En la nube

Conforme se va cumpliendo años, la vida no deja de sorprendernos al proporcionarnos un turbión de novedades que pueden servirnos de premio o atosigamiento cotidiano, según se tomen.

Con los nuevos avances tecnológicos (y los muchos que quedan por llegar), la imparable y veloz carrera hacia no se sabe dónde, no para de sorprendernos; aunque no sabremos si todo ello será para bien o quizás lleve intrínseco algo de maldad o turbidez en sus incógnitas entrañas; y que, seguramente, no podremos o querremos descubrir hasta que -quizás- sea demasiado tarde.

Así, hasta hace nada, en el lenguaje coloquial, se decía que «una persona estaba en las nubes» cuando se encontraba distraída o en su mundo; vamos, como si estuviese más o menos en Babia. Pero ahora, lo que se oye bastante y por doquier es: «Súbelo a la nube» (o bájalo de), refiriéndose a cualquier dato informático, sea alfanumérico, imagen o vídeo, pues está en todas partes.

Y aprovechándose de los que aún no queremos dejar pasar el tren de los avances de todo tipo (por ahora; aunque ya llegará el momento de decir «basta»), pues vamos entrando por los caminos que nos van marcando unas inteligencias ¿superiores?, que no siempre van buscando el bien común, sino el medro económico personal u otros turbios e inconfesados propósitos.

Ahora, casi todo, está en “la nube”: un lugar oscuro y no tan etéreo, con realidad física, en cualquier parte lejana y distante del planeta, en el que habitamos físicamente y en donde se almacenan nuestros datos más personales o banales para que alguien, además de nosotros mismos, los use con la intencionalidad de sacar provecho, muchas veces sin nuestro consentimiento; a pesar del montón de leyes de privacidad que quieren vendernos, para que estemos tranquilos.

Si juntamos eso con los nuevos electrodomésticos caseros, nos estaremos metiendo -poco a poco- en camisa de once varas, ya que cada vez son más sofisticados y están dotados de inteligencia artificial portentosa, mientras van almacenando nuestros datos, con doble fin: por un lado, tener tu casa a punto y que no le falten los suministros o bastimentos imprescindibles; por otro, que alguien quede enterado de hasta cuántas veces te levantas por la noche para ir al baño…

Ya mismo, nuestra despedida más cotidiana y fraterna va a ser: «¡Nos vemos en la nube!»; aunque haya otros que ya se encuentren en ella, sacando pingües beneficios a nuestra costa.

Sevilla. 3 de octubre de 2019.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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