MIS ESCRITOS FAVORITOS.
8. UNED

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A lo largo de mi vida docente he transitado por casi todos los niveles de la enseñanza, pero el curso de Acceso me ha dejado un poso especial y una satisfacción personal de quien se siente útil intentando ejercer una influencia a veces necesaria para un alumnado tan heterogéneo y motivado como perdido y confuso. Utilizando un término muy frecuente en Geografía, se podría decir que me encuentro en mi habitat natural, atendiendo a personas que reclaman tu ayuda y tu consejo.

He procurado volcar mis someros conocimientos y mi ya larga experiencia sobre unos alumnos ansiosos por atrapar los múltiples saberes que flotan a su alrededor, en una Universidad, la UNED, pensada y hecha especialmente para ellos. Porque la UNED no regala nada a nadie, pero sí otorga las oportunidades que ya se creían perdidas. Habrá, pues, que saber aprovecharlas.

La UNED se convierte así en una especie de fábrica de sueños desde la que muchos alumnos van tejiendo un futuro esperanzador, de cuyo camino habían sido despojados por diversas circunstancias.

Y el alumno, los alumnos de todos los cursos, revitalizan sus inquietudes intelectuales, culturales y profesionales, que se habían quedado mustias para muchos. El horizonte de su vida se les aclara, comienzan a dominar y enderezar su destino y abandonan el hastío y la desilusión que les atenazaba para abrazar el interés y la ambición por adquirir conocimientos.

No creáis que el panorama que describo es el deseo de una utopía convertida en realidad. En todo caso, es una utopía que se establece como una meta alcanzable, a través, desde luego, del esfuerzo, la dedicación y la constancia, sin los cuales –ya lo advierto- la desilusión y el abandono sustituirán a la esperanza y el éxito.

Pero el estudio y el esfuerzo continuado dan pronto sus frutos. Lo observo a diario cuando algún alumno me confía que su vida ha experimentado un cambio, que tiene más inquietudes culturales y, por tanto, se siente más feliz y comprometido con otro tipo de vida más llena, más agradecida, más digna de ser vivida. Y ahora -me referiré a las asignaturas de mis tutorías- mira un cuadro de pintura o un edificio artístico con otros ojos, con una mirada nueva que intenta aprehenderlo todo, que nada se escape a su ávida retina. O cuando escucha el pronóstico del tiempo experimenta la satisfacción intelectual de entender y comprender la maraña de borrascas, frentes, anticiclones o milibares que va desgranando el hombre o la mujer del tiempo, sintiéndose más a gusto consigo mismo, con la autoestima rozando las nubes. ¿O no es verdad?

Y estas referencias –breves ejemplos de las asignaturas de mis tutorías, como he dicho antes- pueden extenderse a todas las materias (incluyendo también las matemáticas, que nadie lo dude) porque el alumno ha conseguido establecer una especial empatía con el conocimiento, con la cultura, con la ciencia.

Pero no nos detengamos sólo en la liberación cultural e intelectual, con ser esto muy importante, porque el alumno de la UNED no renuncia a su ascenso profesional y social a través del éxito en los resultados de su estudio. Siente que su esfuerzo, su sacrificio personal y el de su familia, se ven compensados por una calificación positiva que le acerca a ese destino dibujado de colores con el que todos hemos soñado en ocasiones.

En gran medida, la UNED rescata los sueños y la esperanza de muchos jóvenes y no tan jóvenes que no pudieron estudiar en su momento o abandonaron los estudios prematuramente y que ahora reemprenden con energías renovadas, con una mayor madurez, con una constancia sin desmayo y una decisión irrenunciable.

Y los profesores-tutores somos conscientes de que estas expectativas no pueden ser defraudadas, en lo que de nosotros dependa. A fin de cuentas, de la realización de todos estos proyectos personales, algún trocito, por pequeño que sea, nos corresponde, y los alumnos, siempre generosos, así nos lo reconocen. Esta es nuestra satisfacción y nuestro aliento.

 

 

 

Cartagena, 17 marzo de 2010.

 

Juan Antonio Fernández Arévalo.

 

Autor: Juan Antonio Fernández Arévalo

Juan Antonio Fernández Arévalo: Catedrático jubilado de Historia

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