¿»Amor y pedagogía»… en Extremadura?

‑Anormal, anormal… no se puede decir que lo sea, pero este niño tiene un claro desequilibrio psicológico ‑era el diagnóstico que la psicóloga de la guardería hacía de mi hijo Diego después de que éste, en un descuido de su maestra, se hubiera colado en la secretaría y hubiese “ordenado” fichas, documentos, decorado…
Por un momento, y como en un golpe de flash, todo a mi alrededor se volvió blanco y estático.
‑¡Dios mío! ¿De qué parte de la familia de mi mujer habrá heredado este niño ese desequilibrio? ‑me preguntaba yo mientras conducía a todo gas mi velocísimo 850, ya de vuelta a casa con Diego‑. Tengo que consultar cuanto antes mis libros de Psicología.

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Historias de la puta mili (universitaria, por más señas)

 

(De cómo un infeliz aspirante accedió a la fama sin derramamiento de sangre ni riesgo de vidas o haciendas)

 

En el verano del 65 le tocó a mi generación Safa abrazar temporalmente el noble ejercicio de las armas. Pienso que casi todos optamos por las llamadas Milicias Universitarias que ‑aclaro para los más modernos‑ era una mili elitista hecha a medida de los universitarios para que no perdieran cursos, por lo que se hacía en los meses de verano, coincidiendo con las vacaciones. Naturalmente no era suficiente un verano, sino tres: el primero ibas de aspirante, o sea, milicio sin graduación; el segundo verano ya tenías consideración de sargento; y si no habías hecho el ganso más de la cuenta, el tercer verano ya ibas a un campamento o a un cuartel, con el grado de alférez, a que los militares profesionales se rieran un poco de ti. Haberte divertido en demasía podía suponer que las, llamadas, prácticas las hicieras de sargento, lo que significaba, se diga lo que se diga, una cierta humillación, a tenor de lo jerarquizada que es la institución militar. Esa amenaza era sin duda un acicate incluso para los que presumían de antimilitarismo, los pasotas, como hubiéramos dicho, de existir entonces la palabra.

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La venganza de «El Alimoche»

Después de dos años en la sierra de Cádiz, mis pecados y cierta ignorancia me llevaron a Cataluña. De primeras me adjudicaron una Unitaria en Badalona de donde, por una merecida supresión debida a las pésimas condiciones del local, pasé a un Colegio enorme. Hablamos de los primerísimos setenta, una época en la que estos centros hervían de políticas y por tanto de rivalidades enconadas que se sumaban a las naturales antipatías que inevitablemente se crean en estos colectivos a cuenta de las injusticias de siempre en el reparto del trabajo, y del increíble egoísmo que se respiraba en corros, pasillos y reuniones. Eran los tiempos de las ahora casi olvidadas permanencias, cuyo cobro y reparto producía vergonzosas discusiones a cuenta de la falta de celo que algunos demostraban en la exigencia del pedagógico tributo.

 

 

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Apuntes sobre la Asamblea de 2005

No quería dejar pasar más tiempo sin asomarme por aquí para haceros algunos comentarios sobre la última Asamblea, si es que no estáis muy ocupados con otros menesteres más interesantes.
En primer lugar, quiero felicitar a todos los implicados en la consecución de la misma, en especial a Berzosa. Ahora que tan de moda está lo de pasar a “segunda actividad” para retrasar la jubilación, él ha hecho de su dedicación a la Asociación la suya. Lo malo es que todos dicen ganar más cuando pasan a este estadio y no creo que este sea su caso.

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Don Sebastián Rodríguez

Queridos compañeros, antiguos alumnos de Las Escuelas, esposas y familiares, apreciado Stephan, entrañable Padre Mendoza, distinguido Padre Rector, queridos y admirados Sebastián y Mercedes. Quiero deciros que aquí, entre vosotros, siento una alegría distinta y una satisfacción indescriptible. Es un lujo y un orgullo formar parte de este auditorio de afecto y de cultura. En un acto tan hermoso y tan solemne, como es volver al colegio y participar en esta reunión de antiguos alumnos, me faltan palabras y me sobran nervios para expresar tantos sentimientos y tantos recuerdos. Y aunque sé que no es lo más correcto, permíteme que, por un momento, deje a un lado el tratamiento de ilustrísimo señor, que por tu carrera excepcional te corresponde y adopte el amistoso “tú”.

