¡“Carmina Burana”, en Úbeda!

Por Fernando Sánchez Resa.

Andaba yo hoy paseando por los aledaños de las dos torres de entrada del Hospital de Santiago, cuando sentí nítidamente la sabrosa y docta conversación que ambas tenían. Y como no pretendo mantenerla en secreto, se la cuento a ustedes, asumiendo el riesgo de que piensen que es inventada por mí…

—Hermosa tarde‑noche se nos presenta, hermana oriental. ¿No ves el exagerado trasiego de gente que pulula por nuestros alrededores?

—Pues claro, hermana occidental. ¿O es que crees que, porque tú te encuentres más emperifollada que yo en tu rutilante cabeza, no tengo mis cinco sentidos humanos intactos?

—¡Ah, bueno! No obstante, ando escamada, pues veo unas largas colas de ubetenses y forasteros que pretenden entrar en el coso de San Nicasio, por sus dos calles laterales.

—Compruebo que estás envejeciendo a marchas forzadas, pues te falla la memoria a corto plazo. ¿No te has enterado de que hoy sábado, a las diez de la noche, “La Fura dels Baus” hace una representación novedosa y extraordinaria del famoso “Carmina Burana” de Carl Orff (1895-1982), dentro del XXVIII Festival Internacional de Música y Danza “Ciudad de Úbeda”?

Y, mientras la agradable tarde va cayendo lentamente y el público se va acomodando en las sillas del albero y en el duro graderío de piedra de la plaza de toros de Úbeda, nuestras amigas (las torres) no pierden detalle del acontecimiento, incluso observando que se hace de rogar el comienzo del espectáculo, con el consiguiente nerviosismo de parte del público.

—Parece que ya va a comenzar, pues salen al escenario la alcaldesa de la ciudad, Toni Olivares Martínez, y el presidente de la Asociación Cultural Amigos de la Música, Antonio Sánchez Montoya, juntamente con Antonio Fuentes Miranda.

—Estoy oyendo perfectamente cómo lee su largo discurso Antonio Fuentes, que está siendo interrumpido por el público, en repetidas ocasiones, con aplausos y algunos pitos; y es que nos está enterando de las razones por las que “La Fura dels Baus” ha obtenido la Medalla de Oro del Festival, en esta edición. La va a recoger su director de escena y escenografía, Carlus Padrissa…

—Está todo a rebosar; no cabe ni un alfiler. Sólo recuerdo algo parecido cuando vino Joaquín Sabina y poco más. Ni en las tardes de gloria taurinas he visto tanto gentío. Yo diría, viendo el éxito de público, que la crisis no se palpa por ningún lado, pues las entradas oscilan entre 20 y 33 euros.

—Es que, cuando un espectáculo, tan novedoso y completo como éste, se presenta en cualquier ciudad, no hay obstáculo que lo pare. Recuerda lo que ocurrió con Ara Malikian en nuestro auditorio, no hace tanto: que hubo de repetirse a petición compulsiva del público.

—Llevas razón, pero me gustaría que me refrescases la memoria de lo que representa este espectáculo sensorial, musical y teatral tan completo, compuesto por dos orquestas, dos coros y una coral polifónica, todas de Granada; además de una soprano, un contratenor, un barítono, una actriz y dos directores: Gabriel Delgado, de música; y Carlus Padrissa, de escena y escenografía.

—“Carmina Burana” es una colección de 300 poemas goliardescos. Los goliardos eran clérigos, juglares o estudiantes vagabundos, dados a la gula y a la vida desordenada, que solían componer poesías (en latín, principalmente) de tema amoroso, báquico y satírico contra la iglesia. Son de los siglos XII y XIII y están reunidos en el manuscrito encontrado en 1803, en el monasterio benedictino de la ciudad de Beuern (Baviera, Alemania). Están inspirados tanto en composiciones populares contemporáneas, frecuentemente groseras, como en las cultas de Homero, Cátulo y Ovidio.

—Claro; y si eso se complementa con impactantes escenas, efectos especiales y fragancias primaverales sobre el escenario, como las que vamos a disfrutar…, miel sobre hojuelas…

—¿Te has fijado en ese mamotreto que hay en el escenario con una cortina gigante? ¿Y en esas estructuras metálicas colosales con grúa incluida?

—No seas ignorante, hermana. Todo ello es el inmenso aparataje que necesita esta obra para abducir al público. Lo que tú llamas cortina, es un gran cilindro de diez metros de diámetro que casi envuelve a las dos orquestas y a los tres coros, mientras unas imágenes se irán proyectando sobre él, permitiendo realizar al espectador un viaje alucinante compuesto de música, imágenes y colorido sin fin.

—La verdad es que estoy obnubilada. No doy crédito a lo que mis ojos me muestran: una luna gigante, el deshielo, cascadas de agua, un éxtasis floral, una vendimia en directo, vino, agua y fuego…

—Habrás notado que su fragmento más conocido es el “O Fortuna”, que constituye la primera parte del preludio y que se repetirá al final de la obra.

