¡Hay que ver, qué cosas se aprenden!

Perfil

Por Mariano Valcárcel González.

Por lo que veo, no se enteran. O no quieren enterarse, que es casi seguro. Porque la ambición y el egoísmo son más poderosos que el sentido común o el de la prudente supervivencia. Que mientras estire el elástico…

Yo sé que he escrito que apenas veo televisión, y que la que veo lo es a retazos. Yo sé que ya he escrito de varios programas, y no laudatoriamente. Yo sé que he advertido que hay que tomarse lo que se nos ofrece siempre con la salvedad de sus intencionalidades, sus recursos para producirlo, los públicos a los que se dirige y, por supuesto, las manipulaciones que de varias formas sufre. Para una correcta evaluación de cualquier programa que nos emitan hay que tener muy en cuenta estos y otros factores (fíjense, incluso en el fútbol).

Sin embargo, hay un programa que veo de vez en cuando (fundamentalmente cuando chequeo la parrilla), que me llama poderosamente la atención y del que voy a hacer un breve comentario: es ese que se denomina El jefe infiltrado.

Vi en facebook un comentario al respecto de este programa que me hizo gracia, por su simplificación, que decía más o menos esto: «Voy a portarme mal en la empresa a ver si se infiltra mi jefe y me regala un viaje o unos miles de euros». Porque, al parecer, esto es lo que sucede en general como remate de situación; busca siempre el final feliz (como otros pretendidos realitys); digo pretendidos porque es verdad que todo ello está preparado según el guión de la producción, que se siguen unas pautas bastante ajustadas y que conviene (y esa es la finalidad aparente) dar una visión optimista del momento en que estamos, en las relaciones del empresario con el trabajador. A las empresas que se brindan al manejo les interesa bastante, porque siempre aparecen como si no modélicas sí al menos humanas; y la publicidad que obtienen es impagable. Esta es la verdad interna.

El esquema es simple, que se presenta el jefe infiltrado y desconocido en las diversas secciones de su empresa y ahí contacta con empleado o empleada de cada una, el cual debe enseñarle cómo va el tema; luego, este directivo o propietario saca sus conclusiones y se las da a conocer (cual Cristo a los de Emaús) a los anteriores. Les dice lo que observó en ellos; pero, por lo común, los premia con dinero u otro regalito… Sin embargo, el trasfondo es otro; lo que se puede leer entre líneas es otra cosa más importante, generalmente más atroz: lo bien que termina portándose el patrono o los laudes que este echa a algunos de sus empleados.

Lo que se ve con cierta claridad es, ante todo, el miedo; sí, el miedo que tienen los empleados a que los despidan; esto es lo que se nota. A esto hemos llegado, con estos cuatro años de desmantelamiento de todo lo relativo a las relaciones laborales o de los derechos de los trabajadores; con el deterioro del sistema de equilibrios mutuos existentes; con el aumento de discrecionalidad y el aumento de la precariedad en los contratos. Los trabajadores de estas empresas tienen miedo al despido, una vez conseguido un trabajo (tan difícil de conseguir y de mantener) y, por eso, aguantan carros y carretas.

Se ve también la escasez de los salarios. Muchos de los trabajadores manifiestan que llegan muy apretados a finalizar el mes, que trabajan en esas condiciones porque no les queda más remedio y tienen que afrontar deudas o atender a varios miembros de su familia, sin ingresos. Es curioso que, de las horas trabajadas, apenas si se habla; que también se da por hecho ya que aquello de las ocho horas quedó en mera declaración de intenciones, papel mojado todavía no derogado de milagro. Se trabaja al ritmo que se marca… y punto.

Una nota constante es la presencia de familias en verdaderos apuros, con dependientes al cargo, o madres solteras, y también la de inmigrantes que callan (al fin y al cabo trabajan). Y hay quienes están ahí por las razones anteriores, pero que esa no es su meta ni su sueño (o que tienen cualificaciones para otras actividades o carreras universitarias). El reproche general, luego, del detective que los visita es que no los encuentra motivados o que no sienten su trabajo… ¿Cómo sentirlo como propio si no lo es y si se hace por mera necesidad? En general, también se demuestra que estos trabajadores lo hacen como mínimo correctamente, si no bastante bien.

Que sí, que ya lo he dicho, que me tomo con prevención todo lo anterior, dada la manipulación segura que sufre el programa. Mas es importante fijarse en estos detalles. Mucho del estrés que se genera en el empleado es el miedo a no cubrir las exigencias de la empresa (y con ello ser carne de despido); y este estrés se lo comunican al asombrado jefe (el novato, pues)en forma de exigencias y hasta malos modales; cosa hasta cierto punto lógica. Y otro detalle observado, que pocos empleados deben realizar las labores de algunos más, que la empresa podría contratar y que no se contratan. Esto es capital para entender el porqué del numerosísimo nivel de paro existente en España, pues la patronal prefiere tener súper explotados a los escasos trabajadores que tiene, con más o menos precariedad en plantilla.

Una cosa asombrosa. Parece ser que los empleadores se admiran de todo lo que ven en sus visitas, de lo bien que trabajan sus empleados en general (de ciertas deficiencias algunas veces achacables a ellos, no a estos), de la dureza del trabajo (no se me olvida todo lo que hacía uno en una granja de cerdos), de la actitud no ya de resignación (que también) sino de verdadera entrega a pesar de los pesares (por mera dignidad y honradez), de ciertas situaciones familiares… Y sacan una conclusión siempre ‑que debe ser la moraleja que también se pretende‑, que de la inmersión del trabajador en la empresa y de esta en sus trabajadores siempre se sale ganando; un trabajador contento es mejor trabajador. ¡Qué cosas!, ¿eh?

Yo creo que para sacar estas conclusiones no hace falta ir a ninguna escuela de dirección y administración de empresas, tan de moda.

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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