Escribir

27-02-2012.

Al escribir podemos plantearnos cuestiones metodológicas como las que Almagro proponía en una colaboración anterior. O cuestiones estilísticas y estéticas. Podemos hasta hacer que nos “duela” el parto, de tanta intensidad como pongamos en el mismo. Pero también hay otros aspectos que debiésemos tener en cuenta al escribir, que a veces son de igual o mayor importancia que los anteriores.

 

Vaya por delante, para comprender mi intento, una anécdota vivida.

Sirviendo en semanario local (por cierto, ya desaparecido), me abordó un señor del pueblo, vate insustituible en prensa provincial desde décadas más acomodaticias y autor de algún libro intrascendente, y me conminó a que escribiese sobre algún desafuero que se cometía en el urbanismo local. Le dije:

—¿Por qué no lo haces tú, que también escribes?

Y me contestó tan pinturero:

—Es que yo solo soy escritor costumbrista.

Creo que por acá van los tiros. No sólo el qué se escribe sino el por qué se escribe. Y haber hay respuestas y posiciones diversas y puede que justificadas. Que uno escribe para sí, es evidente. Estamos muchos que necesitamos expresar en papel y lápiz (u ordenata) nuestras vivencias, ideas, emociones… Pero, a su vez, deseamos que esos escritos salgan de nuestra intimidad, vean, por así decirlo, la luz. Un escrito que queda confinado a un cajón, a una carpeta, a un archivo digital, es un escrito cercenado, un nonato sin sentido. Si una partitura no se ejecuta, ¿qué sentido tiene? Hasta lo más íntimo de esos diarios, que la gente lleva, contiene en sí mismo el secreto a voces de su publicidad. Y, al llegar al final de su servicio y no ser publicados, son inmolados en la hoguera del olvido (esos autores que ordenan que tras su muerte los hagan desaparecer).

Escribir no sólo debiera ser un placer (o, en exclusiva, un divertimento); aunque reconozco que cualquiera no sabe escribir, ni quiere escribir para comprometerse en algo, en causas desesperadas, en defensas de los débiles, en denuncias que otros no harían. «Si se calla el cantor, calla la vida». Escribir tontunadas inanes, por mucho que nos parezcan oportunas o bonitas, es ‑según mi entender‑ hacer lo que el de la anécdota conocida: «Nadar y guardar la ropa», acomodados a lo que nos venga, sin el ejercicio de una sana réplica, de una justificada y bien pensada opinión.

Así que, aunque sea válido el escribir por hacerlo al menos, y como se indicaba en el trabajo citado, hágase con un mínimo de estilo y un mínimo de honesta expresión. Nadie debe ser un mártir si no lo quiere; mas otra cosa es ser un intrascendente bocachanclas que rellena hojas y hojas de vaciedades, que únicamente puede que le interesen (o le gusten) a él mismo.

Se andan renovando las controversias y las polémicas en este entorno.

Declaro que prefiero polémicas y controversias a la monotonía y ecolalia que se había instalado en esta página. Por escribir, escribamos lo que nos dé la gana ‑faltaría más (y me niego a que se ejerza ninguna clase de censura previa, salvo gravedad en los contenidos)‑ y escriban muchos más de los que lo hacen o hacemos. De la diversidad nace lo creativo, la información, la vida de lo publicado y de su soporte. Escriban y polemicen, cuando la temática así lo permita. Opinen, ¡coño!; opinen de lo sagrado y de lo humano, de la política, de la enseñanza, de las familias o de ética o filosofía (si nos dan nuestros alcances). Opinen y discrepen, pero no entren en las cuestiones personales, si no es lo imprescindible para situarnos en la comprensión de algo. Cuando personalizamos (y se puede hacer), debemos hacerlo con toda la responsabilidad que ello conlleva, y con lo que se deriva de la misma; las alusiones y los datos deben ser objetivos y demostrables, porque, si no, lo que hacemos es calumniar o poner en entredicho la fama de una persona. Cuando generalizamos es igual de injusto, porque la generalización mete en el mismo saco a tirios y troyanos; mas, generalizando, lanzamos mensajes de lo que en realidad pasa o sucede, aunque no los centremos en personas concretas, una a una, por lo difícil y prolijo que sería el hacerlo (y comprometido, desde luego).

Es necesaria una respuesta. No podemos seguir pasando sin mancharnos, inmaculados en nuestra comodidad, por la vida. Lo que nos rodea está ahí y negarlo es ruin y demasiado fácil. Mas no hay que matar al mensajero, por invalidar su mensaje. Que lo podremos ver con diferentes grados de comprensión, según ese cristal con que se mira, desde luego; pero nunca llegando a negar la mayor. Podremos optar, sí, por confinarnos en nuestro particular edén, tan irreal como lo que escribamos; pero, a la postre, a la muñeca se le ve el cartón y todo queda en un mero ejercicio de palabrería, sin sentido alguno.

Aunque, desde luego… usted, amigo, siga escribiendo lo que le dé la gana: faltaría más. Pues, que aproveche.

Autor: Mariano Valcárcel González

Decir que entré en SAFA Úbeda a los 4 años y salí a los 19 ya es bastante. Que terminé Magisterio en el 70 me identifica con una promoción concreta, así como que pasé también por FP - delineación. Y luego de cabeza al trabajo del que me jubilé en el 2011. Maestro de escuela, sí.

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