“Anónimo veneciano”

Por Fernando Sánchez Resa.

Voy a relatar cómo me fue y lo que sentí aquel miércoles, 22 de abril de 2015, cuando me personé en el Hospital de Santiago de Úbeda (Jaén), con el ánimo anhelante de visionar una película italiana que llevaba tanto tiempo rondando en mi cabeza: “Anónimo veneciano” (Anonimo veneziano, 1970), dirigida por Enrico Maria Salerno, siendo su opera prima.

Al cambiar de día habitual (los jueves), la asistencia de los cinéfilos incondicionales se resistió un poco; no obstante, estuvimos los que queríamos estar; y bien que lo disfrutamos.

Juan nos contó, sin desvelar más de lo necesario, por no querer ser un spoiler, la película que íbamos a visionar, dándonos unas pinceladas verbales de cuando él lo hizo, a sus 17 años; precisamente en una primavera y quedando enamorado de la película (estando enamorado él también, por aquel entonces), como suele ocurrirle a casi todo el mundo en esa maravillosa edad en la que queda tanto por hacer y descubrir, envuelto en un hálito de color rosa…

Nos adelantó que le gustó mucho la música. Después, al visionarla, me acordé que me sonaba mucho aquella triste letra: «Quisiera ser tu amor, poder estar donde tú estás». Había algunos de los asistentes que ya la habían visto y querían volver a visionarla. Incluso alguna espectadora, cuando acabó la proyección, puntualizó que la versión que nos habían puesto se había saltado determinadas escenas de las que se acordaba perfectamente, pues se le quedaron muy impresas, cuando la vio por primera vez.

El argumento es la pequeña-gran historia de dos personajes: Enrico (Tony Musante), oboísta en La Fenice que aspira a ser director de orquesta, pero que le diagnostican una enfermedad fatal; y Valeria (Florinda Bolkan), que ha creado otra familia en otra ciudad, tras su separación, y se da cuenta de que aún ama a Enrico.

Se encuentran en Venecia, para tratar de saldar su divorcio -no consumado- pues, por aquel entonces, todavía no se había aprobado en Italia (1970); por lo que son marido y mujer, pero llevan bastante tiempo separados y quieren resolver definitivamente el asunto de su matrimonio que anda ahí, en el limbo real que no legal, pues son marido y mujer ante Dios y ante la Iglesia. Lo que sirve de excusa para ver el ángulo más turístico y, a su vez, más recóndito y pueblerino -como la ropa tendida, en medio de los tendedores de las calles…- de esta universal urbe. Todos los espectadores esperábamos que ese día nos pusiesen una película con final feliz; mas, como la vida misma, su director nos mostró la cruda realidad de la vida cotidiana que no perdona nada ni a nadie, siguiendo siempre su curso natural.

Además de la música compuesta por Stelvio Cipriani, en la banda sonora se incluyen la 5ª sinfonía de Beethoven y el “Concierto en Re menor” para oboe y orquesta de Alessandro Marcello, dirigidos por Giorgio Gaslini.

La verdad es que nos encantó a todos, pues la ciudad de Venecia es retratada como la recordábamos más de uno, cuando fuimos a visitarla con los salesianos de Úbeda: una ciudad extraordinaria y de contrastes, con sus luces y sus sombras, aureolada de una historia de amor que se hunde como la propia ciudad; aunque así lleva haciéndolo cientos de años.

Ambos protagonistas van rememorando los diversos momentos por los que pasaron en su desenfrenada relación amorosa, que ha terminado en un fracaso total. Se palpa la diferencia de cómo se reciben en la estación de ferrocarril y en el devenir pausado de la cinta cinematográfica. Hay momentos de fuertes discusiones en solitario y hasta en plena vía pública; y de reconciliaciones y recuerdos tiernos, reafirmando la relación amorosa tan intensa que los ha dejado marcados para siempre.

