Sinfonía de paz

Presentado por Manuel Almagro Chinchilla.

A la edad de veintisiete años, las aportaciones literarias de Ramón Quesada Consuegra se habían hecho casi imprescindibles en diversas publicaciones de ámbito local y comarcal de la ciudad de los Cerros, por lo que su llegada a Diario JAÉN supuso una más que estimable consideración y un inmejorable reconocimiento de la labor que venía desarrollando.

La incorporación de Ramón al equipo de Opinión del primer rotativo provincial era esperada y, sobre todo, acariciada con verdadera dilección por nuestro autor. Es por ello que su primer artículo, “Sinfonía de paz”, es un derrame de júbilo, convirtiéndolo, más o menos, en una partitura, en cuyos pentagramas, con acusado sentimiento poético y greguerías, da rienda suelta a las emociones con su característica personalidad expresiva. En la sintonía, da cabida al canto que le sale del alma, o a las notas en do mayor de campanas equilibristas, o a las avecillas que, como sonámbulos sorprendidos, se desprenden de las viejas torres… Lean, lean…

Es significativo que, esta publicación inicial, la firme con seudónimo; sin duda, como así lo llegó a manifestar, como parapeto ante el infundado temor, no ausente de rubor, que suele producir el primer baño de masas.

Tenemos que hacer canto… Pero para hacer canto se necesita de letra y de música. Yo cuento con ambas cosas espiritualmente.

Por los múltiples senderos y caminos que conducen a una fe ciega, como la de este gran pueblo, yo quiero hacer de poeta sin serlo, hacer de compositor sin entender de música. Lo mismo que en mi carácter grave puede que todo, o casi todo, sea alegría y jolgorio.

Digo que voy a hacer canto, porque yo considero el canto como algo que se siente, como una cosa que sube y baja cosquilleando por todo nuestro ser. Para mí es cuerpo y alma al mismo tiempo; y el canto sale del alma, de un espíritu esencial y sentimental que sabe sentir, y que, como corriente cristalina que ha nacido del manantial de un sentimiento puro, corre por los cauces y acequias verdes, fertilizando la flora del cuerpo, y caracolea por las venas hasta llegar a la ría, y de la ría a los mares inquietos del corazón; y lo que llega a éste no puede ser ni impío ni impuro.

La sintonía en do mayor de mi plegaria ‑de mi canto, mejor dicho‑, del canto de toda Úbeda, serán las campanas equilibristas de un regio campanario ‑del campanario que guarda la joya de una Virgen chiquitita y morena‑ que, con sus volteretas, difuminarán las piruetas locas de brillantes y argentinas alegrías, tañendo y murmurando, como viejas chivatas, el amanecer glorioso de las sublimes Bodas de Oro de la Adoración Nocturna. Son sones parlantes, sin pentagramas; y, sin simetrías de notas, serán dirigidas por una mano celestial. Y las avecillas, que como sonámbulos sorprendidos se desprenderán de las viejas torres, llenas de quietud pasajera, formarán en el espacio un ramo de azahar que perfume el viento y llene el suelo de pétalos policromos, saturando de paz los corazones cristianos de la creyente y esperanzada Úbeda. Ya tenemos la muestra.

Si el sentir de un pueblo cristiano pudiera pintarse con una exactitud, hasta ahora no concebida a ningún pintor terrestre, sino celestial, entonces tendríamos, seguramente, la letra; pero la letra natural de varios pechos anónimos, de muchos suspiros que irán al cielo en estos cortos días de grandes y solemnes recibimientos al Señor. De grandes vigilias y de grandes congresos presididos por un gran Pastor.

La letra podría ser compuesta por nosotros, cuando nos fuera inspirada por una musa inédita y sobrenatural. Nosotros, tocándonos el corazón, podríamos hacer una poesía; pero, entonces, la letra no vendría bien a las grandes creencias: no podemos describir todo lo más bello con una pequeña e incierta pluma; no podríamos vitorear a los vientos la magnificencia de unas fechas prendidas de realeza, que nos llegasen como saetas raudas y certeras a un punto esencial del ser.

Pero Úbeda, al decir verdad, todo lo sabe y todo lo espera. Ella no necesita de pregones para saber cumplir con sus creencias y, cuando pasen muchas semanas de estas memorables fechas, entraremos en un estado de melancolía, añorando nuevas y gloriosas solemnidades…

No es preciso seguir; con lo que vamos a ver y sentir, nos daremos cuenta del interés de este extraordinario museo de ricas obras cristianas.

(12‑11‑1957).

RAMÓN DE ALBA.

Primer artículo para Diario Jaén, escrito por Ramón Quesada Consuegra, con seudónimo.

almagromanuel@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *