Crónica de una entrañable celebración, y 03

Al término de la comida se exhibió el corto vídeo (que, por desgracia, no se disfrutó en su esplendor, pues al ser aún de día no pudo visionarse con total nitidez y coloración) preparado con esmero, nervios y premura por los novios; donde se reflejó un apretado y acendrado resumen de la vida de los recién casados, mediante una concentrada colección de fotografías de toda su vida, con familiares y amigos, con los que han compartido tantos momentos felices e inolvidables…

Mis sentidas palabras finales; y el oportuno y esperado soneto, en servilleta, de José Latorre García (el poeta de la familia) remataron la celebración laica y festiva; a falta del baile y la barra libre…

Enlace Margarita‑José Antonio

Ya sé que no es normal la servilleta
para darle morada a un pensamiento
y plasmar sobre ella un sentimiento
que tiene en vuestra boda este poeta.

Deseo que la dicha más completa,
monte sobre los dos su campamento,
que no os abandone ni un momento
en vuestro caminar hasta la meta.

Margarita: que sea José Antonio
tu luz más deliciosa y exquisita.
José Antonio: que sea Margarita,

la joya que engalane el matrimonio.
Sobrinos: que esta linda primavera,
florezca, sin cesar, la vida entera.

El baile ‑de dos horas de duración‑ fue completísimo, pues hasta el padrino y la madre de la novia bailaron e hicieron la fila de la Conga a requerimiento de sus dos grandes, entrañables y “alocadas” amigas (de las que no hace falta decir su nombre…). ¡Cualquiera podía resistirse a ese par de “ciclones”…!

Los abuelos de la novia fueron los primeros en desfilar, mientras otros amigos y gente joven o asimilada ‑pues llevan la juventud en el alma más que en el cuerpo‑ alargaron todo lo que pudieron las danzas y el charloteo con el fin de pasarlo muy bien… La velada vespertina se completó bailando al ritmo del mix (mezcolanza o miscelánea) musical preparado ‑sabia y concienzudamente‑ por un gran amigo familiar.

Ya sólo quedaban por hacer ‑en sucesivos días…‑ los múltiples flecos que cualquier evento de estas características conlleva (pagos incluidos…); que dejarán los bolsillos de algunos tiritando, aunque no tanto, gracias a la magnanimidad monetaria de los invitados que quisieron colaborar para que esta pareja de recién casados pudiera hacer su viaje a la Grecia de sus sueños; y, además, con munificencia para comenzar una maravillosa vida en común donde las posibles penas y dificultades siempre sean menores con pan (como se decía antes); ahora con dinero y, especialmente, con amor…

Un especial y cachondo amigo del padrino puso el dedo en la llaga, al decirle a la guapa y garbosa hermana de la novia: «¿Cómo se te ha ocurrido venir tan guapa a la boda de tu hermana? Podrías eclipsarla…». Pero, aunque en verdad iba como una artista de cine (con su largo vestido rojo, su precioso peinado y su juvenil semblante…), era difícil eclipsar a la número uno de la celebración: la inmaculada novia que con su blanco y largo vestido de cola (“palabra de honor”) más parecía una porcelana china ‑realzada por los rasgos orientales de sus ojos, transmitidos por línea materna‑, adornada con su peinado en alto, que hacían más grácil y bella su figura, su semblante y su presencia toda… Margarita reafirmó, aún más en este día, su dulzura y su amabilidad con todos los presentes, demostrando saber estar y mostrando las habilidades sociales que por su forma de ser, para algunos, andaban un tanto ocultas…

Encaje de bolillos ‑o de fivolité (como diría un “santo” amigo del padrino)‑ hubo de hacerse, con invitados y mesas, para que todo cuadrase perfectamente; y todo el mundo se sintiese satisfecho y a gusto con sus compañeros de mesa… Ello ha servido para unir más a la familia, aunque haya sido mediante una carrera maratoniana, ya que la meta final se ha conseguido con creces…

Eran pasadas las diez y media de la noche cuando: Cada mochuelo se fue a su olivo… y Dios se coló en la casa de todos, buscando la sabatina tranquilidad nocturna…

¡Todos los asistentes quedaron muy contentos! (Al menos así lo apreciamos en sus semblantes y manifestaciones…) Algunos ‑incluso‑ preguntaron, al día siguiente, por teléfono o personalmente, si habíamos descansado… Y bien que lo habíamos hecho: con la tranquilidad que proporciona el deber cumplido…

La verdad es que todos teníamos una misma agradable sensación: haber cumplido un deber de padres (familiares o amigos) que tienen la suerte de ver en vida como se casan sus hijos (familiares o amigos) por amor; simple y llanamente por amor

Úbeda, 13 de abril de 2013.

Nota: Gracias a mis buenos amigos y familiares por las fotos proporcionadas para este artículo.

fernandosanchezresa@hotmail.com

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