—Lo que sí estoy notando en esta cantata es la magnificencia de las orquestas y coros, los destacados solistas y su abundante y espléndida percusión.

—Creo que te darás cuenta de que es el ritmo el encargado de dar variedad al conjunto, impidiendo así cualquier monotonía. Esta riqueza rítmica es, seguramente, lo más característico de los “Carmina Burana” de Orff.

—Y cómo puedes comprobar hasta lo erótico de la vida que está presente: peceras de agua, donde la actriz chapotea y muestra sus bellos encantos… Los espectadores de las primeras filas bien pagan su cercanía, siendo duchados gratuitamente. Menos mal que, con la temperatura tan buena que hace, supongo que lo agradecerán. Peor sería en invierno…

—¡Qué contraste con lo que hemos vivido en nuestros peores tiempos, como fueron los muchos años que fuimos hospital de pobres y los dos períodos nefastos de nuestras fatídicas guerras: la de la independencia, frente a la invasión napoleónica, y la civil de 1936, entre hermanos!

—Bueno hermana, deja de hablar de cosas tristes. Hoy estamos disfrutando de esta teatralización de la vida, con su agudo punto irónico y de crítica social.

—Observo que hay muchas luciérnagas entre el público de la plaza. ¿No las ves tú?

—Pareces tonta. ¿No te das cuenta de que son los móviles de los espectadores, que anda ávidos por fotografiar y grabar el espectáculo, para fardar luego con sus familiares y amigos?

—Desde nuestro hieratismo aparente, bien nos estamos empapando de esta magnífica teatralización de la que se hablará por los siglos de los siglos.

—No exageres; a ver si te piensas que nuestros conciudadanos van a vivir tanto como nosotras.

—¡Ay! Si nos pusiésemos a largar todo cuanto hemos visto y vivido, se podían escribir muchos libros y mucha gente quedaría sorprendida y hasta escandalizada.

—Bueno, dejémoslo para otro momento, que me estás haciendo perder interesantes detalles de esta “mágina” noche ubetense.

—Cómo admiro a Carl Orff, por creer que la profunda llamada de la música no era meramente física; y crear una obra musical que apelara a la “musicalidad fundamental” que todo ser humano posee, absteniéndose de componer una desarrollada melodía y una compleja armonía, y articulando sus ideas musicales a través de sonidos básicos y patrones rítmicos fácilmente discernibles.

—Y si eso, además, lo complementas con esta recreación de “La Fura dels Baus”, con impactantes proyecciones, efectos de luces y más de 150 artistas en movimiento por el escenario ‑algunos en grúas y arneses‑, no hay público que se le resista.

—De la colección completa de los “Carmina Burana”, Orff escogió veinticinco canciones y las ordenó de modo que pudieran ser representadas en un escenario. En cuanto a la música, se amoldó a la sencillez de los textos. Aproximadamente, la mitad de las piezas son canciones cuya melodía se repite en cada estrofa, casi sin variantes, limitándose algunas veces a realizar simples escalas mayores o menores.


Acabada la función, el entregado público, puesto en pie, está aplaudiendo a raudales durante varios minutos, para premiar a todos los intervinientes (más de doscientas personas) en esta impresionante representación, mientras los principales protagonistas hacen los repetidos pases y saludos de rigor en el escenario.

—¡Qué magnífico ha estado todo! Se palpa en los semblantes de las gentes, cuando pasan a nuestro lado. Hemos disfrutado de hora y media de condensado espectáculo, en diferentes cuadros, con una sorprendente mixtura entre lo musical, lo teatral, lo cinematográfico, lo lúdico…; en fin, ha sido lo más novedoso que yo he visto e imaginado, hecho realidad.

—Buenas noches, hermana. Que descanses y tengas felices sueños, pues, gracias a esta cantata escénica que acabamos de visionar desde nuestras inigualables alturas, no te han de faltar.

—Lo mismo te deseo, cielo. ¡Qué suerte tenemos al estar ubicadas en este lugar tan privilegiado, ya que podemos ser testigos y protagonistas de casi todo lo que ocurre en nuestra amada Úbeda…!

Ha llegado la medianoche y hasta el cielo estrellado suspira contento, pues también ha podido asistir, gratuitamente y en directo, a este irrepetible y portentoso evento que quedará anotado en los anales de la historia local y provincial, y en las muchas mentes de los espectadores que disfrutarán, reviviéndolo mediante fotografías y vídeos.

—¡“Carmina Burana” de Carl Orff ha pasado por nuestra ciudad, como un vendaval salvífico, de la mano de la trepidante compañía “La Fura dels Baus”…!, ‑terminan exclamando (al unísono) nuestras parlanchinas torres‑.

Úbeda, 11 de junio de 2016.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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