Homenaje a la Comunidad de Jesuitas de la Safa de Úbeda

Por Fernando Sánchez Resa.

Y llegó el día más esperado…

Si el pasado jueves, la conferencia de Antonio Almagro había desvelado secretos de la presencia y ausencia de la Compañía de Jesús (los jesuitas) en Úbeda, hoy sábado iba a ser el día grande para que la Comunidad de Jesuitas de Úbeda sintiese el inmenso cariño, el desinteresado afecto y el impagable agradecimiento que se le profesa, haciendo realidad el dicho: «Obras son amores y no buenas razones…».

La amanecida trae un día cualquiera de la revuelta primavera que suele vivirse por estos cerros, alternando nubes con claros de tibio sol, envuelta de cierta fría brisa que va ser caldeada con la ilusión del feliz encuentro. A las 11 h, en cordial armonía, van acudiendo todos los que quieren dar calor humano, tanto en el patio de entrada al centro como en el patio de columnas, mientras se observa la colección de fotografías, en blanco y negro, y en color, de la grande y cercana historia de las Escuelas de la Sagrada Familia desde 1941, que ha sido tan fructífera en nuestra ciudad… Los asistentes charlan amigablemente, disfrutando del momento histórico que se está viviendo…

Con puntualidad inglesa y cierto boato, estando las autoridades civiles y académicas ya sentadas en los primeros bancos, van saliendo los 20 sacerdotes (casi todos jesuitas), en doble fila, desde la sacristía, para entrar por el pasillo central y concelebrar la eucaristía en la iglesia de san Juan Bautista. Es presidida por el Vicario General de la Diócesis de Jaén, padre Francisco Juan Martínez Rojas. Un poblado coro anda preparado en el lado izquierdo del templo, para amenizar la especial celebración, ejecutando un escogido y exquisito programa musical, acorde con la ocasión, y que en momentos claves la hará más sublime, elevando el ánimo y la religiosidad de los asistentes…

Sorprende el detalle del regalo que hacen unos infantes a cada uno de los sacerdotes, ofreciéndoles una rosa blanca, que es contestada con el agradecimiento verbal del vicario. A lo largo de más de una hora, distintas personas de la institución van a ir subiendo al atril del altar mayor para expresar bonitas y sentidas palabras, lecturas escogidas, peticiones sinceras, ruegos, oraciones… cuyo denominador común será el agradecimiento y el gozo por haber tenido la suerte de tener a la Comunidad de los Jesuitas en nuestra ciudad, dándoles gracias a Dios por ello. Todos quedan sorprendidos cuando un grupo de cuatro niñas y un niño hacen una performance a los pies de las escaleras del altar mayor, representando, mediante un sencillo y certero mensaje (“EN TODO, AMAR Y SERVIR”) que, en cinco cartulinas, muestran a los asistentes y a los sacerdotes concelebrantes… Hasta el grupo de boy scouts (con sus diferentes y coloridos atuendos: amarillo, rojo, azul…) están presentes en la celebración y también protagonizan, al final de la misa, una representación para peticionar ante el micrófono del altar mayor, acabando con un efusivo «Gracias, padres jesuitas».

Se observa que todo está bien estudiado para que muchas y variadas personas de la institución Safa de Úbeda sean protagonistas esta mañana; unas veces leyendo, otras llevando las ofrendas al altar (muy originales por cierto, como son la estatuilla de la institución y el libro del padre Bermudo). Todo es expectación, sin faltar los medios de comunicación, así como particulares y safistas que inmortalizan una y otra vez todo cuanto acontece; especialmente, el fotógrafo de la Safa que no perderá detalle tanto en el patio abierto o de columnas como en la iglesia y en el salón de actos…

El vicario autoriza al sacerdote más joven para que lea el evangelio y luego es él quien se encarga de hacer la predicación correspondiente; que, al ser tan importante, no quiere que se le escape nada y la trae escrita. Es una exhortación donde conjuga la densa historia de la Compañía de Jesús en nuestra ciudad, que él mismo ha investigado, como historiador que es, resaltando la misión evangelizadora y misional de la Compañía de Jesús desde que se instaló en Úbeda hasta que llegó el padre Rafael Villoslada en 1940; sin olvidar el tiempo cuaresmal en el que nos encontramos, el comentario de las lecturas sagradas hechas y la explicación del mensaje ignaciano, con la primacía de la gracia de Dios, simbolizado en el emblema de los jesuitas: IHS (‘tenemos a Jesús por compañero’).

