Conocer Úbeda, 01

Habiendo recibido la noche anterior un correo electrónico en el que se me invitaba a participar en el descubrimiento de nuestro patrimonio más cercano, de la mano de especialistas ubetenses en Historia del Arte (Paseos por Úbeda y sus contornos, lo titulan), durante los cuatro sábados consecutivos del mes de mayo; me sentí impelido a estar hoy, puntualmente, a las once y media de la mañana en el Hospital de Santiago, pues disfrutaría recordando nuestra historia artística local durante hora y media, aproximadamente; y, encima, de forma gratuita, de la mano de Francisco Javier Ruiz Ramos (Presidente de Úbeda por la Cultura).

Lo mismo pienso hacer los próximos itinerarios, que no me quiero perder; y que serán a la misma hora: el día 11, en la iglesia de San Isidoro (con Pablo Jesús Lorite Cruz); el día 18, en la iglesia de San Pablo (con José Manuel Almansa Moreno); y, finalmente, el 25 de mayo, en el Palacio de Juan Vázquez de Molina (con Rosa María López Ruz).

Por parejas o de forma individual, fuimos llegando y estuvimos charlando hasta que el sabio guía nos congregó a todos. El frondoso y enorme laurel (que tanto estorba a la completa visión de la hermosa fachada del Hospital de Santiago…), juntamente con el sol de medio día, nos encandilaron de veras…

Mediante cinco paradas o estaciones ‑a modo de vía crucis cultural y artístico‑, Francisco Javier nos fue desgranando lo más sobresaliente de este edificio tan singular, al que llaman «El Escorial de Andalucía».

En la primera parada (ante la puerta de entrada del Hospital de Santiago; y que fue la más extensa), hizo una gran introducción de las fundaciones hospitalarias o asistenciales, desde la antigüedad clásica hasta que se construyó el Hospital Mayor de Milán (1456); que fue el modelo al que seguir por las siguientes fundaciones hospitalarias, que siempre tenían una doble función: práctica y espiritual. Anteriormente, todas se diseñaban como si fuesen basílicas…

Explica cómo en la crujía central se pondría la capilla, que serviría para que todos los enfermos tuvieran acceso a ella. Recuerda que también había hospitales ligados a cofradías o de carácter religioso y piadoso.

Relata la biografía de don Diego de los Cobos y Molina, Obispo de Jaén (cuando llega a la diócesis del Santo Reino), como persona culta y amante de su pueblo que, en 1560, idea fundar un hospital con triple objetivo: como centro de vida religiosa; como asistencia al enfermo; y como lugar de enterramiento suyo y de enfermos y servidores. Así, hasta que a finales de 1561 el concejo cede terreno para su construcción. Serviría para albergar cincuenta camas de enfermos de bubas…

En 1562 se empieza el proyecto, poniéndose al afamado arquitecto Andrés de Vandelvira (por su dilatada y extensa sabiduría en la construcción de templos en toda la provincia de Jaén) al frente de esta futura edificación; hasta que se termina en 1575…

Nuestro guía nos muestra su fachada telón, que es opaca (pues no deja traslucir la luz del exterior), coronada por dos simétricas torres (aunque en la actualidad su techumbre exterior sea diferente), aprovechando el desnivel originario del terreno para darle así más prestancia. Advierte que pronto veremos el patio central, con su doble galería de cinco arcos; la impresionante caja de escalera; y la capilla, con sus dos torres traseras, que nacen en ella…

Como Vandelvira odiaba el manierismo, hizo un edificio al más puro estilo clasicista. En la portada solamente hay, bajo toda la cornisa, un adorno continuado, compuesto por discos cerámicos que le da un toque peculiar; y el escudo y la escultura de Santiago Caballero, encima de la puerta de entrada…

 Ahora entramos al fresco y ampuloso patio para hacer la segunda parada. Desde la sombra, Ruiz Ramos va explicando múltiples detalles interesantes, entre los que destaco: los dos escudos de su familia (Cobos y Molinas), que están esculpidos ‑en piedra‑ encima de la segunda galería que hay sobre la iglesia o auditorio actual… Hace mención a la vista extraordinaria que ahora contemplamos todos, desde la sombra; y al esplendoroso patio, ante el que cualquier visitante queda gratamente impresionado.

Nos advierte que, como están trabajando los técnicos del XXV Festival Internacional de Música y Danza “Ciudad de Úbeda” (poniéndolo todo a punto, pues esta tarde es la inauguración), no podremos visitar la sacristía. ¡Qué pena…! Otra vez será.

Para hacer la tercera parada turística, entramos a la penumbra del auditorio actual, donde están trabajando los operarios del sonido para el concierto de esta tarde; como el cansancio va haciendo mella en los asistentes, todos se sientan para escuchar ‑más descansadamente‑ las doctas explicaciones del historiador del arte.

