Don Juan Tenorio, y 2

Por Fernando Sánchez Resa.

La tercera parada se produjo en la plaza de doña Elvira, de resonancias flamencas, pues algunas canciones en azulejo así lo delatan. Es uno de las muchos espacios creados exprofeso para la exposición de 1929, puesto que aquí vivieron en un tiempo los judíos; y, al serles confiscadas sus casas y bienes, cuando se marcharon obligados en 1492, cayeron en manos de los cristianos sevillanos, más bien pobres, porque los ricos no querían mancharse con ese baldón. Y mucho más tarde tiraron sus edificios e hicieron el barrio hollywoodiense actual para que las fortunas ricas viniesen a la exposición del 1929 e invirtiesen en Sevilla su dinero. Gran diferencia tuvo este evento con la Expo del 1992, que fue hecha para que la visitase todo el que quisiere y pudiese, fuese o no rico, de todo el orbe mundial.

Luego, pasamos a hacer la cuarta estación, en la plaza de Los Venerables, en donde hicieron una representación teatral don Luis Mejía y el propio don Juan Tenorio, retándose a ver quién era más conquistador, vencedor de duelos, sinvergüenza, etc. También, Dani nos contó la inmortalización del hostal del Laurel, que fue la taberna en la que don Juan y don Luis habían acordado reunirse -transcurrido un año- después de su apuesta, porque allí paró José de Zorrilla y fue en donde escuchó muchas historias de lances, amoríos y engaños de los pilluelos y muchachos que por allí circulaban; añadiéndole las historias de Miguel de Mañara, en su juventud, quien luego las purgaría, metiéndose a religioso y haciendo penitencia. Nos señaló -incluso- la ventana del bajo desde la que escribía y observaba el irrepetible ambiente sevillano.

La quinta parada la hicimos callejeando por entre las calles estrechas de este afamado barrio hasta llegar a la plaza Alfaro, cerca de donde está un bello trozo de Úbeda, procedente del palacio de los Arandas: la casa de los marqueses de Pickman, en la calle Lope de Rueda, 21. En esta recóndita plaza, Dani señaló una ventana, con su reja endiablada -que está cuadriculada y embutida-; por eso se le llama reja del diablo; aclarándonos que solo hay dos en todo el mundo: la que veíamos y otra que anda en Viena, pero que también es de factura sevillana.

Nos habló de algunas de las obras de teatro o musicales que se han escrito sobre Sevilla o en Sevilla: Carmen de Georges Bizet, sobre las cigarreras de la fábrica de tabacos a principios del siglo XIX; el Don Giovanni de Mozart, señalando el balcón que inspiró a su autor, en esa misma plaza; don Juan Tenorio de José Zorrilla…

Luego marchamos en comandita y tranquilamente, acompañados del frescor de la noche sevillana, bien abrigados y contentos, para asistir a una nueva teatralización de la archiconocida escena de don Juan y doña Inés en la misma plaza de la Santa Cruz, mencionando que no fue abierta para la exposición de 1929, sino que fueron los gabachos invasores los que dinamitaron la iglesia que había en su centro y en donde seguramente estarían los restos de Murillo, pues murió tras haber caído de un andamio en esta iglesia, según una de las versiones más fiables de su fallecimiento. Allí se produjo una escena de amor -que no por conocida era menos esperada- con sus dos principales personajes vestidos de época romántica y recitando sus famosos y conocidos versos.

La séptima estación se produjo en la plaza de Los Refinadores, con su monumento a José Zorrilla, en bronce, medio a oscuras, y con un indigente a punto de acostarse, oyendo las noticias de la radio, aunque tuvo la deferencia de apagarla para que escucháramos la explicaciones del guía.

Y para finiquitar la tournée, paramos en la plaza de Las Cruces, que era un antiguo humilladero, donde volvieron a teatralizarnos cómo don Juan Tenorio pide clemencia a Dios para salvar su alma, mientras doña Inés le ayuda a calmar amablemente su honda ansiedad y su gran pena.

Contó Dani que también había otras cruces en las calles sevillanas, con el fin de que los borrachos o jóvenes marchosos de la época no se measen en las fachadas de estas casas, por el repelús que les provocaba ver una cruz, yéndose a orinar a otro lado.

Los aplausos del público, tanto para el cuadro teatral -por su buena voluntad, bien demostrada- como para Dani -por las jugosas y entretenidas explicaciones dadas-, no se hicieron de rogar, mientras los asistentes se dispersaron pacíficamente, buscando consuelo alimenticio o refugio en el descanso, ya que la fresca noche no acompañaba para estar de tapeo en la calle.

Y con la mente puesta en todo lo que habíamos oído, visto y sido representado sobre José Zorrilla y su inmortal obra, potenciada al máximo por la ambientación descrita, acabamos por transportarnos todos los asistentes, gracias al túnel del tiempo y a nuestra propia imaginación, a lo acontecido en la Sevilla romántica de 1844.

Precisamente eso es lo más bonito y encantador que tiene la cultura, la música y el teatro: que la soñadora imaginación, la loca de la casa, te lleva a otras épocas o lugares sin ni siquiera haberlos visto, vivido o visitado.

Torre del Mar, 10 de agosto de 2019.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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