Madre Teresa de Jesús, 3

03-08-2011

La experiencia como instancia protagonizadora

Tan importante y fundamental es, pues, la noción de experiencia para la madre Teresa, que todo el relato de La vida de la madre Teresa de Jesús es un continuo escarbar en la memoria de su yo, presente en la búsqueda de mercedes espirituales, no desfiguradas por el tiempo, la emoción o la imaginación. Tanto es así que se podría afirmar que, sin la experiencia, el relato «de las mercedes que Dios le hizo» no hubiera sido posible por evidente merma de credibilidad. Es por lo que la madre Teresa repite, hasta la saciedad, que no hablará en su relato sino de lo que ella haya personalmente experimentado. He aquí algunos ejemplos, entre muchos:

· «[…] Hay bienes que no los osaría decir, si no tuviese gran experiencia de lo mucho que va en esto» (La vida…, cap. VII. p. 73).

· «De lo que yo tengo experiencia puedo decir, y es, […]» (La vida…, cap. VIII, p. 76).

· «No diré cosa que no la haya experimentado mucho […]» (La vida…, cap. XVIII, p. 149).

· «[…] lo que dijere, helo visto por experiencia» (La vida…, cap. XXII, p. 187).

Es fundamental subrayar que todas estas citas, así como las apuntadas anteriormente, están escritas desde el presente histórico del narrador; es decir, que funcionan al mismo tiempo como testimonio y protagonismo del yo ‑sujeto de la enunciación‑, cuya presencia y saber actuales se deben a ese cúmulo de experiencias adquiridas por el otro yo, el sujeto del enunciado. ¿Qué mayor conciencia de autonomía del yo que la de añadir ese certificado de credibilidad, que le otorga la experiencia adquirida y objetivada sensorialmente por él mismo? Si la noción de protagonismo del yo es consustancial a toda narración de carácter autobiográfico, es evidente que dicha noción se ve realzada con vigorosos trazos, cada vez que ese mismo yo apela explícitamente a su personal experiencia como única instancia acreditadora de la verdad de su yo.

Pero no hay que dejarse engañar: esta reiterada apelación a la propia experiencia que coloca insistentemente el yo personal en primer plano, no pretende ser una autoapología; antes al contrario. Coherente con la intencionalidad didáctica y pedagógica que Teresa de Jesús quiere conceder a su libro, La vida de la madre Teresa de Jesús, la idea de experiencia funciona como único resorte y método para conferir la máxima garantía de credibilidad a lo que desea dar a conocer. Sin experiencia en materia de favores divinos, el principio de autoridad queda pedagógicamente invalidado; mientras que, al contrario, acudir al testimonio vivo de la experiencia significa apropiarse de ese principio de autoridad y, en consecuencia, otorgar el máximo de eficacia pedagógica a las enseñanzas transmitidas: «Créanme esto, porque lo tengo por experiencia; y para que escarmienten en mí», dice la escritora con tono entre súplica y mandato, poco después de comenzar a «declarar las mercedes que el Señor le hacía en la oración» (La vida…, cap. 13, p. 7).

Ahora bien, es evidente que la eficiencia pedagógica de la experiencia personal, como garantía de verdad, depende de que el yo del autor, al que constantemente apuntan el sujeto del enunciado y el de la enunciación, sea históricamente reconocido y de manera inequívoca por el receptor o los receptores. ¿Cómo interpretar entonces esas repetidas exigencias de anonimato a las que aludí antes, particularmente si tenemos en cuenta la trabazón semántica que existe entre experiencia‑verdad‑autoridad?

A mi parecer, tan inexacto sería pensar que esa reiterada apelación a la propia experiencia cumple un objetivo puramente funcional (reforzar, por ejemplo, la eficacia pedagógica del relato), como también lo sería estimar que ese deseo insistente de anonimato sea debido a causas “exteriores” al relato de La vida… (por ejemplo, la severa vigilancia del aparato inquisitorial).

En mi opinión, este conflicto entre el yo y el no-yo es necesario y perfectamente coherente si consideramos los presupuestos ideológicos sobre los que está planteado y desarrollado el relato de La vida de la madre Teresa de Jesús.

***

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *