La cofradía de mi padre, 1

Por Fernando Sánchez Resa.

Llevo media hora esperando, frente a la puerta sur de San Isidoro, mientras el tibio sol se va convirtiendo en tórrido, si no hay sombra que lo ampare; aunque una suave brisa viene a auxiliar al hervidero de curiosos y devotos que llenan el claro bajo de San Isidoro, haciendo más llevadera la espera. Mientras tanto, cofrades, mantillas, costaleros y niñas que portan las tres reliquias de la pasión (corona de espinas, crucifico y escalera y clavos), penetran en el interior de la iglesia. Luego, llegan los tambores, con su paso ligero característico, que animan al público y a las mentes de todos los presentes; por ello, el redoblante aprovecha para lucirse, mostrando sus habilidades tamboriles.

No se me va el recuerdo de mi padre (Fernando Sánchez Cortés) ni en este momento, ni cuando salgan sus titulares, especialmente la Virgen de las Angustias, pues es la primera salida en la que él no está entre nosotros. La verá desde el balcón privilegiado del cielo, juntamente con sus familiares y amigos fallecidos.

 

Ahora suenan las trompetas y tambores de la segunda banda, la de La Columna, juntamente con otros instrumentos musicales, imprimiendo un colorido musical especial al claro bajo de San Isidoro. Entonan una música popular, producto de las nuevas adaptaciones que hace la banda para ganarse al público, aunque a veces no pegue demasiado para una procesión, a mi humilde entender. Hay aplausos floridos a su término.

Tras los toques a la puerta sur de la iglesia, una vez hecho el silencio, sus dos hojas se van abriendo lentamente, causando gran sorpresa y admiración. En la penumbra, va apareciendo el Descendimiento de Cristo entre vapores de perfumado incienso. Hay tanta expectación y pasión, que todo el mundo se queda (por un momento) sin respiración ante tanto silencio y emoción contenidos.

 

Interpretan la primera marcha que me conmueve, aunque no sé si es Cristo de las Angustias (1999) o Descendimiento (2005) de doña Mariana Toral Sánchez, mientras va saliendo su bello paso procesional, tiñéndolo de pena y desconsuelo. Sólo está tocando una pequeña representacion de la banda, no sé si municipal o no, desde el patio enrejado de la parroquia de San Isidoro, pues el resto ha de repartirse para atender lo más decentemente posible al resto de cofradías que hoy salen a la calle.

Un recuerdo muy sentido me viene a la memoria por ese pedazo de artista (Marcelo Góngora), que nunca debió irse tan pronto. ¡Cuánto arte y sabiduría le quedaban aún por derrochar, con sus habilidosas manos, cuando nos regaló estas hermosas tallas, hace ya diez años!

 

Ahora salen, del templo, las Niñas de la Pasión con sus respectivas bandejas, las guapas tocamantillas, etc., mientras las tristes trompetas de Viernes Santo lloran la ausencia de Cristo ante el silencio fervoroso del público. Y afloran a mi memoria los recuerdos de niño, cuando iba de la mano de mi padre a las reuniones cofradieras y a los banquetes, siendo don Bonifacio Ordóñez presidente de la cofradía, puesto que nos invitaba (mediante un rico desayuno de chocolate y dulces), en aquellas alargadas mesas, con sus manteles inmaculados, en la parte superior del Hospital de Santiago, tras la misa de su fiesta principal.

Noto un silencio y recogimiento especiales; aunque también hay una legión de fotógrafos y aficionados que quieren inmortalizar (con fotos o vídeos) el momento que estamos viviendo, para así poder revivirlo una y otra vez.

Ahora empieza un suave toque de cajas chinas y compruebo que este año se ha puesto de moda, en diferentes cofradías; alguna, incluso como La Caída, ha hecho una banda de bombos extra con su redoblante, además de la banda normal en la que se acoplan todos.

Se ha llenado el espacio público disponible, aunque algo menos que ayer, para la salida de La Columna. Todos sabemos la fama que tiene la cofradía de mi padre: muchas veces se ha mojado y siempre han puesto su salida a una hora intempestiva; antaño, incluso en la propia hora de la siesta; o, como ahora, que sale antes de la hora del almuerzo, al poco rato de salir La Expiración.

La presidenta de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Descendimiento de Cristo me regala una pequeña estampita de la Virgen de las Angustias que mucho agradezco. Parece como si mi padre la hubiese impulsado para que así lo hiciese, como cuando él era cronista oficial de la cofradía…

fernandosanchezresa@hotmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *