Se nos va un entrañable amigo

Por Fernando Sánchez Resa.

¡Buenas y maravillosas tardes os deseo a todos los aquí reunidos!

Es para mi un auténtico honor expresar lo que siento, en este momento tan especial, por mi querido amigo Antonio. Qué buena y escogida fecha habéis elegido para darle esta merecida despedida, a él que tanto nos dio a todos, especialmente a los que anteriormente emprendimos el camino de la liberación profesional. Siempre recordaremos que el día de san Antonio de 2015, don Antonio Santos Zaragoza, el santo más santo de la familia y de nuestro colegio “Sebastián de Córdoba”, ascendió al cielo de los felices jubilados, empedernidos usufructuarios que disfrutamos del reino de la Tierra a tope, mientras la salud y la ilusión nos acompañe; y que hacemos un claustro informal (sin citación previa y duración, sin determinar) en cualquier esquina de cualquier ciudad o playa…

Siempre me acordaré (aunque por entonces no estaba yo en nuestro colegio de “La Explanada” o “Sebastián de Córdoba”, como se le llama actualmente) cuando viniste desde Espiel (Córdoba) y estabas dedicado en cuerpo y alma a la escuela y a los deportes, con predilección indisimulada al ajedrez, realizando aquellos épicos viajes por toda la geografía andaluza para meter en las mentes infantiles ese amor que le tienes desde siempre a este intelectual deporte, cuya rapidez mental no quieres perder nunca; por eso, cualquier momento es bueno para jugarte una partida en vivo o virtualmente, por internet, y disfrutarla no perdiendo tu agilidad mental, elaborando estrategias de combate ajedrecístico, como la vida misma…; pues también Antonio es un estratega de la vida que con esa alma romántica y enamoradiza que posee sabe trenzar realidad y ficción, a partes iguales, creando su particular mundo de vivencias, recuerdos y añoranzas…


Desde siempre lo veo ayudando a cualquier equipo directivo, sin recibir compensación económica ni de prestigio a cambio en los primeros momentos, pues siempre ha sido amigo de permanecer en la penumbra del anonimato y colaborar desinteresadamente para que nuestro “cole” funcionase muy bien y destacase en nuestra localidad. Hasta que tuvimos la suerte de coincidir (durante ocho años) en nuestro equipo directivo en el que fue pieza imprescindible, pues era un todo terreno que no sabía negarse a colaborar a cualquier hora del día (mañana, tarde e incluso noche) para quedar conmigo y resolver los mil y un asuntos que se presentan en cualquier colegio…


¿Qué hubiera sido de nuestro “cole” si Antonio no hubiera aportado su sabiduría de todo tipo, acompañada de su simpatía personal en la que han quedado enganchados bastantes compañeros, muchos alumnos y muchas madres de ellos, pues su espíritu de servicio incondicional le ha granjeado ese ancho mundo de amistades desinteresadas que posee…? ¿Qué pasará ahora con la instalación y mantenimiento de los medios técnicos, cuando Antonio se ha constituido en persona obligatoria para que las fiestas y celebraciones sean un completo éxito…? Antonio, se te echará de menos, aunque todos sabemos que nadie es imprescindible; pero hay personas como tú que cuesta mucho más privarse de sus valiosos servicios… Tu sabiduría informática e internáutica, y del mundo de los ordenadores en general, fue sumamente necesaria para poner en marcha el aula de informática de nuestro colegio y todo lo que llegó después; y sigue llegando…

Por todo ello, creo que todos te vamos a echar mucho de menos: los compañeros por tu agudo sentido del humor, muchas veces erótico, procaz y tórrido (“por la boca muere el pez”, dice un famoso proverbio…), y hasta subido de tono (para algunos) tanto en los chistes como en los correos electrónicos o whatsApp… Tu amor al deporte en general, tanto practicado como visionado por televisión, con mención especial para el fútbol (al que tanto han amado tus alumnos) y tu Real Madrid, seguirá perenne entre tus principales aficiones. Sé de buena tinta que muchos de tus alumnos te proclaman como su mejor profesor de educación física, pues el partidillo de fútbol era la guinda final a la clase de gimnasia (o educación física, como se le llama ahora), procurando siempre que a su finalización fuese el empate el justo resultado para evitar peleas y disputas innecesarias, tan frecuentes en los gallitos de turno…; además del profe preferido de Educación Física, pues la libertad que imprimías a tus clases era garantía de su lúdico esparcimiento… Tu agudo y perenne sentido del humor, plasmado en la vida misma y con tus alumnos, a los que siempre has tratado con cariño y veneración, así lo corroboran; por eso, en todos los recreos y demás asuetos o festividades era a ti a quien principalmente buscaban para que les resolvieras los grandes problemas relacionales o de convivencia que en el recreo o diariamente se les presentaban…

