MIS ESCRITOS FAVORITOS.
6. EL ASESINATO DE UN SER DÉBIL

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Juanito es ya un hombre mayor a quien, desde pequeño, le embarga una obsesión que,  a menudo, le supone un sufrimiento moral insuperable. Un caso de asesinato dosificado le abruma por no poder resolver plenamente el puzzle que lo acompaña. Se trata de una posible solución final a la que tan aficionados eran los dirigentes nazis. Judíos, gitanos, enfermos mentales, discapacitados (sobre todo intelectuales) fueron eliminados en los campos de exterminio, como sabemos, con la finalidad de preservar la pureza de la raza aria. Esta política de depuración ya se conocía años antes del acceso al poder del partido nazi, pero fue durante su dominio cuando se empezó a ejercer de manera sistemática. Obras de historiadores y memorias de supervivientes han dejado constancia de tan macabros métodos, quedando el nombre de Josef Mengele como el médico que llevó a cabo los experimentos más atroces que pudiera imaginar la mente humana.

Durante la Guerra civil española y el “nazificado” primer franquismo, que se prolonga durante buena parte de los  años cincuenta, hubo un eminente psiquiatra, coronel médico, llamado Antonio Vallejo Nájera (o Nágera). Durante la Primera Guerra Mundial se había formado en Alemania, recorriendo manicomios y hospitales y aprendiendo con fervor las técnicas empleadas luego por los nazis en los campos de exterminio. Profundo admirador del nazismo, cuando llegó la Guerra civil y, más tarde, durante el franquismo, se convirtió en el psiquiatra de referencia del régimen, encargado de descubrir el llamado «gen rojo», experimentando con los prisioneros republicanos del frente oriental a fin de descubrir la degeneración de la raza española iniciada, según Vallejo Nájera, bajo la II República. Su campo de acción fue ampliado más tarde, imponiendo sus prácticas eugenésicas en Leganés y Ciempozuelos. El conocido por muchos como el Mengele español se convirtió en la máxima autoridad del Régimen en materia psiquiátrica.

ANTONIO VALLEJO NÁJERA ( En busca del “gen rojo”)

Allí recaló un joven sordomudo, catalogado como enfermo mental, al que recluyeron primeramente en el manicomio de Jaén (hoy psiquiátrico) para trasladarlo más tarde a Ciempozuelos (lugar tristemente célebre por su manicomio), sin el permiso de sus familiares, de su madre sobre todo, que desconocían su traslado a la villa madrileña, de la que no se volvía nunca.

Juanito siempre había deseado conocer este caso en profundidad, porque la intuición le decía que este muchacho había sufrido todo tipo de métodos experimentales, llenos de crueldad, donde la finalidad no era sanar al enfermo sino descubrir su capacidad de resistencia ante los diversos estímulos que se le proporcionaban: electroshock, inyecciones de cardiazol, lobotomías…eran procedimientos habituales en estos manicomios en donde la curación era prácticamente inexistente. No era, pues, la curación, el objetivo sino la experimentación sobre estos seres procedentes de familias republicanas sin el más mínimo derecho a inmiscuirse en los métodos empleados en los centros. El sufrimiento físico de estos seres indefensos debió ser brutal, pero el moral no lo sería menos, al eliminar cualquier atisbo de esperanza en la curación o en el retorno a casa.

Juanito siempre había deseado conocer la verdad de este caso. Él sabía que el joven,sordomudo y, posiblemente, con alguna enfermedad mental añadida, había sido muy cariñoso con él cuando era muy pequeño, que lo abrazaba, mientras le fluían unas lágrimas de impotencia y de rabia por no poder expresarle con palabras el cariño que le entregaba en cada abrazo.

Desconoce Juanito casi todo de ese joven cariñoso, de ojos negros y tristes como la noche, que le quería tanto. En algún momento de su vida, Juanito supo que había estado sometido a experimentos durísimos, más propios de tortura que de sanación. También supo que su madre no pudo verlo tras su traslado a Ciempozuelos y que nunca se le hizo una autopsia para conocer las causas de su muerte, porque éstas se conocían suficientemente y no convenía darles publicidad. Escuchaba Juanito, entre susurros de las personas mayores, que había muerto reventado (era la vulgar expresión utilizada en aquel ambiente de pobreza económica y cultural). El joven enfermo había prestado un gran servicio a la ciencia; era así como se expresaban cínicamente esos «científicos» amantes de la pureza de la raza española.

Me imagino el infinito dolor de esa madre, viuda desde muy joven, que, además del sufrimiento por su hijo, soportaba la condena a muerte de su hermano menor -con las palizas y torturas que la acompañaban-, por el delito de luchar en el bando republicano. Me explico a veces su carácter agrio y sus vestidos siempre negros. Y todo había que hacerlo en silencio, sin poder mostrar atisbo alguno de rebeldía, porque el régimen de terror, que fue el franquismo, había obligado a los españoles, especialmente a los no adictos a su causa, a ser mudos, sordos, ciegos y tontos.

Ese joven, discapacitado llamaríamos hoy, tan cariñoso con Juanito, se llamaba Pepe y fue asesinado poco a poco, hasta reventar, por los carnicerosnazis del franquismo. Que se sepa, ninguno de los que llegaron al manicomio volvió a su casa. El exterminio fue total. Miles de enfermos mentales o discapacitados perecieron entre tormentos sin fin.

Pepe era tío de Juanito y, ahora, este Juanito, ya próximo a la vejez, une su recuerdo emocionado al de su madre, que era la hermana mayor de su tío Pepe.

Esa es mi denuncia: la impunidad con que actuaban muchos prebostes del franquismo contra los más elementales derechos humanos. La conservación de esta memoria es, por lo visto, un atentado contra la convivencia. ¡Qué sarcasmo!

 

Cartagena, marzo de 2016.

Juan Antonio Fernández Arévalo (profesor de Historia).

Autor: Juan Antonio Fernández Arévalo

Juan Antonio Fernández Arévalo: Catedrático jubilado de Historia

3 opiniones en “MIS ESCRITOS FAVORITOS.
6. EL ASESINATO DE UN SER DÉBIL”

  1. Una historia dramática que se repitió muchas veces, especialmente en Ciempozuelos. Hace años, antes de que me echaran la primera vez de esta web, había yo iniciado una serie sobre la destrucción de la ciencia española a causa del exilio postguerra. Las mentes más preclaras se fueron, por ejemplo el neuro-psiquiatra Rodríguez-Lafora, y la ciencia española quedó en manos de unos ineptos jovencitos franquistas que pronto alcanzaron sus cátedras, en especial si eran del Opus, y que no sabían nada de nada. De ellos, en Psiquiatría destacaron A. Vallejo-Nágera, J.J. López-Ibor y otros entre los que estaba L. Rojas Ballesteros, un notorio miembro del Opus, quien, para mi desgracia, fue profesor mío en Granada. Todos eran verdaderas nulidades, en un país que era un erial en todo. El Mengele español, hizo toda su vida lo que quiso y curiosamente su dinastía, empezando por su hijo Juan Antonio, ha portado con orgullo tan flamante apellido.
    Creo que el pueblo español, el demócrata, ha estado callado demasiado tiempo y ahora tal vez sea demasiado tarde. Como fueron vencidos, los alemanes hicieron examen de conciencia por obligación y la historia de J. Mengele es públicamente conocida. Por el contrario, en España las atrocidades de nuestro Mengele particular, incluyendo su ‘gen marxista’ apenas han trascendido y han quedado totalmente impunes.
    Siento que esta historia tan espantosa te cayera tan de cerca, querido Juan Antonio. Un abrazo.

    1. Muchas gracias, Alfredo. Anoche te escribí un breve comentario que no ha sido recogido; seguramente hice algo mal. Ya no sé exactamente lo que te contesté. Ya sabes que estas cosas no se comentaban en casa, pero yo estaba obsesionado con este asesinato en dosis. La persona y las circunstancias eran propicias para la actuación de estos energúmenos. Y no me di cuenta hasta hace unos años, que empecé a enlazar hilos. Y así pude escribir este artículo que fue un grito de dolor y de denuncia. Sirve para bien poco, solo hay que escuchar los discursos de odio que proliferan en las Cortes y en las redes sociales para saber que el más puro franquismo está más vivo que nunca. Buena parte de la derecha defiende su “legado” lleno de terror y de muerte, no condenan un régimen tan oprobioso que hasta Fernando VII pasaría por un moderado. En fin, para qué seguir, son tantas las cosas que hemos tenido que aguantar…

  2. Amigo-hermano, confrère diría nuestro hermano Antonio Lara, triste denuncia de una maldad que para la sociedad española ha pasado desapercibida. Han pasado muchos muchos años y parece que ya es demasiado tarde para hablar de estas barbaridades ocurridas durante el franquismo. No hay que olvidar estos actos bárbaros para evitar que vuelvan a repetirse. Muy valiente por tu testimonio. un fraternal abrazo.

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