Miopía política

Por Blas Francisco Lara Pozuelo.

El marco actual

Las noticias de estos días, después de Niza, están dominadas por los atentados yihadistas.

Notemos que no se trata de un episodio del momento. La universalidad de la Yihad apunta más bien a una lucha secular diferida, hasta el triunfo final del Islam.

En eldesierto moral, provocado por nuestra sociedad del instante, y del «yo y para mí», se ha abierto un inmenso agujero social en el que se ha podido instalar el islamismo.

Y no tenemos una mística que oponer a Daesch.

¿Cómo responde occidente? ¿Qué posibilidades de triunfo tienen los drones contra los kamikazes en esta guerra asimétrica de cuchillos contra aviones? Frente a nuestra impotencia para creer en algo, avanza la guerra mística de los creyentes.

Los hombres grandes de la historia estaban animados por una fe, una idea que trasciende las teorías militares que no ganan las batallas de manera definitiva.

Frente al desafío de Daesch, la Europa de hoy no es más que un ectoplasma. Europa no tiene diseño de futuro. Los dirigentes sin visión, cuando gobiernan, no hacen gobierno sino mezquinas contabilidades.

¿Estamos realmente embarcados en una lucha de civilizaciones? ¿Quién puede responder a la pregunta de qué relación mantener a largo plazo con el mundo árabe?

Nuestra política está embarrada en el corto plazo, en la improvisación, mientras que estamos quizás viviendo una guerra que dura mil años.

¿Nuestros dirigentes son capaces de darle sentido de profundidad a la historia?

Nuestros dirigentes, inspirados por el pensamiento lineal y cortoplacista del «business is business» no parecen ser capaces de detectar las «señales de los tiempos», ni de darse cuenta de que hay «vueltas cíclicas de la historia», vueltas a otras formas de lo religioso, vueltas a la barbarie desintegradora del cada uno para sí, enterradas todas en los subsuelos de siglos pasados. No llegan a adivinar, bajo las capas superiores y aparentes de nuestra cultura actual, las convulsiones y las crisis que nos han ido enseñando a vivir juntos.

No estamos al nivel de nuestros mayores, viviendo como vivimos, sin profundidad ni perspectiva, en el contexto de lo inmediato, de lo mediático.

En la circunstancia que vivimos, particularmente frente a las elecciones, no podemos sino constatar la miopía ramplona de los dirigentes, los viejos rencores, el egoísmo de las castas y las ridículas ambiciones de personajillos de teatro.

Un mirar hacia atrás se impone. Para conducir sin peligro, hay que estar atentos al retrovisor.

Saber de dónde se viene, para saber a dónde se va. Lo que Baudrel llama las tendencias largas de la historia.

Pequeños yos

El desarrollo personal ha sustuido a los grandes sueños colectivos. Las altas visiones se esfumaron y, al mismo tiempo, las ambiciones nacionales murieron exangües, y hasta menospreciadas como ridículas. Incluso los grandes ideales del sindicalismo están en decrepitud.

Ahora no quedan más ideologías que las del éxito inmediato personal.

¿Qué pensar de la reserva moral del cristianismo?

Mantengo la tesis de que subyacen presupuestos teológicos a toda filosofía de la historia (Kant, Hegel, Marx).

En nuestros tiempos, no se ha llegado a romper totalmente el molde cristiano, del que queda apenas otra cosa que la envoltura pagana de los ritos.

Si todo se reduce al propio interés y a la satisfacción inmediata, ¿por qué no aplastar al vecino que nos incomoda? Freud hablaba de represión de las pulsiones. Si esta «represión» de la moral cristiana o simplemente cívica desaparece, solamente queda la jungla del cada uno para sí mismo.

¿Qué se puede esperar de los dogmas progresistas?

Romper con el cristianismo ha sido la ambición de muchos revolucionarios violentos y también de los movimientos progresistas, «evolucionarios», más civilizados. A pesar de que el progresismo, examinado en profundidad, no es sino un cristianismo laico, contrariamente a lo que muchos piensan. De hecho, esas filosofías de la historia son herejías cristianas mal orientadas.

El progresismo, por ejemplo, es una especie de milenarismo laico.

Sin embargo, no se puede vivir juntos si no hay una realidad que nos trascienda.

¿Podríamos inventar una civilización poscristiana?

Asomarnos a la Historia

Aunque nunca se es consciente de nuestro presente, somos un pueblo que tiene obligaciones respecto al pasado.

Resuscitar la Historia es hoy una tarea esencial para nuestro país. Tenemos unos ancestros que nos han dejado una herencia de respuestas a problemas seculares, ligados a nuestra particular idiosincrasia. Hay que recuperar esa herencia. Recuperar altura de miras. Recuperar espíritu de servicio. Los ha habido en momentos brillantes de nuestra Historia.

Los acontecimientos de estas últimas semanas (el yihadismo, Turquía, Europa tambaleante) nos revelan los grandes movimientos tectónicos que tienen su origen en los subsuelos de la Historia. Los hechos presentes debieran transportarnos a escenarios internacionales y a amplias perspectivas históricas.

Entretanto, asistimos, en nuestro país, al triste espectáculo de luchas, propias de patios de colegio, entre enanos políticos miopes y ambiciosos.

bf.lara@hispeed.ch

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