El perejil y el “mentatrieno”

Por José del Moral de la Vega.

Esta moda exagerada que están imponiendo al mundo los ecologistas, de consumir exclusivamente lo natural, está bien, pero no deja de tener algunos inconvenientes. El ajo comido crudo, para fluidificar la sangre y prevenir cardiopatías, produce, en quien lo ingiere, un aliento nauseabundo; fenómeno que en España suele producirse con bastante frecuencia por la costumbre de usar abundantemente este bulbo, bien directamente, untando el pan con él, o en el condimento de embutidos y en salsas. Esta costumbre de los españoles se une a esa otra de darse abrazos –¡qué sabios son los orientales hasta en su forma de saludarse, que manifiestan sus afectos con genuflexiones!–. Y los abrazos, después de haber comido ajos, no son bien recibidos, ni aunque procedan del más encendido amor.

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