Merecido homenaje – y 2

Por Fernando Sánchez Resa.

Tras los merecidos aplausos, toma la palabra el homenajeado y mediante un largo y deslabazado discurso, no exento de su personal coherencia, emoción, contento y agradecimiento, va relatando, cual multiplicadas cuentas del rosario, la historia de su vida y amistades, ambas fundidas en una misma misión; dando las gracias a todo el mundo, con la retahíla de nombres y apellidos que le ayudaron a erigir una imagen de nuestro santo patrón, san Miguel Arcángel, con su magnífico trono, tan ansiados por él. No es posible incluir en este artículo todos los nombres y agradecimientos, ni el florilegio de anécdotas relatadas con su especial timbre de voz y sus especiales mostraciones, estando tan acostumbrado al micro y a los medios de comunicación; aunque alguno sí que recogeré, además de mis personales impresiones de este evento.

Eduardo se sincera, diciéndonos que hoy el protagonista es él y que no quiere irse (hablando) por los “Cerros de Úbeda”; lo que todos reímos cariñosamente…

Cuenta que una vez, estando en la calle Nueva, le dijo una mujer que estaba loco, porque quería procesionar a nuesto santo patrón…

 

Disculpa a la alcaldesa y al concejal de festejos porque han querido venir, pero no han podido y es entonces cuando da las buenas noches. Expresa, a su vez, las gracias a todos los ausentes por el interés o amistad mostrados y a los muchos asistentes que nos encontramos allí y comienza agradeciendo a Antonio del Castillo Vico su bello y completo discurso, siguiendo con doña Rosa Liaño, que está representando a su excelso marido; luego, va repasando sus recuerdos en la biblioteca municipal y nos habla de su último amor ubetense: san Miguel Arcángel, afirmando que éste le ha llenado toda su vida, teniendo un recuerdo enternecido a los “ubetenses de Úbeda” (muertos y vivos) que contribuyeron a sacar a la calle a nuestro santo patrón ubetense.

Recuerda que antes del 2000 poca gente iba a la misa del 29 de septiembre, pero que, gracias a su investigación sobre este asunto, comprobó que hacía ya 150 años que Úbeda no procesionaba a su santo patrón, porque antaño hubo una cofradía en San Andrés que se extinguió. Y se llena de sano orgullo cuando recuerda que ahora asiste mucha gente a la solemne misa, en ese señalado día, todos los años. Rememora lo muchos sinsabores y alegrías vividos para sacarlo a la calle y las muchas ayudas materiales recibidas; relatando nombres y apellidos de donantes o benefactores: Manuel Fernandez Peña, Marcelo Góngora (con su esposa Salomé, presente en la sala), etc., mandándoles un recuerdo enternecido al cielo, donde se encuentran.

«Nosotros no somos cofradía ‑expresa abiertamente‑, sino un grupo parroquial; mas actuamos como si fuéramos cofradía». Hace recuento de los párrocos que han pasado por la parroquia de San Pablo, y que siempre iban de paso… Dice que él no es el único fundador del grupo parroquial y da los nombres de las venturosas personas que le acompañaron en esta gesta. Refresca nuestra memoria con la coronación de san Miguel, en el año 2000, sobre la estatua de Marcelo Góngora que hay en la portada de la iglesia de los padres Carmelitas; y luego relata la larga y tortuosa epopeya vivida para hacer la escultura de san Miguel, citando nombres y donaciones, como la de Esteban Valenzuela, el del estanco, que adelantó el primer dinero, y que se encuentra presente, también en primera fila a pesar de su edad y minusvalía física. En ese momento, el público interrumpe al orador para aplaudir efusivamente a Esteban. Y prosigue Eduardo contando toda su historia detalladamente, dando una y otra vez las gracias a todos.

