Sobre “Tres sombreros de copa”, 1

Analiza la situación “amorosa” entre los tres personajes de estos fragmentos de Tres sombreros de copa de Miguel Mihura.

DIONISIO (D)

No creo. Aún no son las once. Ella duerme junto a la habitación donde está el teléfono… Ya está. (Marca). Uno, nueve, cuatro. Eso es. Hola. Soy yo. El señorito Dionisio. Que se ponga al aparato la señorita Margarita. (A Don Rosario). Es la criada… Ya viene ella… (Al aparato). ¡Bichito mío! Soy yo, sí. Te llamo desde el hotel… Tengo teléfono en mi mismo cuarto… Sí, Caperucita Encarnada… No… Nada… Para que veas que me acuerdo de ti. Oye: no voy a llevar el sombrero que me hace cara de chubesqui… [1] Fue una broma… Yo no hago más que lo que tú mandes… Sí, amor mío… (Pausa). Sí, amor mío… (De repente, encoge una pierna, tapa con la mano el micrófono y da un pequeño grito). Don Rosario… ¿En esta habitación hay pulgas?

DON ROSARIO (R)

No sé, hijo mío…

D

(Al aparato). Sí, amor mío. (Vuelve a tapar el micrófono). ¿Su papá, cuando murió, no le dejó dicho nada de que en esta habitación hubiese pulgas? (Al aparato). Sí, amor mío…

R

Realmente, creo que me dejó dicho que había una…

D

(Que sigue rascándose una pantorrilla contra otra, desesperado). Pues me está devorando una pantorrilla… Haga el favor, don Rosario; rásqueme usted… (Don Rosario le rasca). No; más abajo. (Al aparato). Sí, amor mío… (Tapa). ¡Más arriba! Espere… Tenga esto. (Le da el auricular a Don Rosario, que se lo pone en el oído, mientras Dionisio se busca la pulga, muy nervioso).

R

(Escucha por el aparato, en donde se supone que la novia sigue hablando, y toma una expresión dulcísima). Sí, amor mío… (Muy tierno). Sí, amor mío…

D

(Que, por fin, mató la pulga). Ya está. Deme… (Don Rosario le da el auricular). Sí… Yo también dormiré con tu retrato debajo de la almohada… Si te desvelas, llámame tú después. (Rascándose otra vez). Adiós, bichito mío. (Cuelga). ¡Ella es un ángel…!

berzosa43@gmail.com

 



[1] Estufa para calefacción, de forma cilíndrica, con dobles paredes, que suele quemar madera, serrín o carbón.

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