30 prosas de amor, 16

12-08-2012.
Solías decirme que era mi ternura en el tacto geográfico de tu gozado mapa lo que más te gustaba, la alcoba de lunares, sobre la cumbre del cielo, las abejas nos zumbaban dichosas, terrenales, como panales de mieles predilectas.
Cincelaban los mármoles fundidos unas manos de cera, suavemente, cada dedo tenía su compromiso y en cada gesto escribías las letras sobre mi encendida espalda para que yo las leyera.

Húmeda, entonces, yacente, repentina se aferraba mi hiedra a tus pezones, diminutos los tiempos detenidos y, temblando aquella luz que nos lucía, soñábamos con pájaros ardiendo entre las sábanas, el animal dormía, después del ofertorio, primitivo el instinto domado de la fiera, lúbrico el sueño se dibujaba un baile detrás de las cortinas… donde la calle empieza.

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