San Juan de la Cruz en Úbeda, 2

26-08-2011.

Si, como se piensa, el 29 se septiembre de 1591 llegó San Juan a Úbeda y en ella permaneció hasta la medianoche del 14 de diciembre, fecha en que falleció, la estancia de San Juan en Úbeda duró, pues, dos meses y medio: el tiempo del desarrollo y fatal desenlace de la «última enfermedad del Venerable Padre»: una erisipela en el empeine del pie derecho que desemboca en una virulenta inflamación e infección que le produce calenturas.

Así pues, en las dos biografías, el verdadero hilo conductor de la crónica de la estancia de San Juan en Úbeda son las fases por las que transcurre esa enfermedad que lo condujo a la muerte; o, como dice fray Crisógono, en el capítulo XX de su biografía, a «Cantar maitines al cielo».

El relato de los acontecimientos en torno a la enfermedad, agonía y muerte del carmelita son muy parecidos en los dos textos. Digo parecidos y no idénticos, porque no es necesario escudriñarlos con lupa para encontrar notables diferencias entre el Dibuxo… de fray Jerónimo y la Vida… de fray Crisógono.

Diferencias, en todo punto comprensibles, puesto que cuatro siglos distancian las dos biografías. No conocemos las fuentes utilizadas por fray Jerónimo para la redacción de su Dibuxo…, aunque es de suponer ‑porque era su método de trabajo‑ que se basaría en algunos testimonios orales y bastantes escritos, puesto que cerca de 38 años separaban la muerte del Santo y la publicación del Dibuxo…. En cambio, gracias a los cuatro siglos de distancia que hay entre la muerte del Santo y la biografía de fray Crisógono, éste pudo contar con la cuantiosa documentación de toda especie (un repertorio de 2 117 números), conservada en múltiples bibliotecas y archivos, especialmente en el del Vaticano, relativa a las declaraciones que se hicieron con motivo de la beatificación (1675) y luego la canonización (1726) de Juan de la Cruz.

¿Cuáles son estas diferencias? Fundamentalmente dos:

1) Diferencia de perspectiva, que es en realidad el método de trabajo utilizado por cada uno de los dos biógrafos.

a) En fray Jerónimo: describir la vida de Juan de la Cruz como una “Imitación” de la de Cristo, especialmente en el último tramo de su existencia.

Efectivamente, en la “Introducción” a su Dibuxo…, fray Jerónimo escribe lo siguiente:

«Para que la tibieza de los hombres, obligada a la imitación de Cristo, […] tiene Dios nuestro señor cuidado de dar siempre a los siglos almas tan perfectamente imitadoras de su Hijo, que siendo solamente copias suyas, parece el mismo soberano original […]». (Dibuxo…, p. 1)

La norma de trabajo de fray Jerónimo fue, pues, trasladar a su relato el final de la vida de Juan de Yepes como si fuera un “reflejo admirable” de la Imitación de Cristo (título éste de una famosísima obra, año 1418, del monje reformador agustino alemán llamado Tomás de Kempis).

b) En fray Crisógono: trazar la vida de San Juan de la Cruz, como lo hace un historiador moderno, es decir, basándose en hechos rigurosamente documentados.

Por eso, en el apartado “Introducción y fuentes históricas”, fray Crisógono afirma que mantendrá el rigor de no aportar nada que no esté documentado: «Ni un hecho sin prueba documental, ni un lugar sin descripción hecha sobre el terreno: ésa ha sido nuestra norma» (Vida…, p. 3). Y un poco más abajo ratifica lo dicho escribiendo: «a la vista de los documentos manuscritos que se reproducen, no se dé por invención novelesca lo que es del más auténtico rigor histórico» (Vida…, p. 3).

2) Diferencia de intención, que es en sí la finalidad o el objetivo de estas dos biografías.

a) En fray Jerónimo: aportar datos que permitan contribuir a la beatificación y canonización de la figura del fraile reformador Juan de la Cruz.

b) En fray Crisógono: completar la figura histórica de Juan de Yepes, fraile reformador de la Orden Carmelita, escritor y santo.

3) Se podría añadir una tercera diferencia, que resulta evidente: el estilo narrativo. Comparemos el mismo suceso de la pierna llagada:

a) El estilo de fray Jerónimo revela el regusto de la espiritualidad barroca: «Llegado a Úbeda, se le acrecentó el mal de las calenturas con una llaga, que de una inflamación se le hizo en el pie derecho, en el mismo lugar donde Cristo nuestro Señor tuvo la del clavo, y alrededor de esta en forma de Cruz, abrieron los cirujanos otras cuatro muy grandes, que para cura de la primera fue necesario, dando el Venerable Padre muchas gracias al Señor porque en solo un pie, y en forma de Cruz, le había dado su Majestad una como representación de sus cinco llagas sacratísimas». (Dibuxo…, p. 35).

b) El estilo de fray Crisógono hace pensar en el entonces ya rancio realismo decimonónico: «El cirujano, Ambrosio de Villareal, se ve obligado a sajar la pierna. Sin calmantes insensibilizadores, la tijera va rasgando desde el talón hacia arriba por la espinilla, un jeme ‘distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del índice, separado el uno del otro todo lo posible’ de largo, poco más o menos…» (Vida…, p. 389).

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