El club de la felicidad

Llevo bastante tiempo viajando a una población vecina de la capital sevillana (Valencina de la Concepción, con su dolmen verdadero, el de propaganda y con algunos grados menos de temperatura que Sevilla), por lo que me gustaría relataros lo que he visto y vivido en esa reunión de féminas que se llevan de maravilla, pues todas tienen muchas cosas en común, aunque es una, especialmente, la que les une por y para siempre: su amor a la aguja, a la costura y, especialmente, al patchwork

 


Soy un infiltrado conocido y consentido en ese grupo de amigas que suspiran durante toda la semana para que llegue el miércoles por la tarde, y que aunque llueva, truene o haga calor no hay quien les quite sus dos horas de relajo y disfrute, adobadas de buen humor y sano cachondeo sevillano. Es la savia vivificante que les mantiene cada vez más jóvenes y limpias de mente.
Son como una familia bien avenida en la que la madre superiora es Salud, maestra avezada y avalada por muchos años de experiencia que mantiene al gineceo más que entretenido y controlado, siempre resolviéndoles problemas o dudas de corto o largo alcance. Es lógico que la conozcan familiares o amigos como “Salud responde”, pues hasta de salud sabe mucho por los años, la experiencia de ser madre numerosa (de tres vástagos que ya andan buscándose la vida por el ancho mundo) y por ser consorte de médico de familia. Tiene una gracia especial para comandar al grupo, poseyendo una filosofía y psicología encomiables que le hace ser feliz y proporcionar alegría y contento allá donde se encuentre. Y eso que genio no le falta…


Si la tarde está lluviosa o fría voy al amparo del salón de Salud; si el tiempo es modoso y plácido quedo leyendo, pensando o admirando el florido jardín que la promotora del club de la felicidad posee o el nuevo hortal que su marido ha plantado con el fin de llevar su reciente jubilación de forma honrosa y válida. No hay mejor y más reconfortante trabajo que el de cultivar la tierra con el sudor propio y eso que su profesión sanitaria le ha marcado para siempre su entrega total y desinteresada al enfermo y desvalido.
Hay tardes que solamente me gusta evadirme en lontananza del ruido diario de la capital del Betis; otros días, hasta soy capaz de dar una cabezadita para hacer un alto en mi camino de jubilado súper ocupado en el que me encuentro; pero siempre me sirven esas dos horas vespertinas para hacer un alto en el camino, estar un buen rato tranquilo y, si me invitan a entrar al club de la felicidad, enterarme de tantas cosas interesantes y graciosas que tienen en la cabeza esas inteligentes y guapas mujeres que lo componen, pues me dan alas e inspiración para poder volar con mi imaginación por los mil y un relatos que me gustaría componer y publicar.


Cada tarde podría hacer un ensayo o una novela con todo lo que allí se habla o palpa. Sin embargo, en este artículo, solo expreso una mínima parte de lo que allí se cuece: un magma creativo y lúdico irrepetible al que he tenido la gran suerte de ser invitado con todos los honores, sin merecérmelo…
Brindemos para que este solaz campestre y creativo siga por muchos años dando sus frutos y sus muchos y agradables beneficios.
Cualquier evento, santo o cumpleaños, en fin, cualquier efemérides es aprovechada para endulzar el ambiente; no sólo de palabras bonitas y bien sonantes, sino para acompañarlas con regalos materiales exquisitos que hacen la tarde del miércoles aún más cálida y entrañable…


Qué ricos están los dulces, los bombones, los pestiños, las galletas o lo que lleve cada una de sus componentes a la gran sala en la que reina con su presencia, sabiduría y palabras, bien adobadas de anécdotas personales, familiares o magisteriales, Salud, esa maestra de escuela reconvertida en sabedora y guía de toda la labor en la que el pastwork tenga cabida.
Cómo le encanta el tenis y lo que sabe de este deporte. Tiene su genio y gracia especial que da gusto escucharla. Yo lo hago siempre que puedo disimulando que estoy leyendo, como zángano hartándose de miel en su colmena de reina…
Además, es muy valiente para todo, pues ha contado cómo se vino a vivir a las afueras de Valencina de la Concepción cuando no había nadie en los alrededores y desde su casa se veía el campo y los pueblos vecinos, mientras que ahora ya no se ven. Y aquellos largos fines de semana sola, con sus hijos, mientras su marido tenía guardia… O cuando tuvo la valentía de quitarse del tabaco sin hacerle caso a su marido ni contárselo, en un principio…


Muchas veces me quedo fuera, en el patio de su chalé, mientras oigo ulular el viento o avisto las panzas de los aviones que pasan por encima camino del aeropuerto de Sevilla San Pablo; otras veces escucho el trinar de los pájaros y la tranquilidad, el colorido y la vistosidad del campo con afán coleccionista de llevármelos todos juntitos en mi mente para recordarlos en la capital, en donde el ruido de los coches y el estruendo de las voces es más crudo y recio…
Este club tiene seis joyas bien engastadas cual si fuese un rosario de cuentas que sirviese para impetrar al altísimo. Son media docena de alumnas que están toda la semana haciendo su paciente y continuada labor (que cada una elige, con un mimo y una dedicación encomiables), sin abandonar las eternas y cansinas labores cotidianas del hogar, pero soñando con que llegue la mitad de la semana para tratar dudas y avanzar proyectos, a la vez que disfrutar de la charla continuada en la que no quedará tema tabú fuera de servicio, si exceptuamos, lógicamente, los asuntos más íntimos o escabrosos (políticos o religiosos, principalmente, para ser respetuosas) o casándolo todo, muchas veces con cierta ironía y otras con suma y buena gracia.


