“Los pinares de la sierra”, 63

Por Dionisio Rodríguez Mejías.

3.- Timadores a domicilio.

Claudia llamaba por teléfono, para explicar a los padres que ya obraba en su poder el resultado de las pruebas y, en su caso, hacerles entrega de la beca. El que va a dar, siempre es mejor recibido que el que va a pedir y, lógicamente, el matrimonio se volcaba en atenciones con la muchacha. Ese día, don Jaime Velázquez se presentaba como Delegado para España de la Cambrige school of english y Director General de su filial en Barcelona, vestido a la antigua usanza: traje oscuro; corbata y sujetador de oro; una llamativa insignia en el ojal de la solapa; pañuelo en el bolsillo superior de la chaqueta y zapatos brillantes como el charol. Lo recibían con todo género de cumplidos y, sobre todo, las madres se derretían con su presencia ¡Era tan guapo! Medía casi un metro noventa, muy erguido, el cabello cortado al cepillo, los hombros proporcionados, y esa singular distinción que presta un traje negro, con la corbata del mismo color, y la camisa blanca y resplandeciente. Con mucha ceremonia, les entregaba su tarjeta de visita, ponía sobre la mesa una elegante cartera de piel, y sacaba de dentro un dossier con el nombre del alumno en la portada.

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