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Presentación de «monsieur» Stephan de Vos

Ilustres compañeros, queridos asociados, amigas y amigos todos:
Presentar al Sr. De Vos a estas alturas de la historia parece una osadía, mas me vais a permitir que intente perfilar un retrato que, depurado por el transcurso de los años, pueda enmarcar su figura en el espacio y el tiempo.
Stephan de Vos, don Esteban, fue una especie de lo que ahora se llamaría un profesor asociado, que convivió con muchos de nosotros y de alguna manera asimiló los avatares educativos de la época.

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Saludo

Transmitido por Manuel Ballesta Maqueda.

 

“Canto y canto. Y, cantando, más allá de mis penas, mi vida ensancho”.

 

Y hoy, desde el borde del tiempo, contaros quiero cómo me reaviva y consuela imaginarme abrazándoos en la puerta del Colegio. Y así dar suelta a mis brazos. Que casi medio siglo he vivido con el corazón hecho un palomar de abrazos reprimidos…

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Entrevista a Sebastián Rodríguez Espinar

Publicada en Úbeda información, el 29 de octubre de 2005, página 11.
 
Catedrático de Orientación Educativa en la Universidad de Barcelona.

 

Casi cuarenta años de ejercicio profesional y otros diez de preparación para ejercerla avalan la trayectoria de Sebastián Rodríguez Espinar. Con motivo de la Asamblea anual de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Escuela Universitaria de Magisterio de la Sagrada Familia de Úbeda, dará una conferencia sobre “La calidad de la educación en el siglo XXI”. El catedrático de la Universidad de Barcelona nos adelanta su visión sobre el sistema educativo.

 

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La vida en un columpio

Por Emilio Hernández.


Jesús, dices que tu vida ha discurrido sobre un columpio permanentemente en marcha y dudoso entre lanzarte hacia adelante o hacia atrás, y así sigues, ahora que tu vida se ha tornado en un movimiento pendular más sosegado, con menos ángulo, como si el material columpio, ya tan impregnado de ti, apreciara que su viajero en cualquier momento le va a abandonar, le va a dejar huérfano después de más de ocho décadas de constante ocupación y compañía; se va a marchar sin posar los pies en ningún suelo, con alas doradas, al palomar del horizonte inmenso de la Tierra de Campos, allí donde la vista humana no distingue el cielo de la tierra.
Lo del columpio de la duda, vale; pero, cuando el otro día nos reunimos en Valladolid unos pocos de los tuyos, pude apreciar que tantos años de vaivén, de ir y volver, no han sido capaces de marear tu alma, tu corazón, tu voz… Tu voz sonaba igual de rotunda que cuando hace cuarenta años enredabas ya entre los jesuitas de las escuelas de Cristo Rey, tratando de innovar sin que se notara mucho, porque la inercia era y es la fuerza más dominante en las instituciones establecidas y añejas, quizá un poco rancias, y no está ni estaba bien visto por las jerarquías que alguien que ni era ni dejaba de ser cura tuviera ideas un tanto revolucionarias sobre el sistema educativo y pedagógico. Lo revolucionario ‑permítemelo como licencia‑, convendrás conmigo ahora que es muy bonito mientras se planifica y se lucha; pero, al final, debajo de los adoquines, no hay arena de playa…

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Corazón de payaso

Obediente y por gozarme en los recuerdos, reseñé a colegas de mis años en Úbeda.
Pensar en una galería de alumnos me tienta como clasificar estrellas… que sólo maravillas podría consignar. Pero tantos… y tan premioso el tiempo. Dejadme que hoy, por justa compensación, os hable de otros pastoreos.
No; no sólo los de Úbeda. Tengo otras ovejas que también llenan el redil de mi vida. Y hoy también me abruman en gozo y consuelos.

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