Olimpiada escolar

¡Hola, queridos amigos!

Somos dos alumnos de cuarto curso (chica y chico) que en anteriores ocasiones hemos expresado nuestro punto de vista sobre diversos acontecimientos de nuestro querido colegio (“Sebastián de Córdoba” de Úbeda). Hoy queremos hacerlo al alimón, dando nuestra impresión‑opinión compartida, un tanto peculiar, del último acontecimiento importante que hemos vivido todos los alumnos de primaria de nuestro colegio; así como del resto de colegios o institutos de nuestra ciudad.

Fue el pasado 17 de junio (viernes) cuando echamos toda la jornada (de 9 a 14 horas) para hacer lo que tanto nos gusta a todos: no tener clase de Matemáticas, Lengua… sino de Educación Física; y, además, en plan competición, para demostrar la valía de los mejores… ¡Con lo que nos gusta a todos saber quién es el campeón…!

No hemos podido hacer este artículo antes, debido a lo atareados que hemos estado la última semana de curso (del 17 al 21; ya que, por fin, nos dieron las ansiadas notas; ¡y qué buenas han sido para nosotros dos, pues están pobladas de sobresalientes!). Por eso, ahora que nos han regalado las vacaciones de verano (tan esperadas y ganadas), ya más relajados, vamos a relatar todo lo que aconteció en ese día tan especial, no exento de dificultades y contratiempos… Pensamos expresarlo todo: lo positivo  e incluso, también, lo negativo; para que en futuras ediciones nos tengan en cuenta la organización y el ayuntamiento; siempre con el objetivo de que cada edición salga mejor…

 

Tras la foto de todos los cursos de primaria en el patio (enfundados en nuestra regalada camiseta fosforito, que ya nos servía de fácil identificación), marchamos por las calles de Úbeda, cantando y sumamente alegres, vigilados muy de cerca por nuestros tutores y algunas madres delegadas o voluntarias. Apuntaba felizmente el día, con su sol radiante y su azulado cielo…

Llegamos rápidamente a las instalaciones del campo municipal, donde nos esperaban los encargados de la organización para que nos concentrásemos (cada uno de los colegios o institutos participantes) en el verde césped de abajo. Todo estaba bien señalizado. Parecíamos auténticos deportistas (como los que solemos ver en la tele) y todos nos sentíamos muy importantes…

Después y tras las fotos e instrucciones de rigor, marchamos al lugar asignado a nuestro cole en las inmensas gradas. Hasta que estuvimos colocados todos los participantes ‑de todos los colegios‑ pasó mucho tiempo… En fin, ya estábamos todos sentados en nuestros lugares, cuando el alcalde nos dedicó unas palabras, que no entendimos demasiado, pues la megafonía no lograba vencer al runrún ambiental…

Y ya comenzó todo, pero con una lentitud exasperante, pues lo que en verdad queríamos era que nos tocase participar, a nuestro curso o ciclo, en las diversas competiciones deportivas en las que nos habíamos apuntado por mediación de don Jesús ‑nuestro querido profe de Educación Física‑ (80, 300 y 800 metros, longitud, altura, peso, relevos y fútbol). Desde las gradas, animábamos a todos los atletas de nuestro cole gritándoles y aplaudiendo lo más fuerte posible…

Nosotros, muy educados, no nos queríamos ir de nuestro sitio asignado, pues estábamos bajo la atenta mirada de nuestro maestro; pero comprobamos que ‑otros cursos y otros centros‑ no hacían lo mismo y deambulaban por aquí y por allá, sin que les tocase participar, claro; cruzando incluso las pistas por donde iban corriendo los deportistas participantes, con el consiguiente peligro para todos ellos… Y, además, no hacían caso a las instrucciones que decían los altavoces…

El sol y el calor arreaban fuerte, a pesar de que teníamos puestas nuestras gorras y nuestras madres nos había preparado con crema anti solar…

 

Llegó la hora de marcharnos y, como varias de nuestras mamás habían ido a dar una vuelta por allí, ellas se llevaron a sus hijos directamente a sus casas; mientras que el resto de alumnos (quince exactamente) volvimos casi en una carrera pedestre a nuestra aula, sin que diese tiempo a nada más… Ni siquiera nuestro maestro pudo decirnos las notas que habíamos sacado en el último control de lengua (con dictado y redacción, incluidas); por lo que lo dejamos, con gran dolor de nuestro corazón, para el lunes siguiente…

Y, a modo de resumen, quisiéramos dejar constancia de los pros y los contras que esta actividad deportiva nos ha proporcionado.

Hemos visto como muy positivo: el encuentro con otros amigos y compañeros de otros colegios; la excursión ‑a pie‑ que realizamos desde nuestro cole; y la vuelta, tras más de treinta años (según nos dicen nuestros mayores), de la celebración de una olimpiada en Úbeda…

Como negativo: a veces, hemos notado excesiva rivalidad y malos modos, cuando el que gana no es de nuestro colegio, sino de otro; falta sana competitividad, pues todos sabemos que estos juegos son una manera elegante de canalizar la violencia que todo ser humano llevamos dentro, para que el rival o adversario no sea nuestro enemigo acérrimo, sino otro polo sobre el que sopesar nuestras cualidades deportivas y humanas…

También notamos que se hicieron ciertas pruebas demasiado tarde, cerca de las catorce horas (por ejemplo, la prueba de ochocientos metros de mayores…); y, según nuestro corto entender, fue una auténtica barbaridad, pues hubo algún que otro desmayo y/o lipotimia (que pudieron haber sido más graves –todavía‑ y habernos dado un serio disgusto…). Todo debería hacerse antes y con la fresquita; y más, ahora que existe internet y se sabe el tiempo que va a hacer: se puede y se debe escoger un buen día de primavera (en el que el sol no caliente excesivamente nuestras cabezas y se pueda competir, sin el calor agobiante que pasamos todos…); pues, en las gradas, permanecimos un tiempo; pero, luego, aquello no había quién lo aguantara, por lo que se fue diluyendo poco a poco la compacta formación y el espacio en el que estábamos destinados cada uno de los colegios, siendo ‑al final‑ un maremágnum insufrible…

Hubo gente que se bajó a la pista y se cruzaba alegremente, compitiendo con el consiguiente peligro y deslucimiento para los deportistas que, en ese momento, estaban participando… Luego, a alguien se le ocurrió abrir las mangueras de agua para regar el césped y allá que se fue toda la marabunta, saltando las gradas y vallas como locos, para refrescarse; con el consiguiente peligro de atropellamiento de los mayores a los más pequeños… (Hay que tener en cuenta que nos juntamos multitud de participantes: desde primero de primaria hasta cuarto de secundaria…).

 

Creemos que se debería haber hecho por ciclos (o en días diferentes, según edad o pruebas); para que pudiese retornar a su colegio cada ciclo, cuando acabase; y no tenerlos enganchados allí toda la santa mañana…

Por eso, aunque fue una mañana estupenda, ya que no tuvimos clases regladas, sin embargo, todos llegamos súper cansados a nuestras casas; tanto… que nos tuvimos que echar una buena siesta (y eso que nunca nos apetece…); pues el sol y la actividad física habían mermado nuestras fuerzas físicas y psíquicas; y de qué manera…

Esperemos que la organización haya tomado nota de todo lo que puede y debe ser mejorado… Les deseamos, a todos ustedes, que pasen un feliz verano. ¡Hasta el año que viene!

Úbeda, 25 de junio de 2013.

Nota: Gracias a Antonio Santos por las fotos…

fsresa@gmail.com

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