Todas se conocen a la perfección y saben respetarse en sus bromas y quimeras dialécticas, levantando carcajadas a mogollón, de todo lo cual doy fe, ya que me invitan siempre a penetrar en su gineceo sin guardarse de mí, aunque sea un extraño varón en su corte femenina de labores genuinas.
Bienvenida es dulce y callada mientras no la azucen en demasía ni le tiren de la lengua. Adela es la más veterana en muchas lides y, como antigua cigarrera de Sevilla, lleva en su sangre y haber muchas historias compartidas y su incondicional amor y pertenencia a la Hermandad de las Cigarreras del jueves santo hispalense (al igual que Lucas, nieto de su hermana, hijo de su sobrina)…
Todas tienen unas manos primorosas que no seré yo en tratar de destacar en ranking competitivo o competidor, ya que lo que hacen es complementarse en su magna y paciente labor en el inmenso y acogedor cuarto de costura de la reina, en donde hay de todo, y -por supuesto- buen humor.
Mari Carmen es muy graciosa y desenvuelta, con grandes dotes manuales para la carpintería o la labor fina de la aguja y el hilo. Tiene ese encanto especial de ser dicharachera y estar continuamente metiéndose con su gran amiga del alma Margarita.


Paqui es una mujer silenciosa que no levanta la cabeza de su labor y no dice una palabra más alta que otra. Es la más tímida del grupo, pero eficiente como la que más en su trabajo de pastwork
Inma es paciente, puntillosa y encantadora y tiene una risa graciosa y comunicativa que a todo chiste o anécdota sabe bien acompañar. Su dedicación a las labores manuales es otro detalle más de su religiosidad más sincera e impoluta…
Margarita, bajo su apariencia de timidez y humildad, alberga un alma grande, unas manos con las que sabe llevar a buen término -con destreza y soltura- todo trabajo o labor manual que se le tercie, aún creyendo siempre que no va a quedar de sobresaliente, como así será…
Todas sueñan con que llegue ese día maravilloso de en medio de la semana, mientras que van trabajando y llevando adelante sus hogares en sus muchas vertientes, quehaceres y recorridos, ganándole tiempo al tiempo para que las labores que van saliendo adelante a lo largo del curso se vean inmortalizadas en cualquier rincón o habitación de sus casas o de las sus familiares o amigos, cual notarios imparciales de lo bonitas que las exornan.
De lo pecuniario, para qué hablar, pues aunque se diga por ahí que es bastante costoso todo trabajo de pastwork. ¿Es que no merece la pena tenerlos en la cabecera de tu cama o como colchas súper trabajadas y coloristas o en el bolso que portas, sabiendo que lo ha hecho con sumo cariño y buena mano la reina de la casa, testificando ante cualquier visita, que allí vive una destacada componente del club de la felicidad que tienen fundada sede en Valencina de la Concepción?
Hay tanta empatía, buen humor y feeling entre todas sus componentes que cualquier anécdota se jalea y sirve de excusa y punta de lanza para pinchar irónicamente a la afectada, para que sepa defenderse y emprender otra dialéctica graciosa en una cadena sin fin…
Son dos horas de trabajo continuado con las manos, el intelecto y la lengua que ni les agota ni les cansa pues el clímax colectivo se retroalimenta felizmente de ellas mismas.


Hoy he presenciado cómo a Salud, la maestra, le ha sonado el móvil para recordarle que le debía a Inma 60 céntimos… Una ministra de hacienda quería yo como ésta para España. Las cuentas iban a salir de maravilla y no haría falta enjuiciar a nadie por robo, malversación o estafa, pues esas acciones están a años luz de su formalidad, decencia y trabajo.
Salud tiene detalles de buena anfitriona cuando me ofrece el mejor lugar de su chalet, todo limpio y fresco, para que yo me solace, inspire, escriba, lea, elucubre o duerma. Es tal la paz que allí afuera se respira…
Dentro, la charla fluye entre puntadas y golpes de humor que no cesan cual manantial subterráneo de este vivero de felicidad en el que hasta de frutas y hortalizas disfrutamos todos; pues incluso Salud nos regala alimentos hortofrutícolas de su hortal que cuando los paladeamos en casa, la sabrosa estela del club de la felicidad se ensancha y engrandece.
¡Qué manos más primorosas tienen todas, aunque cada una destaque en algún campo del pastwork!
Por eso forman un equipo indestructible en donde la amistad florece por doquier, a pesar de los piques normales que puedan surgir cuando alguna de sus componentes hace una obra maestra o destaca en algo. Todo ello sirve de aliciente en crear un ambiente sano, distendido y lúdico que siempre lo recordarán por más años que pasen. Ya llevan un lustro (o más) sembrando amor a la labor hogareña bien hecha y multivariada. Y ahí siguen…


Paqui, con su silencioso proceder, pone un grano más de arena fina en esta playa de huríes de la aguja que están trabajando toda la semana, deseando y soñando que llegue el miércoles para contarse sus confidencias o sus problemas, sus muchas alegrías y anhelos.
Mis mejores deseos para que dure mucho este ejemplar club de amigas, en el que se palpa la felicidad y la gratitud a manos llenas…
Sevilla, 18 de abril de 2022.
Fernando Sánchez Resa

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