Conversos

06-07-07.
Ya sé que lo que escribo está contaminado de incredulidad y de desconfianza crónicas.
Me declaro incrédulo de muchas cosas, descreído de otras más y absolutamente relativista (cosa que sabemos está harto prohibida por la autoridad vaticana). Y también me declaro desconfiado, antagónico del optimismo irracional sembrado por los filósofos franceses de la Ilustración (¡ah, Rousseau, cuánto mal has hecho!), desconfiado de la bondad innata del ser humano, desconfiado de lo impuesto porque lo dice “la autoridad”, desconfiado de los manipuladores de conciencias, de ideas…
 

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El seminarista

01-07-07.
Me desperté sobresaltado.
¿Había gritado yo o lo habían hecho otros? Me di cuenta de que el sobresalto obedecía no a un grito, tal vez realmente producido, sino a un fuerte dolor que me subía del brazo izquierdo.
Estaba oscuro, muy oscuro. Y silencioso. Sabía que era una cama donde me encontraba tendido por las sábanas que me cubrían, por la profundidad de la almohada. Y, posiblemente, en un hospital, pues olía fuertemente a desinfectante, a yodo. El dolor también provenía de la cabeza y del pecho. De todo el cuerpo. El brazo estaba inmovilizado y cubierto de vendas rígidas, pero el más leve movimiento me producía un sufrimiento mayor que el anterior.

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El rescate

23-06-07.
Acudimos en cuanto estuvimos listos.
Un sargento, tres camilleros y yo al mando. Empujando aquel carretón con ruedas, que había servido para trasladar a tantos desgraciados (y que seguiría sirviendo, para catástrofe de todos, aunque yo no lo sabía). Corrimos calle abajo, traqueteando, vibrando el maldito carro‑camilla en las piedras brillantes, lisas de la calzada.

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A modo de obertura

La catástrofe más grande que le puede suceder a cualquier país es la guerra.
La guerra acaba consumiendo todas las energías de todos los que intervienen en ella. Degrada a los hombres, envilece las instituciones, destroza los recursos. Los efectos de la guerra no son comparables, no son justificables, con los fines pretendidos. A menudo estos fines son fútiles, inconcretos, injustos y de poca altura.

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«Cámera» café

01-06-07.
En jornadas sectoriales, habidas en el curso 2004/05 del área de la Enseñanza Permanente, se informaba, por el alto cargo asistente de la enseñanza andaluza, de que se pretendía llegar a la convergencia con el nivel de la media europea allá por el 2010. Estaba ella muy preocupada…
En reunión “informativa” al claustro, curso 2006/07, se nos comunicaba que el nivel de “competencia curricular” del Centro no había salido todo lo bueno que debiera. En la misma sesión, se nos informaba de que «el nivel de “competencia curricular” de la enseñanza andaluza andaba poco menos que al par del habido en Mauritania» (sic). Estaba muy preocupada…

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Un soborno… por la transcripción

24-05-07.
Un artículo es como un enigma, salvo que tengas muy clara y determinada la idea sobre la que vas a trabajarlo.
 
Por eso entiendo la dificultad que los articulistas asalariados y fijos de los medios de comunicación han de tener a veces para entregar cada día o cada semana esas líneas de obligado cumplimiento y de obligada línea editorial y de pensamiento.
 
 
 

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Aclaración

07-05-07.
Bueno es que se conteste a Diego Rodríguez solo a modo y manera de matización de lo último escrito, amén de otras consideraciones…
Demos por bueno, y yo lo deseo el primero (bueno, el tercero metido en donde no me llamaron ni Diego ni Dionisio), que son solo cosas o cosillas venidas al socaire de los recuerdos, que el tiempo deforma. Sea cierto que los dos hayan hablado personalmente y aclarado posibles malentendidos. Me perdonarán por entrometido y tercerón, la cosa peor del mundo, pues uno no llegaría nunca a la gran categoría de “celestino”.

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Salud y euros

02-05-07.
Me he dado cuenta de que a veces el espacio de reflexiones y colaboraciones que aparecen en la página web de Magisterio, a veces, es un verdadero ajuste de cuentas, o de pequeños agravios habidos real o supuestamente entre miembros de la Asociación en los tiempos remotos de sus años de estudios en Safa. Me da pena, porque una cosa es recordar, hacer que se recuerden casos, cosas, anécdotas… y otra es el ahondar en ellos con carácter destructivo o de revancha.

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Érase que se era…

Érase que se era un mar que había que navegar.
No se podía evitar, ignorar…, había sin más remedio que atravesarlo. Y, desde los tiempos de Maricastaña, desde el más grande al más pequeño supieron que eso era así.
Solo los más sabios o los más tontos eran capaces de tratar de enfrentarse a lo inevitable. Los sabios a lo más que llegaban era a hacerse cuestión del porqué de aquella imposición, o de cómo tratar de superarla. Los tontos daban por ignorado el problema y ante tal ignorancia, tal carencia de esfuerzo en solucionarlo.
 

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