El pobre Rajoy y la leyenda del pavo inductivo

22-02-2012.

Válgame Dios, que también es mala suerte. Después de siete años en la oposición, abren la caja y la encuentran triste como un misal y más tiesa que la mojama. Todavía no llevan dos meses en el gobierno y ya están en la calle los indignados, los ecologistas, los izquierdistas unidos, los verdes ‑por fuera y coloraos por dentro‑ y el resto de las fuerzas de progreso detrás de las pancartas, incitando a la «Huelga general». El siguiente paso será pedir la dimisión de Rajoy, apoyándose en uno de los principios más sólidos de la democracia popular: «Las manifestaciones callejeras deslegitiman al Gobierno para gobernar».

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Cartas de mis lectores

22-02-2012.

Querido amigo:

Te remito los encendidos elogios que nuestro antiguo socio Alfredo Rodríguez envía a José María Berzosa, con copia adjunta para mí.

Creo que con contribuciones como las de Dionisio, tu página web está entrando en fase terminal. No se trata de censurar a nadie ni de eludir confrontaciones ideológicas, sino de evitar articulejos sesgados, llenos de mala baba, mal escritos y sin gracia alguna. Éste es Dionisio.

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El abuelito de la bata carmesí

15-02-2012.

Un cuento para gente de la tercera edad

Hace sólo unos meses, en uno de mis viajes a Palencia, me contaron que en un pueblecito, entre Lugo y Cacabelos, hay una moderna residencia de la tercera edad. Vive en ella un abuelito de carácter dulce y amable al que todos los empleados, uruguayos, rumanos, chilenos y marroquíes, cuidan con especial cariño y devoción. Lo primero que hace cada mañana el abuelito, al levantarse de la cama, es interesarse por los pobres, preguntar si ha bajado el número de parados y averiguar la situación de los actores y cantantes sin contrato. No sólo se preocupa por ellos, sino que escribe cartas, de puño y letra, dándoles ánimo y agradeciéndoles el bien extraordinario que aportan a la cultura, a la democracia y al progreso del país.

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De topos y torpezas

31-01-2012.

Uno de los recuerdos más conmovedores que siento al contemplar, con la imaginación, ese álbum repleto de nostalgias con el que entretengo miedos y soledades, es recordar mi regreso a las Escuelas, cincuenta años después: volver a admirar la imagen de Cristo Rey esculpida en la fachada de la iglesia, rezar un ave maría a los pies de la Virgen, abrazar a los compañeros y ver aparecer con su andar pausado, sus viejos pantalones de pana, aquel jersey de color verde oliva que nunca se quitaba, y la mirada marchita de tantos desengaños, al padre Jesús Mendoza.

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Una sonrisa, por favor.

20-01-2012.

Hoy me vais a disculpar. Tengo el cuerpo de jota y no quiero escribir del miedo, ni de la vejez, ni de la soledad, ni de la muerte. Tiempo tendremos de llorar y lamentarnos. Hoy me pide el cuerpo sonreír. A nuestra edad, la sonrisa es la mejor medicina para el alma. Resulta muy amargo escribir de penas y sufrimientos. Estaba contestando un correo del amigo Mariano Valcárcel, cuando me ha entrado la risa floja. Es importante aprender a reírse de uno mismo y de esas cosas sencillas que nos ocurren a diario. Unos señores han inventado la risoterapia, para curar las enfermedades, a base de carcajadas, y se están haciendo de oro. Lo que se perdió el amigo Miguel Gila.

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El secreto de la «edelweiss»

12-01-2012.

Siempre me ha hecho gracia imaginar al niño que reía y gritaba, al paso de la cabalgata real ─en el cuento de Andersen─, diciendo que el rey estaba desnudo. ¡Qué maravilla! La criatura no podía entender cómo los mayores celebraban la elegancia de un ridículo monarca desfilando en pelotas por medio de la calle. Y, si dejo volar la imaginación, sigo pensando: «¿Qué opinaría aquel niño de sus padres o de sus maestros?». Porque unos y otros deberían de haber hecho lo que él, o mejor aún, ser como él. Pero los mayores no actuamos así.

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Cuando, en lugar de miedo, teníamos fe

19-12-2011.

Leo tu escrito en estos días propicios a la ternura y el sentimentalismo. Entorna uno los ojos y su mente se llena de voces y personas que se fueron para siempre. Subido a la tarima del estudio, con su pelo al cepillo, sus ojillos miopes y sus mofletes sonrosados, recuerdo al padre Marín: sonriente, dicharachero, cargado con un montón de papeletas para la rifa de Navidad. El primer premio era nada menos que un cerdo de ocho arrobas. En palabras de hoy, estado de bienestar y economía sostenible para toda la familia durante un año. ¡Menuda lotería!

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Las cenas líricas

Escrito por Dionisio Rodríguez Mejías.

¿Habéis asistido alguna vez a esas cenas líricas que se organizan en los hoteles, para que las señoras luzcan sus mejores galas y de paso cobrarnos un pastón? ¿Verdad que la cena generalmente no es gran cosa? En cambio, todo el mundo sale del comedor con expresión solemne; los hombres, con sus trajes oscuros y sus puros enormes; y las señoras, con sus vestidos vaporosos, luciendo pechuga y echadas para atrás, con aire rumboso y altanero, hablando de lo bien que ha cantado aquel chico tan guapo de la melena.
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La reacción del jugador de tenis

24-09-2011.

Siempre he tenido, y tengo, a Blas Lara por un sabio cordobés, por un dios andaluz, exiliado voluntariamente en el rincón más verde, alejado y discreto, de las montañas suizas. Le imagino descansando en un claro del bosque, pensativo, meditando verdades permanentes, sobre una alfombra de hojas de color cobre y oro; con la cabeza orlada de nobles canas, reposando en el tronco de un olivo antiguo, refrescando enseñanzas con sabor añejo; ese sabor que tienen las verdades de la juventud: verdades que creímos como artículos de fe. Blas podría haber sido uno de esos filósofos que enseñaban en las playas del Mediterráneo, escribiendo, con una vara de cerezo, sentencias en la arena a la puesta del sol. Maestro ambulante, encendido a la aurora, burlón al véspero, melancólico y solo en el ocaso.

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Cuando salí de la Safa, 5

17-08-2011.

Corrí muy serios peligros

El día estaba nublado y amenazaba lluvia. Cogí el paraguas. Montse me esperaba en la parada. Estaba inquieta. No tenía buena cara. Me dijo que no había podido dormir y que había roto con su novio.

¿Has roto con tu novio? ¿Por qué? pregunté, haciéndome el preocupado—.

Dice que tenéis que hablar. Le conté “lo nuestro” y se puso como una fiera.

¿Qué es “lo nuestro”…? ¿De qué tenemos que hablar…?

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