Cristiano Ronaldo (Salieri) versus Lionel Messi (Mozart)

Por Juan Antonio Fernández Arévalo.

Era un día de Reyes de hace unas tres décadas cuando vi la excelente película Amadeus, de Milos Forman, sobre la vida de Mozart…, y Salieri. El indudable talento musical del maestro de capilla, Antonio Salieri, queda oscurecido por el resplandor del genial W. Amadeus Mozart.

Aún recuerdo la escena en que F. Murray, el actor que encarna a Salieri, muestra a Tom Hulce (Mozart) su satisfacción por la composición propia que acaba de interpretar.

La respuesta de Mozart la hace sobre el piano, mejorando sensiblemente la obra de Salieri, dándole el alma, expresividad y viveza de la que adolecía la del italiano. El compositor de Salzburgo, con solo oírla una vez mientras traspasaba las habitaciones del palacio, había convertido los excelentes acordes de Salieri en unos compases sublimes. Esta exhibición disgustó manifiestamente a Salieri que siempre vio a Mozart en un lugar inalcanzable. Había tenido la desgracia de cruzarse con el genio austríaco, para muchos el más luminoso y elegante de los músicos en la historia, el más poético y divertido (“La flauta mágica”) y también el más triste y melancólico (el inacabado “Requiem”).

Pues bien, salvando las distancias entre el arte y el deporte, algo parecido sucede entre los futbolistas más famosos del momento: Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.

Indudablemente, el atleta portugués ha sido (casi hablo en pasado) un magnífico futbolista, lleno de velocidad, potencia física y voracidad goleadora, pero se tropezó con un argentino bajito, casi esmirriado a su lado, que tenía (sigue teniendo) unos registros propios de un genio del balompié. Su virtuosismo en el control, su visión panorámica de la cancha (lo diré a la manera argentina), su colocación táctica en el terreno de juego, su desplazamiento y toque de pelota, sus “slaloms” interminables, sus imprevisibles regates, su golpeo exacto, casi milimétrico, del balón…, lo hacen único, fuera del catálogo de su época.

Debe ser triste para Cristiano contemplar, como la madrastra del cuento, que hay un jugador mejor, más rutilante, de acciones futbolísticas más bellas, a pesar de ser él, cual Adonis, el bello atleta que cuida su cuerpo hasta límites insuperables. Pero las cosas son como son y no como queremos que sean. Cristiano, como Salieri, nunca podrá llegar a ser tan grande como Messi (Mozart), por más que muchos pretendan igualarlos. Y es que lo excelso siempre estará un peldaño por encima de lo bueno.

jafarevalo@gmail.com

Autor: Juan Antonio Fernández Arévalo

Juan Antonio Fernández Arévalo: Catedrático jubilado de Historia

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