Un modelo desfasado

La izquierda no está interesada en ilustrar a los niños y adolescentes españoles. Quiere adoctrinarlos en su “verdad”, sin dejarles margen para otra. En la forma, no enseñan, catequizan; en el fondo, buscan apoderarse de las almas, en la que dicen no creer. Son tan enemigos de la cultura como de la libertad, porque las temen, y harán cuanto esté en su mano para que las próximas generaciones de españoles alcancen el pleno analfabetismo.

Esto lo ha escrito un columnista de un periódico de la derecha.

Si esto hubiera sido así, teniendo en cuenta los años que han transcurrido bajo las leyes educativas socialistas, el PP no habría conseguido esos diez millones de votos de las últimas elecciones. Ahora, ¿no habrá definido este columnista con mucha certeza lo que en realidad él conoce muy bien, porque se le podría aplicar (salvo en la creencia del alma) exactamente a la Iglesia Católica…?

Llevo una cruz en mi cuello. Nunca la había llevado, pero me la encontré, hace años, en el límite del agua y la arena de una playa y me la puse. Y no me la he quitado. Nací y me bautizaron como católico, de lo cual no he renegado (aunque entiendo y creo en su derecho a quienes quieren que quede por escrito su apostasía). Es más actitud cultural y de costumbre que de ejercicio. Como tantos españoles.

Pero entiendo que la cuestión religiosa debe pertenecer a lo privado y al círculo de sus practicantes. Por mera cuestión de libertad y de respeto.

Y por la obligación que tienen los creyentes en cuidar sus creencias desde la familia y desde las estructuras adecuadas que para ello existan. En concreto, la Iglesia Católica tiene la obligación de actuar en ese sentido, en el ámbito familiar y en sus propias comunidades. La Iglesia Católica tiene esa obligación no trasladable a los poderes civiles, a la administración política, a las estructuras y medios del Estado.

La Iglesia Católica no puede escudarse en verdades a medias y en razonamientos traídos por los pelos, para hacer dejación de sus funciones privativas en orden a una mayor comodidad de sus miembros. La labor de catequesis y adoctrinamiento debe ser dura, es cierto, mas es su misión para la que está creada, no para que se la faciliten y realicen los poderes laicos.

No tenemos que volver a la “ley del candado” republicana, pero tampoco a los tiempos del nacionalcatolicismo. Creí que se había avanzado en este campo. Veo que no. La Iglesia Católica muestra así la evidencia de su propio fracaso. Del que quiere resarcirse por este medio.

No se ha cedido un ápice. Quieren las jerarquías católicas y quienes las siguen, sin dudarlo, que la enseñanza englobe la asignatura de religión católica como básica y computable académicamente (de hecho casi pasaría otra vez a obligatoria). Quieren, por este medio, volver al adoctrinamiento masivo y ciertamente bastante superficial de la juventud española, para exhibir músculo ante la sociedad de su gran número de seguidores (y reclamar más beneficios) y para justificar así una recatolización nominal de España; tal vez, hasta intentar conseguir una vuelta espectacular de las gentes a las prácticas y a los templos (lo ha admitido prácticamente así el mismo Rouco). Pero, sin el esfuerzo que ello merece. Sin el convencimiento que ello lleva aparejado. Digamos que “por la cara” de unos y la obligación de otros…

La libertad está para ejercerla o no; y la Iglesia Católica tiene y debe tener libertad de ejercicio, de culto y de enseñanza. Nadie se lo discute. Pero la enseñanza, como medio de catequesis y doctrina, debe ejercerla en sus propios colegios y con sus propios medios (y aquí incluyo los aportados por sus fieles). Si alguien quiere dejar a sus vástagos al cuidado de los curas o monjas, hágalo enhorabuena, pero con todas sus consecuencias. Y, primeramente, admitiendo que los lleva a un centro de enseñanza confesional y que está de acuerdo con la confesión, con su enseñanza y doctrina. Tal vez los colegios religiosos así lograrían alumnado más acorde con su finalidad y sus deseos, y hasta aumentaría el número del mismo (siendo premisa que en los públicos no se impartiese nada de religión).

De la misma manera que he declarado públicamente estar en desacuerdo con la maestra de enseñanza religiosa católica que reclamaba su reincorporación al puesto, tras ser despedida por inconsecuente con la enseñanza de la Iglesia Católica respecto al matrimonio (le doy la razón a la jerarquía, por la incongruencia de la mujer), entiendo que la congruencia de una escuela estatal debe pasar por eliminar la enseñanza religiosa (de cualquier religión, aclaro) de sus aulas, si se dice que estamos en un estado laico. Respeto, cuanto menos, a las reglas de juego. O cámbiense declaradamente.

Por eso, es más tremenda la actitud del actual gobierno, que pasa por encima de la Historia, para darle vuelta al forro sin que se note (como en tiempos de penuria se hacía con abrigos y trajes, para que pareciesen nuevos) y vuelvan las viejas costumbres. Creen los ancianos obispos (y los de su cuerda, aunque no lo sean, pero sí igual de retrógrados) que lograrán con ello lo que he insinuado arriba; mas la vida no transcurre gratuitamente y lo andado no se puede desandar (al menos por el mismo camino). No confundamos: esto no es anticlericalismo (espero que no vuelva, ni sus manifestaciones criminales), es demasiado fácil decirlo o calificarlo así. Es puro civismo laico, para todos. Civismo para crear una sociedad responsable de sus libres elecciones, y consecuente con ellas.

Si volvemos al párrafo inicial, veremos la inquina, el odio, la sinrazón y el fanatismo que lo impregna. Y la mentira descarada. ¿Es este el modelo de fieles católicos que quiere la Iglesia Católica española?

Por cierto, y a salvo las grandes y magníficas excepciones, como fue la Safa, ¿por qué los colegios religiosos siempre van dirigidos hacia las clases más favorecidas?

marianovalcarcel51@gmail.com

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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