La Sevilla americana de Murillo, y 3

Por Fernando Sánchez Resa.

Una vez consumida la primera parte de la visita, dentro de esta destacada mole de piedra rodeada de una escalinata por los cuatro costados, salimos a la calle para dirigirnos a su fachada lateral norte, en donde se encuentra la Cruz del Juramento, lugar en el que se cerraban antiguamente los tratos con un apretón de manos; mientras, los villancicos de la calle Constitución suenan alegremente, haciéndonos volver a la realidad cotidiana, con las casetas puestas para vender figuras de belenes, pues todavía en esta bendita tierra se continúa con esta bella tradición. Por eso, todos los años, por estas fechas y en sus aledaños, se celebra la Feria del Belén, con belenes napolitanos adaptados a la idiosincrasia andaluza y sevillana, algunos muy graciosos, por cierto. En esta ocasión ya iban por la XV.

Observamos, a su vez, que en las paredes exteriores del Archivo de Indias hay unas inscripciones rojizas. Son “graffitis” de la época; aunque, en realidad, eran vítores que se ponían en las paredes de este edificio emblemático para conmemorar celebraciones o en señal de reconocimiento a alguien por haber conseguido un doctorado.

Después, llegamos al único arco gótico callejero sevillano que está en Miguel de Mañara, donde existe una placa recordando a nuestro Cervantes universal, mientras la fotografío sabiendo que nos encontramos cerca del Postigo del Alcázar en la novela ejemplar Rinconete y Cortadillo.

Luego llegamos a la siguiente plaza para ver la fachada de la Casa de Contratación, que aunque en un tiempo estuvo dentro de lo que hoy es el Alcázar, ahora ya no es así, desvelándonos -el guía- que tiene un precioso patio al que es muy difícil acceder, aunque él lo hubiese visto -alguna que otra vez- enseñándoselo a grupos de turistas. Aprovechó para contarnos su historia y cómo empezó a funcionar en 1503 hasta que cerró en 1790.

Seguidamente, marchamos a la Plaza de la Inmaculada y, ante los pies del monumento que le da nombre, nos explicó que esta imagen está sacada de cuando canonizaron a San Fernando por la vía rápida, sin que se produjesen milagros al respecto, remarcando las características de sus Inmaculadas (enterándonos de que realizó alrededor de 20), todas inspiradas en las letanías a la Virgen, y que siguen -en parte- el canon impuesto por Francisco Pacheco, suegro de Velázquez: mujeres inmóviles, de manos en posición de rezo y figura cerrada; pero mediante rostros bellos y juveniles, formas blandas, colores claros y de tono pastel que buscaban conectar emocionalmente con el espectador, rompiendo con el estatismo anterior y dotándolas de un vigoroso dinamismo y sentido ascensional, intuyéndolo por el movimiento de la capa, a la vez que cambiando la túnica roja por blanca y tomando solo la luna a sus pies, poniéndole angelitos en suelo o cielo… ¡Quién no ha tenido más de una reproducción, en su casa, como estampita devocional o caja de carne de membrillo!

La vigésimo tercera parada la hicimos bajo el arco del Patio de Banderas, en donde está un retablo de san Fernando y la Inmaculada, con su nueva iconografía, dándonos una explicación sustanciosa. Cuando pasamos por el Patio de banderas, nos indicó la casa desde cuya azotea, si la magnanimidad de su ama lo permite, pueden verse los tejados de la Casa de Contratación.

Y proseguimos callejeando junto al Real Alcázar de Sevilla para adentrarnos en el barrio de Santa Cruz y llegar a la plaza de doña Elvira, donde Sergio nos comentó que la fuente de taza que allí luce estuvo, en otros tiempos, en un convento de carmelitas descalzos.

Finalizamos, la larga visita, en la plaza de la Santa Cruz, concluyendo Sergio su extensa disertación, ante el cartel de la que fue la antigua iglesia de la Santa Cruz; asegurando que, si los estudios futuros no dicen lo contrario, Bartolomé Esteban Murillo estuvo enterrado en ella, antes de que la destruyeran los franceses; aunque no hay más detalles al respecto, pues ni Murillo sabía que 200 años más tarde sería derrumbada esta iglesia ni que sus restos serían mancillados por los gabachos. No cree que este destacado pintor sevillano estuviese sepultado en un enterramiento de algún noble, pues ningún hombre rico cambiaba “su cachito de cielo para la eternidad” por más que Murillo fuese un artista como la copa de un pico.

Y con el sol luciendo esplendoroso, en el diáfano y azulado cielo sevillano, nos despedimos dándole un fuerte aplauso a nuestro guía, que se había hecho acreedor de nuestro sincero agradecimiento, por habernos tenido entretenidos, aprendiendo historia y anécdotas de Murillo y del edificio emblemático del Archivo de Indias, tan largo tiempo. Todo ello y otras visitas anteriores fue debido a la deferencia del ayuntamiento hispalense que, por mediación de distrito Casco Antiguo, nos ha ido instruyendo sobremanera sobre muchos de los rincones de esta bella y alegre tierra.

¡Muchas gracias a todos los que lo han hecho posible durante el tiempo que llevo viviendo en Sevilla! Soy de los que creen que la cultura y el saber son los mejores asideros contra la barbarie y la ignorancia de cualquier pueblo soberano que se precie…

Sevilla y Torre del Mar, 17 de agosto de 2019.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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