Acabada la misa, el tiempo transcurre veloz y, entre saludos y conversaciones, los asistentes se van instalando en el salón de actos, gracias a las indicaciones de las guapas azafatas, donde las seis primeras filas están reservadas a los padres jesuitas y al personal de la Safa, en general, sea de Úbeda u otras poblaciones.

Y, pasando la una de la tarde, comienza el último acto de la entretenida mañana. La pantalla está colgada del techo del escenario, con la foto fija de la iglesia y la parte delantera de la Safa, con el siguiente texto:

Acto de Despedida de la Comunidad de Jesuitas.
Úbeda-Marzo 2014.

Bajo ella está la mesa presidencial que ocupan cuatro personalidades (de izquierda a derecha desde el público): Soledad de la Blanca de la Paz, directora de la Escuela Universitaria de Magisterio del centro; padre Francisco José Ruiz Pérez SJ, Provincial de España de los jesuitas; el alcalde de la ciudad, José Robles Valenzuela; y Víctor Pérez Cárdenas, director de la institución Safa de Úbeda. En el atril, una docente de la casa es la encargada de ir relatando el desarrollo del acto así como de las personas que van a intervenir.

Víctor Pérez da los buenos días a todos y lee unas enternecidas palabras, que le gustarían también que deleitasen y entretuviesen, recordando el loable servicio realizado por los padres jesuitas, esperando su pronta vuelta. Lo que vendrán a repetir de diferentes maneras casi todos los intervinientes: nostalgia por el tiempo pasado entre nosotros, agradecimiento y afecto por el trabajo realizado y esperanza de una vuelta lo más rápida posible…

Seguidamente, Soledad de la Blanca se centra en la Escuela de Magisterio, la niña bonita de la Safa, haciendo un curioso recorrido histórico desde su fundación a nuestros días, resaltando personas, objetivos, logros y esperanzas, y agradeciendo la impagable presencia jesuítica…

Luego, sube al estrado Antonio José Campos Martínez, antiguo alumno que retrata valiente y conscientemente su paso por la institución, reconociendo que le han dejado honda huella las muchas personas y profesores con las que se ha encontrado en el camino; que, además de darle sabiduría, valores y rudimentos para su trabajo, lo han hecho persona y creyente comprometido con los demás y con el pobre y desamparado…

Después sube Juan Clemente al estrado y, tras los saludos y las palabras de gratitud a los padres jesuitas, entre hipidos y sollozos por la honda emoción que le embarga (por lo que es aplaudido varias veces para que se desahogue), explica valientemente lo que para él debería ser la escuela pública, hablando precisamente desde la institución Safa, que yo interpreto que coincide con las cinco intuiciones que marcaron los ejes de la actividad del padre Villoslada: la opción por los más pobres y necesitados ‑la clase trabajadora‑; la necesidad de fundar escuelas bajo la dirección de la Compañía de Jesús, pero con una estructura jurídica civil, independiente de la Compañía ‑sueño que no se cumplió‑; la integración de los seglares en las tareas de educación y dirección, adelantándose más de veinte años al Concilio Vaticano II; la búsqueda de la formación integral del alumno: física, intelectual, cristiana y de compromiso con la sociedad; y la formación profesional como motor de cambio.

Recuerda a Michel del Castillo y a Antonio Muñoz Molina, leyendo elocuentes e inspirados textos de Tanguy y su último prólogo, escrito por nuestro flamante Príncipe de las Letras, recordando que lo regalaban a los maestros que terminaban su carrera en esta institución; corroborando que ambos son antiguos alumnos que pasaron los mejores años de su vida en esta Safa que les acunó en su infancia desamparada o pobre, en la época de la dictadura franquista… Se despide, diciéndoles a los padres jesuitas que se les echará en falta en la iglesia, en el confesonario y en todos los lugares de este centro; pero, sobre todo, en los corazones…

Después, llega el entrañable y evocador vídeo, titulado “La vida es un regalo”, sobre la historia de los padres jesuitas en Úbeda que, como en cualquier celebración que se aprecie (bodas, presentación de libros, etc.) es ya un tópico, con dos partes diferenciadas. La primera recoge los momentos cotidianos y sublimes (en blanco y negro, y en color), entreverando un poético mensaje escrito donde van desfilando algunos de los momentos y personas más cruciales de los casi 75 años que los jesuitas han estado entre nosotros, acompañado de una especial música que penetra en las fibras más sensibles del recuerdo y la añoranza, pues se palpan, entre el público, suspiros y lágrimas por aquellos añorados y dorados tiempos que ya no volverán. En la segunda parte, destacados personajes actuales de la Safa de Úbeda (maestros, profesores, antiguos y nuevos alumnos…), de forma muy amena, van resaltando ante la cámara lo que los padres jesuitas de Úbeda han supuesto en sus vidas profesionales, personales y familiares, mostrándoles su sincero agradecimiento, pues es totalmente imposible devolverles tanto beneficio recibido…

Una vez acabado el vídeo y tras los muchos y calurosos aplausos, se encienden de nuevo las luces y la presentadora no puede comenzar a hablar ante el atril, pues ha quedado embargada de emoción y aprovecha los insistentes aplausos del público para guarecerse entre bambalinas un ratito, hasta que puede proseguir su discurso de agradecimiento y presentación de los personalidades que restan por tomar la palabra.

A continuación, el padre Jesús García de Leaniz Rigó improvisa un emotivo discurso, salpicado de fechas, personas y agradecimientos, aclarando que siempre ha hecho (con gusto) todo lo que ha querido, gracias a Dios, que es quien se lo ha proporcionado, y a la gente con la que ha convivido en distintos ambientes y durante tantos años en Úbeda. Aclara que, aunque el director le había pedido que hablara como representante de los jesuitas, él ha hecho caso omiso e incluso improvisa un discurso diferente del que traía escrito… Es seguramente el que más aplausos recibe…

José Robles Valenzuela conforma su parlamento recordando lo desvelado hoy en la predicación del vicario y por los intervinientes anteriores sobre la historia de los jesuitas en Úbeda, y explica que, aunque él es antiguo alumno salesiano y no safista, estuvo aquí impartiendo módulos de taller de mecánica del automóvil, por lo que se siente vinculado a esta institución como trabajador; y como alcalde también, por lo mucho que han dado los jesuitas a esta ciudad; y, en contraprestación, el concejo antiguo y el actual ayuntamiento han estado y están dispuestos a ayudar a la institución. Da las gracias por la labor que han realizado en nuestra ciudad y deja que ponga el broche de oro el padre Francisco José Ruiz Pérez SJ, Provincial de España de los jesuitas. Éste lee su templado y enjundioso discurso, que en ciertos pasajes suena a predicación divina, explicando lo que en definitiva ya sabemos: que cada vez hay menos vocaciones, que es un mal de Europa y que, por ello, no pueden atender a todos los frentes de servicio que tienen abiertos; por lo que han tenido que reestructurarlos. Siente dolor por haberse marchado de Úbeda, pero confía en que, como Dios es el que prevé y quien escribe la historia, será Él quien los guíe… «Nuestra vocación de amor y servicio pasa el testigo, como don recibido, a vuestra responsabilidad laica…; ponemos todo en manos de Dios…». Y termina diciendo: «Nada ni nadie ha dictaminado que no nos podamos encontrar otra vez. ¡Hasta luego!».

Ha transcurrido cerca de hora y media (que se ha pasado volando) en la que todas las intervenciones han constituido un canto coral al impagable servicio prestado por los padres jesuitas, que dejan honda huella y la besana abierta para el trabajo inmenso del servicio al más necesitado y al prójimo cercano.

Ahora llegan los parabienes y las palabras amables en la intimidad del diálogo en pareja o pequeño grupo… Se palpa en el ambiente un doble estado de ánimo (como las dos caras de una moneda): alegría y justicia por haber tributado el merecido homenaje a esta Comunidad de Padres Jesuitas de Úbeda, que se lo merecen todo; y honda pena por su pérdida y ausencia, en la esperanza de que el mañana vuelva a traerlos por nuestros amados Cerros de Úbeda, a los que tanto quiso y de los que tanto escribió nuestro recordado Juan Pasquau Guerrero, tan vinculado a la Safa…

La hora del almuerzo es llegada y los invitados especiales (padres jesuitas y personal Safa) van a degustar un sabroso refrigerio, sin tener que salir de la casa madre, para así alargar nuevos y entrañables momentos…

Y este humilde cronista, no teniendo la inspiración divina del santico de Fontiveros, se permite retocar mínimamente su poesía emblemática para dedicársela a la inmensa, loable y divina labor realizada en nuestra ciudad por los padres jesuitas:

Pasaron por estos sotos sin presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejaron de hermosura…

Úbeda, 21 de marzo de 2014.

fsresa@gmail.com

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