Por Fernando Sánchez Resa.
¡Cómo ha cambiado el panorama de las vacaciones estivales en España; nada que ver con los veraneos de antaño! Antiguamente, eran los ricos los que pasaban el estío en San Sebastián o el norte de España y hasta estaba mal visto venir quemado como un agricultor de campo. El color blanquito en la piel y en el rostro era señal inequívoca de pertenecer a la clase alta. Ahora es todo lo contrario: en cuanto más moreno estés, mejor habrás veraneado y tendrás más prestigio social (o al menos así se cree o lo parece); y eso que ya estamos más que alertados de los cánceres de piel que se producen todos los años por su culpa. Y es que las modas y su publicitación deformadora van transformando y cambiando los cánones de belleza, las costumbres, los modos de vida, etc., siempre de forma partidista.
Las vacaciones -en general- y las estivales -en particular- son una moda que nos han impuesto desde arriba (como casi todo) por una serie de intereses económicos o no, abiertos u ocultos, espurios o reales…, como que “el turismo es nuestra principal fuente nacional de ingresos”, del que puede surtirse y crear riqueza para todos.
Ya, a nadie se le ocurre reivindicar que se pueda o deba veranear (o pasar las vacaciones de cualquier época del año) en casa, aunque sea más barato, más cómodo e incluso más higiénico. Se le tacharía de reaccionario y contrario al progreso. ¡Sería…, hasta ridículo! Que quieres desayunar churros con chocolate o deseas sentarte en tu terraza a pillar el fresquito nocturno y la tranquilidad que da el no hacer nada, sin tener que madrugar al día siguiente, pues lo haces y ya está…
Ahora lo que realmente se lleva es estar de la ceca a la meca, siempre de culo en burra, montándote en cualquier medio de transporte terrestre, marítimo y/o aéreo (aunque tengan siempre programadas huelgas ad hoc en las fechas claves), para pillar las vacaciones del Imserso (Instituto de Mayores y Servicios Sociales) que son tan baratas, si tienes la suerte de ser un jubilado agraciado; aunque termines machacado y no te dé tiempo a meter la ropa en la lavadora, ni hacer lo más elemental en casa, pues el siguiente viaje te catapulta a la loca acción de viajar por viajar. Por eso, hay que tener cuidado al respecto y ser más comedido; el cuerpo te lo agradecerá. Claro que a lo mejor es que tienes que tener cierta edad, suficiente dinero y cabeza para acometer el proyecto de pasar las holidays (‘vacaciones’) en casa.
El viajar puede convertirse en virtud o vicio, como cualquier otra actividad humana; mas se tornará en lo segundo, si se toma en exceso, como todo (la comida, el trabajo, la bebida, el estudio, etc.), que puede sentarte mal y luego el cuerpo te pasará factura, además de adelgazar tu cartera.
De todas formas yo respeto (y todos debemos hacerlo) la forma de pensar y actuar de cualquier ciudadano a la hora de tomar sus vacaciones, pues no es lo mismo vivir en una comunidad colmena, con un pisito de 25 metros cuadrados, como pregonaba aquella ministra socialista (por ejemplo), que tener una buena y espaciosa mansión o segunda vivienda donde solazarse convenientemente.
Tampoco creo que sea bueno embarcarse en un préstamo que pagar durante todo el año, por irse lejos de donde se vive para tener el prurito de decirle a las amistades que has estado al otro lado del globo terrestre y…
De todas formas, de un tiempo a esta parte, viste mucho socialmente a los españoles decir que se ha ido al extranjero a pasar las vacaciones, habiendo tantas cosas bonitas y cercanas en nuestro país; pero como sobre gustos hay tanto escrito…
Sevilla, 15 de agosto de 2018.