Un ejemplo de vida: el padre Bermudo de la Rosa, y 4

12-07-2011.
El padre Bermudo fue un hombre muy querido por todos por su grandeza de corazón, por su discreción absoluta, por su entrega y su pasión por nosotros. Su único objetivo fue siempre ayudar y ser útil a las familias necesitadas de Andalucía, sin buscar el aplauso, sin afán de notoriedad, arriesgando incluso su seguridad personal. Su recuerdo despierta en mí la fuerza, la ilusión y la fe firme e inquebrantable de mis años de internado. Hace poco, cuando nos encontramos de nuevo los compañeros de aquel curso, treinta años después, algunos ya acompañados de nuestras esposas, quise también que mi hija, entonces de diez años, conociera las clases, los pasillos, los dormitorios y la iglesia, fuente de tantos recuerdos y vivencias.

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Un ejemplo de vida: el padre Bermudo de la Rosa, 3

03-07-2011.
Había empezado la política de becas. Casi todos teníamos alguna ayuda, aunque los más afortunados eran los de Formación Profesional, que recibían en algunos casos alrededor de veintidós mil pesetas por curso. Esta cantidad debía cubrir los gastos de estancia, formación, alimentación y transporte del titular de la beca. En aquel tiempo, una cifra así era un verdadero dineral. De este importe, el colegio se quedaba con una parte y entregaba el resto a los alumnos. Repartir, aunque sea el progreso, siempre es difícil y a pesar de que la cifra que el colegio devolvía ‑creo recordar‑ era de unas cinco mil pesetas, como las necesidades familiares eran tantas, hubo algunas protestas y descontento; y, finalmente, una especie de “rebelión de los becarios”.

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Un ejemplo de vida: el padre Bermudo de la Rosa, 2

18-06-2011.
 «Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis y se realizará. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto sea duradero. De modo que todo aquello que pidáis al padre en mi nombre os será concedido».
El padre Mendoza iniciaba la inesperada plática de aquella tarde con estas palabras del evangelio de San Juan. Nos habían reunido a todos los alumnos de Magisterio, desde “Prepa” a octavo curso, en la iglesia del colegio.
Llegaron más tarde los de Formación Profesional. El rector se encontraba en Madrid buscando ayuda para la institución. Los problemas parecían muy graves; tanto, que aquella noche haríamos turnos de vela ante el Santísimo para pedirle que, en Madrid, atendieran y ayudaran en sus demandas al padre Bermudo. La situación era crítica a juzgar por la solemnidad y la tristeza que reflejaban los rostros de curas y profesores.

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Un ejemplo de vida: el padre Bermudo de la Rosa, 1

02-06-2011.
Corrían los primeros días del mes de noviembre. Aquel año había sido especialmente lluvioso y las piedras de los edificios que componen el conjunto de la explanada del colegio mostraban sus tonos dorados más intensos y brillantes que de costumbre. Una bruma, más propia del norte que de una ciudad andaluza, humedecía el ambiente, envolviendo en suave niebla la escena de aquella mañana de otoño en el internado. Decía Rafael Alberti que «siempre asombra el otoño más que la primavera».
Era mi primer curso en Úbeda. Atrás quedaron los cuatro de internado en Villanueva y, a pesar de mis pocos años, ya era un veterano en la Institución. Podría decirse que a pesar de no ser muy voraz, por aquel entonces ya habría consumido unos doscientos cincuenta kilos entre garbanzos y lentejas. En la Safa, cuando se trataba de establecer el tiempo que faltaba para que un alumno terminara su proceso de formación y abandonara las Escuelas, siempre se recurría a la ironía y a los garbanzos o a las lentejas para dejar sentado que no era cosa de días: «¡No te quedan a ti garbanzos que comer!», nos decían los mayores, en plan de burla.

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Una magnífica persona: don Doroteo Ocaña

12-05-2011.
Últimamente está de moda pedir perdón por casi todo. Se pide perdón, generalmente, cuando ya no hay remedio ni solución posible. A buenas horas mangas verdes; pues sí, a buenas horas; pero la forma es la forma, y lo “correctamente político” se impone y hay que hacerlo.
El gobierno alemán ha pedido perdón por el holocausto nazi, el Presidente Clinton por el Séptimo de Caballería y por el exterminio de las tribus autóctonas. El Parlamento español ha condenado también la Guerra Civil después de 60 años. La Iglesia, por los momentos históricos de abuso de poder (Galileo, la Inquisición, etc.) ha entonado su particular “mea culpa”. Me consta que Almunia está pensando aún en cómo pedir perdón a Borrel por el pucherazo de Gaspar Zarrías, ahora que ya no vale para nada. No obstante, existen fundadas dudas de si lo hubiera hecho en el caso hipotético de ganar las elecciones. Sinceramente, creo que no, pero ha pasado tanto tiempo… Se dice que el Presidente del Madrid pedirá próximamente perdón al Barça por los arbitrajes que “sufrió”, a través de los años de “la oprobiosa”. La directiva del Barcelona, en justa reciprocidad, no tardará en plantearse que ellos también deberán demandar piadosa absolución por los abusos de los trencillas, en la era Villar-José M.ª García.