Pocas cosas son tan buenas como los 52 años de servido homenaje. Dice que va a pedir a la alcaldesa de nuestra ciudad que el día 29 de septiembre sea declarado “Día de Úbeda”, porque desde 1234 ese día fue instaurado para este santo patrón ubetense, recordando la historia de nuestro rey santo cuando entró por la Corredera de San Fernando al conquistar esta ciudad a los moros, ponderando las pinturas que tienen los frailes Carmelitas Descalzos en su iglesia o convento, añadiendo que debían ser más conocidas y mejor enseñadas al pueblo y a los turistas; también trae al recuerdo colectivo la placa que hay en la puerta de la Consolada de Santa María de lo Reales Alcázares, como testigo perenne y necesario para conocer nuestra verdadera historia…

 

Finalmente, pide a todos los presentes que coreen, con fuerte voz, sus sentidas exclamaciones, salidas al unísono de su corazón y boca: «Ubetenses de Úbeda», mediante tres vivas repetidos: «¡Viva san Miguel!; ¡Viva el Club Diana!; ¡Viva Úbeda!»; siendo bravamente correspondidos por el eco de los vivas del público, premiándolos con un aplauso desaforado.

El presidente de la Real Archicofradía de la Virgen de Guadalupe impone a Eduardo la medalla de la patrona de la ciudad, pues no puede subir al estrado por encontrarse convaleciente, y el homenajeado baja para recibirla al patio de butacas, fundiéndose en un efusivo abrazo; por lo que Eduardo anima al ubetensismo de todos para que ayudemos también a nuestra patrona. Luego, llegan más regalos: una placa commemorativa de este merecido homenaje a Eduardo y un san Miguel en minitura para Adolfo, presidente del Club Diana…

Y para finalizar el acto, vuelve a tomar la palabra Antonio del Castillo Vico para hacer un dadivoso canto emocionado al saxofonista Marcos Soriano, que ya a sus 13 años empezó a formar parte de nuestra banda municipal con don Emilio Sánchez Plaza, estando con él durante 20 años, para proseguir su labor musical durante muchos más con nuestro director, compositor y amigo Manuel Antonio Herrera Moya, por toda la eternidad, hasta que éste se jubilo en el 2007.

Antonio resalta los 66 años de dedicación a su amado saxofón; y como pequeño homenaje hace una completa relación, sin faltarle detalle de los nombres de los compañeros con los que actuó, conjuntos, lugares, procesiones, etc.

Y para finalizar su lectura, el vocal cultural del Club Diana lee unas sentidas, largas y profundas palabras del actual director de la banda municipal, poniendo punto y final a su estupenda y detallada intervención con la conocida frase: «¡Que no pare la música, Marcos!».

Tras los aplausos, comienza el esperado concierto, interpretando magníficamente Marcos tres bellas piezas musicales: “Introducción” al “Barbero de Sevilla”; un bolero, dedicado a Marcelo Góngora, a quien tanto le gustaba; y un pasodoble para infundir alegría al auditorio, acabando todos de pie coreando el himno a Úbeda…

 

Las fotos y los parabienes no se hacen de esperar. Todo el mundo ha terminado satisfecho, especialmente el anfitrión del acto y su gran amigo Antonio, pues ha sido servida una noche entrañable en bandeja de plata, y en un apropiado marco; y, sobre todo, habiéndose producido en vida, como siempre se deberían hacer estas cosas, para que el homenajeado pueda volver a cargar las pilas del agradecimiento, olvidando los amargos momentos de tensión que toda gran empresa lleva implícito; y más si se es un visionario, como siempre lo será nuestro querido homenajeado, Eduardo Jiménez Torres, del que todos estamos seguros que, mientras tenga salud y talento, va a invertirlos de lleno en la Úbeda de sus entrañas…

Así, durante hora y media, hemos sido partícipes de un merecido regalo a este ilustre personaje del pueblo llano ubetense, que hasta ha sido inmortalizado por el académico y Príncipe de las Letras, Antonio Muñoz Molina, en sus novelas, como Lorencito Quesada…

¡Enhorabuena, amigo Eduardo, por tu extensa labor ubetensista; y especialmente por esos 14 años de ejemplo continuado de pundonor y amor a nuestro santo patrón, san Miguel Arcángel!

Úbeda, 11 de diciembre de 2015.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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