Te has ido demasiado pronto

El día de san Isidro me enteré de que ya te habías marchado…

Me llamó Rosa M.ª, nuestra común amiga, tu “compa” entrañable, y me lo dijo: «Rosarito murió el domingo de Resurrección (20 de abril)». Me quedé anonadada. Sabía que estabas enferma y que no ibas a mejor; pero, como eras tan animosa, esperaba que la cosa no fuera tan rápida y me diese tiempo a ir a verte este verano, ya que el anterior no pudo ser.

Mirando hacia atrás, te veo en quinto de bachillerato, en el instituto “San Juan de la Cruz”. Allí nos conocimos con 14 o 15 años; venías de las Carmelitas. Ambas éramos de la sección de ciencias. Te recuerdo con tu eterna sonrisa, tu carácter alegre, siempre dispuesta a echar una mano, tu larga melena lisa de color miel, que era la envida de todas y, sobre todo, siempre con prisas… ¡Ah!, también nos hacía gracia tu apellido “capicúa” Fernández-Montes Fernández. Rosa M.ª y tú formabais un tándem único: erais las “compas”. Me enteré de que ambas llegasteis a vuestro colegio de las Carmelitas al mismo tiempo, y de allí salió vuestra unión indisoluble. Luego, me uní a vosotras y poco a poco formamos un grupo más grande.

De estos dos cursos del instituto recuerdo, sobre todo, la obra de teatro La mordaza (de Alfonso Sastre), en la que trabajaste, y nuestro viaje de estudios a Mallorca. Parece que te oigo cantando en el autobús y paseando por la playa, sin bañarte, porque no te dieron permiso. También, en una habitación donde nos reuníamos casi todos para pasar el rato: riendo, contando chistes y haciendo (algunos) un pase de modelos muy divertido. Tú te habías lavado el pelo y estabas en el radiador secándote. ¡Qué tiempos! ¿Verdad?

Después vino la dichosa reválida de sexto. Me veo junto a ti, Rosa M.ª, y alguna que otra más, dando clases preparatorias con tu padre, don Manuel, que tan bien se portó conmigo.

Luego decidimos hacer magisterio en la Safa de Úbeda y allí estábamos las tres: apiñadas en un lateral de la sección A, cerca de una de las ventanas de la clase. ¡La de confidencias y ratos que vivimos en esos dos cursos! ¡Qué bien redactabas! Tus cuadros sinópticos eran una maravilla, con esa preciosa letra que tenías. Todo el mundo seguía queriéndote y tu pelo color miel seguía siendo admirado y envidiado.

Tengo unas fotos del baile de disfraces: estás peinada con unos bucles, que quisieron ser tirabuzones, pero que, a pesar de los rulos súper pequeños que te pusieron, no consiguieron mantenerse. También recuerdo nuestro albergue en Cazorla, en especial, el domingo que pasé con tu familia, cuando vinieron a verte; y la vuelta a Úbeda con tus padres, cuando acabó “el mes de reclusión”…

En primero de magisterio, volviste a hacer teatro: el padre Bel os dirigió en Otelo (de William Shakespeare) y tú hacías de Desdémona. La obra, más que tragedia, resultó comedia…; pero es que hubo poco tiempo para ensayar, aunque tú pusiste mucho de tu parte. También te veo en la foto de mi boda, tan sencilla y elegante con tu hermoso pelo… El común denominador de todos estos años siguió siendo tu simpatía, tu amabilidad, tu sonrisa, tu pelo largo ‑color miel‑ y… las prisas. Siempre ibas corriendo a todos lados y muchas veces había que esperarte.

Estando yo casada, fuimos a verte a Algeciras y estuvimos en tu colegio de Los Barrios. Fue un día inolvidable. Lo pasamos muy bien. Nos enseñaste todo aquello; hasta nos acercamos a la verja de Gibraltar que, por esos tiempos, andaba cerrada. También vimos las grúas de Crisnavis (creo que era una naviera que había cerrado hacía unos años) y nos hicimos fotos ante el Peñón. Después, pasado un tiempo, viniste a vernos a Torre del Mar, con uno de tus hermanos. Y, hace unos años, volviste a Úbeda para acompañar a tu “compa” en un momento triste. Hacía mucho que no te veía. Estabas casi igual; sólo que tu precioso pelo era algo más corto y con algunas hebras blancas; pero seguía tan bonito como antes.

Seguimos manteniendo contacto telefónico, siempre prometiéndonos encontrarnos. Mas por una cosa o por otra, el momento no llegó nunca. No pudiste venir a la reunión del 25 aniversario de nuestra promoción de magisterio (1970-73), ni a la de los cuarenta años. En aquélla, por estar tus padres enfermos; y en la última, por estarlo tú. Me hubiera encantado que vinieses a la boda de mi hija Margarita, pero te encontrabas débil y no pudo ser.

Ahora ya te llamaban sin diminutivo: Rosario; pero para mí siempre serás Rosarito. Te has ido demasiado temprano; y muy deprisa, como siempre has caminado por la vida. ¡Dios te ha llevado con Él, directamente al cielo! Nos has dejado con una gran pena; pero sé que desde allí cuidarás de nosotros y, cuando nos llegue el turno, saldrás a recibirnos a las puertas del cielo: como un ángel más de la corte celestial.


Úbeda, 20 de mayo de 2014.

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