Es formidable poder admirar una planta tan singular como la que tiene esta capilla, pues las torres rompen el espacio, consiguiendo que esta humanística planta tenga forma de H girada; y saber que en las bóvedas del techo está el trasunto de la capilla funeraria que representa, porque así fue proyectada… En su legado, el benefactor también dejó escrito que se celebrasen misas ininterrumpidamente.

Comprobamos que las paredes de la capilla no están decoradas, sino que son las bóvedas baídas y de cañón del techo (cuya exquisitez suprema también está reflejada en la catedral de Jaén, por Vandelvira) las que nos sorprenden por su colorido y discurso… Es genuina pintura mural del siglo XVI.

Nos habla del desaparecido retablo del siglo XVI ‑que era muy parecido al de Socuéllamos (C. Real), también destruido en nuestra incivil guerra del siglo pasado‑, con sus siete calles, sugiriendo que ambos pudiesen haber salido de la misma mano…

Recuerda que es Miguel Barroso quien hace la decoración, pues ‑en 1575 (año en que finalizó la construcción del hospital)‑ era director de la decoración pictórica de todo el proyecto arquitectónico y del retablo desaparecido… Nombra, de memoria, a los principales pintores y decoradores del proyecto que ya traían, argumentando que, aunque Gabriel Rosales y Pedro Rajís fuesen los dos artistas que se llevaron “el gato al agua…”, las investigaciones de Arsenio Moreno Mendoza descubren otras luces y otros nombres…

Hace fresco en su interior, con estos gigantescos muros (¡gual que los pisillos de ahora…!), mientras el ponente ‑de pie‑ nos va ilustrando maravillosamente mediante su pausado discurso… Vemos que las bóvedas del techo están decoradas con escenas del Nuevo Testamento… A los pies de la antigua iglesia, está el coro con antepecho de balaustres ‑con decoración religiosa‑, sustentado con columnas de capiteles jónicos… (Francisco Javier realiza una explicación técnica, de impecable historiador del arte, usando el vocabulario apropiado y dejándonos estupefactos a todos…).

Por él sabemos que el obispo Cobos dejó escrito que, a su muerte, se le hiciese un sepulcro tubular; pero, finalmente, no se llegó a realizar, pues los modelos arquitectónicos y eclesiales habían cambiado para entonces… También hace mención de la magnífica reja que está a la entrada del auditorio, siendo construida en 1573 por Juan Alva, un rejero ubetense…

Realizamos la cuarta parada ascendiendo a la meseta central de la gran escalinata palaciega, donde nuestro guía resalta su magnificencia y espaciosidad, destacando sus pinturas en su alto e inmenso techo. Es una escalera con una caja grandiosa (como si fuese palaciega), que tiene cuatro pechinas aveneradas (que dan culto a Dios, a los santos o a las cosas sagradas); y en donde personajes mitológicos, demonios, santas y los reyes peninsulares conviven en pacífica armonía… Las paredes están pintadas imitando el paramento (adorno o atavío con que se cubre algo). Nos explica el significado del escudo fundador que la preside, insistiendo en que Gabriel Rosales y Pedro Rajís son los que consta que hicieron o decoraron esta escalera; pero se ha de tener en cuenta también a Miguel Barroso…

Por último, subimos a la galería alta para hacer la postrera parada. Observamos que tiene el mismo esquema que la galería baja: con columnas de mármol, crujías… (aunque el techo ya no es el original, sino más moderno); mientras que la bóveda baída de entrada ‑de tanto predicamento en Vandelvira‑ nos da la bienvenida.

Y, nuestro guía, sigue explicándonos doctamente: «Es una arquitectura con formas sencillas, hasta que llegue el barroco del siglo XVII…».

Nos recuerda la imposibilidad de visitar la sacristía, donde se repiten temas pictóricos y sustanciales ‑que ya se han nombrado a lo largo de la charla‑ con profetas del Antiguo Testamento; así como en la antesacristía…

Da por finalizada la productiva visita turística a este magnífico y grandioso recinto hospitalario, «Esperando ‑se nos sincera‑ que haya aportado curiosidades y cultura, que puedan hacernos contemplar este edificio de diferente manera; a pesar de que lo estemos transitando diariamente…».

El sentido aplauso y las verbalizadas gracias de los presentes son el justo pago a esta visita gratuita, por su preparación y entrega. ¡Gratuidad y sabiduría, con agradecimiento se paga…!

Un asistente ‑con su iPac‑ ha estado haciendo magníficas fotografías, que ha subido a facebook para dar completo e instantáneo conocimiento a los seguidores de esta red… Además, varios escuchantes y fotógrafos (aficionados o profesionales) no han querido dejar pasar la ocasión, que se les brindaba, para tener unos recordatorios fotográficos propios ‑pictóricos, al fin‑, hijos tan actuales de nuestra sociedad del bienestar…

Y, sobre la una, todos nos vamos a nuestros quehaceres o divertimentos, aunque más de uno no quiere perdonar la cervecita (especialmente el ponente y sus amigos), que estaban deseando ávidamente…

Úbeda, 4 de mayo de 2013.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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