Amante de la historia y de las ciencias sociales y de llevarse bien con todo el mundo, muchas mamás de tus alumnos, especialmente con las que más roce has tenido, como son las de la asociación de padres y madres, te van a echar de menos, pues siempre tan amablemente les resolvías muchas de sus dudas y problemas.

¿Quién será ahora el sabio gurú que monte todos los artefactos electrónicos de las variadas celebraciones a lo largo del curso y, especialmente, la del fin de curso? Son tantos años, Antonio, proporcionando alegría de vivir y música a la carta al alumnado y profesorado que te lo pedía… ¿Qué hará ahora nuestra común amiga Aurora, en el par de años que le quedan para jubilarse, cuando precise de tu incondicional y necesaria ayuda…?

Lo mejor de ti, Antonio, es que eres buena persona en el sentido primigenio de la palabra; que no guardas rencor por supuestos malentendidos anteriores, sino que en tu ancho corazón sabes acoger a todos como amigos, aunque si son féminas siempre tendrán un puntito más de apego para ti… ¿Qué tendrá la mujer, de la que tanto se quejan algunos hombres, que no podemos vivir sin ella?

En fin, Antonio, te lo dice un joven jubilado que lleva navegando poco más de un año en este ancho y tranquilo océano en el que la felicidad es más completa: «No tengas miedo, pues vas a entrar en la mejor época de tu vida (como me repetía mi padre, que en paz descanse), aunque los años no pasen en balde para ninguno de nosotros; pero es que esta primera etapa es la mejor: eres joven aún, bien parecido (¡no te ha llegado la calvicie como a otros!), tu inteligencia funciona medianamente bien, aunque la memoria (como a todos) nos vaya fallando y no se nos pueda encargar tres cosas seguidas (especialmente a los hombres, por aquello de la solitaria neurona de nuestro cerebro que patina, según nos comentan nuestras consortes…), pues, si no se apuntan, seguro que no las llevaremos a feliz término…».

Querido amigo Antonio: te vas a colar en la mejor época de tu vida bien acompañado; pues tienes a Ana, una mujer maravillosa que te espera en casa para que los viajes, las compras, las labores propias de tu sexo y tu nueva residencia permanente en Fuengirola se hagan realidad. También posees unos hijos, con sus consortes, que se rifan vuestra presencia en la capital de España. Sólo te falta que lleguen esos nietos para que tu alegre corazón vuelva a retornar a tu infancia dorada, llevándolos de la mano a su cole, porque seguro que te querrán incluso más que nosotros te queremos…

Recibe un fuerte y sincero abrazo de amigo, que siempre te recordará y te agradecerá todos los momentos difíciles y complicados que vivimos juntos, durante los ocho años en los que estuvimos en el mismo equipo directivo, solventando con alegría y pundonor los múltiples y variados problemas que se presentaban a diario, pero con una altura de miras encomiable…

Ahora vas a tener más tiempo para disfrutar de las fabulosas playas de tu querida Fuengirola admirando a ese personal femenino, “tan afectado últimamente por la crisis…”, que apenas tiene posibles para cubrir sus desnudeces y al que tú miras y remiras con delectación, no importándote (seguramente) echarle una mano de ferviente admirador, con el dudoso permiso de tu querida esposa Ana… Y es que, Antonio, cuando el jubilado se va haciendo mayor, vive de la imaginación, de la poca vista que le va quedando y de los bonitos recuerdos que le rejuvenecen día a día…

¡Antonio, que seas muy feliz y que disfrutes durante muchos años de esa paz y de ese sosiego que ahora, más que nunca, tienes a mano!

Úbeda, 13 de junio de 2015.

fsresa@gmail.com

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