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La gracia de Andalucía: el padre Rafael Navarrete, y 2

21-04-2011.
Aquellos días fueron de los mejores de mi estancia en el internado.
Al fin llegó el dieciséis de marzo. Al día siguiente, salíamos para Valencia. Algo nervioso, con mi sobre cerrado y las doce mil quinientas depositadas en él, me dirigí, como había venido haciendo desde hacía dos o tres semanas a las oficinas de Autocares Hernández. Ya me esperaba.
—¿Qué tal muchacho? Buenos días.
—Buenos días —contesté, fingiendo cierta preocupación—.
—¿Pasa algo?
—No, señor; es que al final sólo he podido conseguir doce mil quinientas pesetas. Se las he traído en este sobre; pero, si no son suficientes, no podremos viajar.

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La gracia de Andalucía: el padre Rafael Navarrete, 1

29-03-2011.
Hace unos meses, me reuní con Manolo Valenzuela y María José, su esposa. Decir que Manolo está igual, me parece excesivo, pues treinta y cinco años son algo serio. No obstante, su aspecto es magnífico y mantiene una extraordinaria mentalidad positiva y vital; su esposa, un encanto.
Me habían llamado con antelación, para anunciarme que venían en viaje turístico‑cultural a Barcelona y que les gustaría verme.
Al cabo de unos días, me llamaron desde el hotel. Habían llegado a Barcelona y, más o menos, hacia las siete y media de la tarde creían que terminaría la visita programada al museo de Historia de la ciudad.

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Un hombre de Dios: Jesús Mendoza, y 4

12-03-2011.
A poco de llegar a Barcelona, vino a visitarnos a nuestro primer piso en Hospitalet de Llobregat y compartió con mi madre y conmigo nuestra humilde mesa que, a buen seguro, aquel día y en honor del invitado abandonaría algo de su habitual sobriedad.
—Compré carne y estaba muy dura. ¡Claro, como nunca compraba!, no sabía cuál era la buena y la menos buena —dice mi madre, cuando juntos recordamos su visita—.
Aquel piso tenía cuarenta y siete metros cuadrados y vivíamos en él mi madre y yo. En el simétrico al nuestro, que tenía las mismas medidas, vivía una familia de ocho personas y, además, tenían tres realquilados: en total once. Nunca me expliqué cómo podían vivir.

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Un hombre de Dios: Jesús Mendoza, 3

27-02-2011.

Por mi parte, sigo enamorado de aquella época de honradez, de sinceridad, de trabajo y de paciencia. De la idea del Dios bueno, sencillo, humilde y simpático de Jesús Mendoza. Si volviera a sus clases, me gustaría preguntarle qué opina de ese Dios ambiguo, tibio e indefinido, que nos presentan los Yanes, los Setién, o el tal Blázquez. Estoy seguro de que me contestaría con paciencia infinita, con la misma que soportaba nuestras rebeldías y afrontaba aquel torrente de preguntas maliciosas a que le sometíamos continuamente. Unas veces en materia de sexto:
—Padre, ¿bailar es pecado?
—Padre, ¿hay que confesarse por coger la mano de una chica?
—Padre, yo he visto una película 3R y no tenía nada.
—Padre, ¿es pecado besar a las chicas? ¿Y si no es en la boca?
—Padre, ¿es verdad que el órgano que no se usa se atrofia?
—Padre, ¿leer novelas policíacas es pecado? ¿Y del oeste?

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Un hombre de Dios: Jesús Mendoza, 2

Estos pensamientos, que un día Jesús sembró en nosotros con paciencia infinita y que quizás en alguna ocasión olvidamos, sorprenden a veces brotando de nuevo, verdes y hermosos, del tronco de nuestra alma, «Con las lluvias de abril y el sol de mayo», como brotaba la vida del «Olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido» que sorprendió a Machado.
José Lorite me recordaba, no hace mucho, que en el colegio yo tenía fama de inconformista, rebelde y protestón hasta el punto que, según él, eso me restaba popularidad y aceptación por parte de algunos de mis compañeros.

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