Don Juan (y Medio), y 02

Por Jesús Ferrer Criado.

Algunos detalles muchas veces embarazosos y que probablemente no habían sido referidos jamás son ahora aireados ante toda la audiencia. El presentador les sonsaca queriendo hacer espectáculo de su azarosa biografía. Y es que al final, en televisión, la audiencia manda y hay que servir algo de carnaza al respetable (?), aunque parece que cada invitado puede establecer líneas rojas y temas o detalles de los que no se puede hablar. Por supuesto, se evitan nombres propios de cónyuges y otros afectados.

El pretexto para ese tercer grado es que quien llame tenga un conocimiento amplio de su posible pareja. En pantalla sale un número de teléfono para que los interesados en el personaje en cuestión llamen y se les tomen algunos datos: nombre, teléfono, localidad, edad, estado civil…, que sirvan posteriormente para que el invitado elija interlocutor. A uno de los que llaman se le permite entrar en directo, o sea, hablar con el candidato durante el programa. Todos los demás que hayan llamado formarán una lista que se le entregará al invitado para que intente encontrar entre ellos la pareja más adecuada.

Frente al examinando que, como decimos y a través de un intenso interrogatorio, describe los azares de su vida intentando suscitar la simpatía de alguna telespectadora que se interese por él, está Juan y Medio, que es otro espectáculo en sí mismo.

Juan y Medio, con su bigote entrecano, sugiere inmediatamente la imagen típica de un brigada de la Guardia Civil, aunque mucho más espigado de lo normal (de ahí lo de y Medio). Este cincuentón, natural del pueblecito almeriense de Lúcar, tiene unos increíbles reflejos para sacarle punta a todo, provocando continuamente las risas de un público, mayormente mujeres, cada día de un pueblo diferente, que ya está entregado desde el minuto uno. Este hombre, con seguridad el mayor casamentero de España, está soltero y a pesar de sus añitos no piensa en cambiar de estado, según repite apenas tiene ocasión, dando un pésimo ejemplo a sus invitados.

Juan José Bautista Martín, su verdadero nombre, es un hombre muy leído, muy viajado y muy experimentado en diversos oficios relacionados con el espectáculo y hoy es un nombre reconocido en toda España, aunque su parroquia es Andalucía donde su prestigio y su popularidad, especialmente entre la gente mayor, son absolutamente inalcanzables para cualquier otro.

Leo por ahí que es licenciado en Derecho y en Psicología, pero lo que destaca en él es su maestría en conducir un programa muy difícil con humor, con sensibilidad y con una enorme inteligencia.

Juan y Medio es un crac en su papel y las veces que se le ha sustituido por otro presentador/a el programa se ha venido abajo. Su ingenio, su dominio del tema, su gracia y su profesionalidad hacen el milagro de que un programa así tenga tanto éxito y sobre todo que la gente que va a confesarse y a contar su vida lo haga de buen grado a pesar del comprensible pudor inicial.

El contrapunto femenino a nuestro presentador es la bellísima Eva Ruiz Martín, malagueña, cuya sonrisa -según Tico Medina- forma parte del patrimonio artístico andaluz. Yo opino igual. Las bromas, juegos y picardías entre ambos presentadores forman parte del atractivo del programa.

Cada día vienen un hombre y una mujer. Ya he hablado del tipo estándar de hombre. El estándar de mujer difiere bastante: no en edad ni en extracción social sino en actitud. Generalmente, mientras el hombre habla maravillas de su desaparecida esposa y frecuentemente tienen que facilitarle un pañuelo para se seque las lágrimas, la señora que viene a buscar pareja referirá, las más de las veces, una historia de maltrato e infelicidad junto a un hombre borracho e infiel al que, sin embargo, ella dio una y otra oportunidad hasta que no pudo más y se divorció, o bien hasta que él murió, a pesar de que ella lo cuidó abnegadamente hasta el final. O sea, la buena es siempre ella. Con excepciones, claro.

Es relativamente normal que quien llega a por pareja, sobre todo la mujer, ya tenga un denso historial, o sea, tres o más parejas anteriores e incluso contactos por internet. La gente agota sus posibilidades antes de verse obligados a desnudarse en público, requisito indispensable para solicitar compañía.

Según parece y confiesan los propios solicitantes, algunos vienen tras una breve espera y en cambio otros llevan años aguardando la llamada del programa. Desconozco la normativa que rige estos turnos aunque sí parece que la asistencia a este tercer grado se produce tras una dura lucha interior entre pudor y necesidad, que a veces retrasa la asistencia incluso tras haberla solicitado.

Cuando Juan les pregunta a uno y otra qué tipo de pareja buscan, ellos dirán: “una mujer que sea buena, cariñosa y que esté ágil porque a mí me gusta mucho andar”. Ellas insistirán en que el hombre que las llame “no beba ni fume, que sepa valorarlas, que sea fiel y que no les mienta”.

Es decir, las mujeres exigen bastante más. Jamás he oído a ningún hombre del programa exigir que la mujer lo valore; eso se verá sobre la marcha, según merecimientos, digo yo. Pero les doy la razón a las señoras cuando piden que su posible compañero no mienta. También deberían pedir que no lleve minifalda ni se pinte los labios; todas esas cosas ya las hace la mujer bastante bien sin ayuda.

jmferc43@gmail.com

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