Breves notas o crónicas de algunas vacaciones, 2

09-01-2011.
II. Breves vacaciones
El otoño pasado disfruté de unas vacaciones en el bello rincón de Almería llamado Roquetas de Mar. Su referencia la inserté en el periódico semanal La Loma, que es el más leído en nuestra monumental ciudad de Úbeda.
Este año, ya en las postrimerías del verano, la Junta de Andalucía me ha concedido, previa solicitud, unas minivacaciones en compañía de mi esposa; y a varios matrimonios de Úbeda, Baeza, Bedmar, Jódar, Ibros y Rus, hasta un total de 50 personas.

Hemos pasado unos días de ensueño en un Albergue Juvenil. En nuestro grupo, el más joven pasaba de los 70 años: una paradoja. A mis compañeros les decía: «¿Se nos pegará algo de esos jóvenes que han pasado por este lugar?». Y yo creo que algo se nos ha transmitido: el entusiasmo, las ganas de vivir y conocer cosas. El destino ha sido Huelva; más concretamente, Punta Umbría.
Partimos de Úbeda el domingo 11 de septiembre, después de asistir a la misa y despedida de nuestra patrona, la Santísima Virgen de Guadalupe, tras escuchar ese ramillete de encendidos piropos que Esteban Valenzuela le dedicó a Nuestra Madre. Al final, el cariño y la emoción quebraron su voz. ¡Me gusto mucho!
El viaje lo hicimos muy bien y más fortalecidos por todo lo bueno que habíamos vivido esa mañana.
Comimos en ruta y llegamos a nuestro bonito destino sobre las seis de la tarde, no sin antes atravesar ese precioso puente sobre el río Odiel que es el más largo de España.
La recepción fue breve. Nos asignaron nuestras habitaciones y nos dio tiempo a ponernos cómodos antes de cenar y salir un poco a estirar las piernas y conocer los alrededores. Yo ya conocía estas tierras, pues había pasado unas vacaciones en el Pinar, cuando se denominaba Educación y Descanso a lo que hoy es Tiempo Libre.
Todo esto, desde aquella fecha, ha crecido mucho; y en belleza, más.
Este albergue está dotado de modernas instalaciones deportivas, donde los jóvenes habrán gozado de lo lindo este verano.
Su ubicación está en un lugar privilegiado. Su parte delantera da a la avenida del Océano, arteria principal que recorre Punta Umbría. ¡Yo me pregunto…!: «¿No veo dónde está la Umbría, si aquí el sol y el mar brillan como un espejo?». La parte trasera la baña el sol desde que nace la aurora hasta que se pone y está paralela con el sol de medio día. La playa está unida al albergue por su parte trasera. A su fina arena, de continuo la peina el ir y venir de las olas de agua clara y fresca del océano Atlántico.
El primer día, después del desayuno, nos marchamos al Coto de Doñana. Atravesamos de nuevo el citado puente sobre el río Odiel, la capital de Huelva y nos introdujimos en la carretera que conduce a Matalascañas, Mazagón y todos esos lugares de encanto. Allí, la vista se recrea con esos frondosos pinares; allí se puede respirar muy hondo.
La primera parada la hicimos en el Acebuche, un bello palacio donde se puede estudiar una lección de ecología recorriendo sus instalaciones. Visitamos el Acebrón y, antes de llegar al Rocío, vimos los caballos en su estado natural, como se criaban hace cientos de años.
iQué distinto es ver el Rocío en cine o televisión que hacerlo al natural! Cuando iba llegando, me parecía que, después de una gran ausencia, iba a ver a mi madre y que ella me esperaba con los brazos abiertos para estrecharme junto a su corazón. Su ermita tan blanca, sus espadañas soportando esas campanas que, sonoras, proclaman a los cuatro vientos que la Madre vive allí y que nos acompaña y protege en la vida, y que un día más o menos lejano nos dará su mano y nos llevará con ella hasta la eternidad.
Su ermita era un continuo entrar y salir de gentes de todos los países y razas. En sus tiendas de recuerdos, los fieles compran rosarios, velas, estampas… para regalos de sus seres queridos.
Hemos visitado Portugal por el sur, atravesando ese moderno puente internacional que une nuestros dos países por tierra. Las señoras han gozado de lo lindo, comprando mantelerías y juegos de cama bordados que, con regocijo, mostraban a sus amistades. Hemos visitado ese bello parque botánico, José Celestino Mutis, que el pasado año inauguró el Rey de España.
La reproducción de las carabelas en su definitivo emplazamiento también ha sido objeto de nuestra visita.
La despedida fue un animado baile y el regalo del simbólico clavel rojo y, como decía al principio, hemos pasado unos días de ensueño.

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