cambiar según su criterio y beneficio hasta que lo consiga. Eso pasa en cualquier comunidad de vecinos, clase de alumnos menores o mayores, grupo humano del tipo que sea, etc. El profesor, maestro o dirigente del grupo ha de gastar un tiempo precioso y necesario para otras labores en aras de que esos descontentos componentes del grupo minoritario se apacigüen y entren en razón, mientras el resto de componentes han de soportarlos diariamente y perder un tiempo precioso y preciso para realizar otras actividades académicas, grupales o del tipo que sean.

Se palpa, cada día más, en nuestro país que a nuestros políticos les gusta más una campaña electoral que a un tonto un lápiz o a un joven una fiesta, aunque -a veces- digan lo contrario.

Y así nos va. Nos siguen mareando la perdiz los políticos de turno, tratando de sacar tajada económica personal o de apoyo político a su partido o facción, mientras se va deteriorando el ambiente y la convivencia ciudadana con el lema “cuanto peor, mejor” para su endiablada y/o retorcida causa, hasta que -finalmente- comprobamos que es una añagaza edulcorada de egoísmo puro, pretendiendo realmente conseguir el “quítate tú que me ponga yo”, como la sabiduría popular nos apunta; en definitiva: quitar a los otros líderes para ponerse ellos, mandando -por fin- el cotarro. «Tocando el poder», dicen algunos…

Todo sea provocar, una y otra vez, para que se líe un conflicto civil serio y perdamos todos; bueno, casi todos, porque los dirigentes y mandamases se pirarían a Bélgica, Suiza o adonde se les tercie o acojan, mientras viven del cuento de engañar a los ciudadanos que han embaucado. Siempre ha pasado lo mismo a lo largo de la historia. Creíamos que porque estábamos en el siglo XXI y en la Europa de los derechos más que de los deberes, eso no volvería a pasar y que a nosotros no nos tocaría. ¡Qué equivocados estábamos (y estamos…)!

No confío yo en los políticos actuales, pues unos y otros se ponen de lado, sobre todo si tocan o tiene poder. Otro gallo les canta cuando están en la oposición y todo son cañonazos dialécticos y promesas vanas que -una vez alcanzado el poder y pasada la campaña electoral correspondiente, con sus pingües beneficios- se transforma en «Si te he visto, no me acuerdo».

Qué ganas tienen de parcelar el espectro político en izquierdas o derechas y sus respectivos extremos, en lugar de ser unos buenos gestores de lo público, siendo exquisitos en lo que a ello se refiera y con el dinero de todos, puesto que lo que les debería guiar a los políticos de nuestro país, llamado España, es el bienestar de su ciudadanía y la mejora del bien común, según predican a boca abierta… Lo demás son quincallas que mucho sueñan y emponzoñan, pero que no nos conduce a solucionar el grave y enrevesado problema de Cataluña.

Torre del Mar, 1 de noviembre de 2019.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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