Se rodó en Venecia, en otoño de 1969, y obtuvo 2 David de Donatello (actriz y director novel) y 2 Nastro d’Argento (fotografía en color y música), y se estrenó el 30 de septiembre de 1970. La acción tiene lugar a lo largo de un día de finales de septiembre de 1969, en el que se evocan escenas de antaño, mientras Enrico desea la compañía -por un día- de la mujer que ha sido el gran amor de su vida, ante la cercanía de su muerte, pues vivieron un amor arrebatador que se fue al garete por culpa del choque de sus fuertes caracteres y por tratar de imponerse el uno al otro. No supieron colaborar en pie de igualdad para que su amor no se fuese al traste; cometieron, al fin y al cabo, un error de juventud que catapultó su separación. Por eso, es saludable y útil revivir el pasado. Quedé emocionado por el paralelismo que se establece entre la muerte lenta e irremediable de Venecia y la de Enrico, como hicieron otras películas («Muerte en Venecia», 1971, etc.).

La espléndida fotografía de Marcello Gatti muestra bonitas perspectivas de una ciudad preciosa y frágil que sigue atrayendo continuamente al viajero, turista o simplemente visitante.

Con la excusa de contar esa historia amorosa, se va repitiendo -cadenciosamente- el anónimo veneciano de los siglos pasados, aunque toda la película es un ir y venir, jugando y entretejiendo esos hilos amorosos, quebrantables y quebradizos, que nos hacen sentir envidia -por un lado- y pena -por otro-, al comprobar cómo una bonita relación amorosa se rompe, como el frágil cristal, en cuanto es golpeada por diversas situaciones, ambientes o personas; especialmente, por culpa de los propios componentes de la pareja, que pasan del amor al odio en un santiamén, siendo los principales instigadores y provocadores de la ruptura, al no haber comprensión entre ellos, sino ganas de hacerse daño, sin que ninguno de los dos ponga algo de cordura. ¡Cuánto me suena este comportamiento, en nuestra sociedad actual, con los divorcios express!

Una gran película, como las muchas que pone, en ese recóndito e imperecedero lugar ubetense, Cineclub “El Ambigú”, que me sirvió para meditar y filosofar; también, para soñar e identificarme con ambos protagonistas, puesto que apela a la sensibilidad y a la hondura sentimental de cada espectador, dependiendo de la empatía que se posea. Venecia siempre será el lugar ideal para enamorarse eternamente y “Anónimo veneciano” me dejó el regusto de ser una película hecha con talento.

A su término, los aplausos sonaron algo más que la semana anterior.

Y, como premio tangible e inesperado, nos pusieron un cortometraje de western: “Pagaron justos por pecadores”, que ya vimos en el Ideal Cinema en otra ocasión, de Antonio José López Expósito y Javier Godoy Cejudo, dos ubetenses acérrimos; y que fue premiado por RTVA a la mejor obra andaluza, en la sexta edición de Almería Western Film Festival; pero que nuevamente lo había trabajado su director, promotor, productor y realizador, Antonio José López Expósito, que tuvo la amabilidad de explicarnos el duro trabajo elaborado, confirmándonos que ésta era la segunda parte, de las tres que piensa hacer y de las que se compone su historia completa; ya que, una vez repasada en el estudio, se percató de ciertos fallos, que había corregido, y quiso presentárnosla nuevamente.

Fue del agrado de todos los asistentes, siendo felicitado por ello. Él mismo nos aclaró que siempre había tenido en mente hacer una película del oeste ya que, cuando proyectó de pequeño -él solito- Los siete magníficos, quedó fascinado, debido a que su padre fue toda la vida proyeccionista de películas en Úbeda y ambos profesan un amor incondicional al mundo del cine. Por eso, atesora películas de diversos metrajes, formatos y tamaños antiguos que son un tesoro viviente del séptimo arte ubetense. No deberíamos olvidarlo y tenerlo presente, pues todos tenemos la obligación de apoyarlo, puesto que ha invertido todo su capital financiero y personal en este proyecto, tratando de convertir su sueño en realidad; pero aún le queda un corto, pero difícil camino por recorrer.

La marcha a casita se hizo todavía más liviana, charlando sobre ambas películas y de los temas de rabiosa y macabra actualidad, como el asesinato de un profesor en Barcelona a manos de un alumno de 13 años. ¡Qué horror; cómo están las cabezas!

¡A pesar de todo, qué bello y maravilloso es el amor…!

Úbeda y Torre del Mar, 18 de agosto de 2019.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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